Mostrando entradas con la etiqueta López Valeiras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta López Valeiras. Mostrar todas las entradas

27 de enero de 2012

La enredada historia de 'Bodegas Gallegas' (2)

En el capítulo anterior hemos conocido la historia inicial de una firma embotelladora de vinos de calidad, Bodegas Gallegas (Os Peares), promovida por una empresa bancaria de Ourense, Pedro Romero y Hermanos y otros dos socios. Las cosas debieron de irle bien durante la 1ª Guerra Mundial pero después ... vino la resaca, y nunca mejor dicho.

La resaca de la que hablo se refiere ante todo a los problemas que tuvieron los bancos en la postguerra. Es cierto que hubo acontecimientos específicos que afectaron a la marcha de la empresa. No creo que el fallecimiento de su enólogo, Victoriano Rubio, en mayo de 1919, fuese de gran trascendencia. Más importancia tuvo, seguro, la crisis económica cubana de los años 1920-21, ya que la isla caribeña era un mercado importante para Bodegas Gallegas.

Pero la plata es la plata, y el problema fundamental fue la quiebra de la Banca Romero –que se produce a partir de 1921-, es decir, la falta de soporte del socio financiero en un negocio muy basado en la disponibilidad de capital para adquirir insumos –vino, botellas, cajas, etc- y para dar crédito a los compradores. La quiebra del banquero arrastró al bodeguero.

¿Por qué la casa bancaria Romero se vino abajo?. Bueno, hay que señalar que en los primeros años 1920, justo después de la guerra europea, se produjo una pequeña oleada de quiebras bancarias en España. El conflicto bélico había acarreado buenas oportunidades de negocio y los banqueros concedieron crédito y aportaron capital a empresas que luego se revelaron fallidas. O acumularon divisas que luego se depreciaron.

La quiebra del Banco de Barcelona en 1920 fue muy sonada, al igual que en Galicia la del Banco de Vigo en 1925. Pero entremedias cayeron también otras entidades. En el caso gallego echaron el cierre la Banca Deza (Vilagarcía) en 1921, así como la citada Banca Fuentes de Ourense en 1923 –no sé bien por qué motivos- y la Banca Romero de nuestra historia.

En el caso Romero las causas son bien claras. Tras la muerte en agosto de 1917 de Pedro Romero Cambón –gerente e hijo del fundador-, había tomado las riendas su cuñado Daniel Romero Romero. El hombre debió de emocionarse y se embarcó en ambiciosos negocios que requerían una elevada inmovilización de capital. En febrero de 1921 firmó un contrato de suministro de traviesas de roble para la compañía ferroviaria Norte -3 millones de traviesas a entregar en un plazo máximo de 12 años- que obligó al banco a depositar una fianza de 100.000 pesetas y a adquirir amplias extensiones de monte arbolado en Cervantes (Lugo) y en Huesca.

Y esta última no fue una inversión pequeña. En un artículo de noviembre de 1920 titulado ‘Proyecto de ferrocarril de Monforte a Asturias por Cervantes’ se hacía alusión a ‘los bosques de madera de Cervantes que acaban de comprar los banqueros de Lugo y Orense, D. Pedro Romero y Hermanos en 3.000.000 de pesetas”. También adquirió Daniel Romero minas de carbón en Badajoz y Córdoba, por un valor de 1,86 millones de pesetas. Una loca apuesta, dicho esto a toro pasado, por obtener beneficios abasteciendo de madera y carbón a las empresas ferroviarias. Incluso aportó 300.000 pesetas a una empresa donostiarra de comercio de coloniales y bebidas alcohólicas –Romero, Tasada y Beltrán SL- con el propósito de dar salida a los vinos de Bodegas Gallegas.

Las noticias y rumores sobre la mala situación financiera del banco provocaron el típico pánico. Acá una información de noviembre de 1921.

UN DESASTRE
La Casa Pedro Romero
Desde hace dos días sabíamos que la importante casa bancaria «Pedro Romero y Hermanos», de Orense y Lugo, atravesaba una situación anormal; pero lo delicado del caso y la esperanza de que aún pudieran ser salvadas las dificultades económicas de momento nos impusieron una discreta reserva, ya que el pánico de los acreedores solo sirve para precipitar la bancarrota.
Desgraciadamente, el asunto tiene ya situación judicial y de publicidad en la prensa de la región y las noticias que nos transmiten nuestros corresponsales son lo bastante graves para que sea inútil toda reserva o atenuación del desastroso acontecimiento.

La noticia en Lugo. –Pánico grande. –Reintegro de depósitos. (Por teléfono)
LUGO 18 (21 h.)
Anoche circularon por esta población rumores de que la casa bancaria Pedro Romero y Hermanos, establecida en Lugo y Orense, había suspendido pagos en la ciudad de las Burgas. La noticia causó grandísima alarma, porque mucha gente de toda la provincia tenía confiados sus ahorros a los mencionados banqueros. En las primeras horas de la mañana de hoy, enorme cantidad de gente se aglomeró en la calle de la Reina, donde se hallan instaladas las oficinas de la entidad bancaria, haciéndose precisa la intervención de la guardia civil y la guardia de seguridad para establecer turnos. (...) Se ignora la causa de este desastre, hablándose de malos negocios recientes y de quebrantos por quiebras de otras entidades bancarias. (...)

De Orense. –El Juzgado incoa la quiebra. –Desaparición de los banqueros. –Orden de detención. –El pasivo. (Por telégrafo)
ORENSE 18 (19 h.)
Ayer circularon insistentes rumores acerca de entorpecimientos económicos surgidos en la casa de banca Pedro Romero y Hermanos. Se decía que se habían suspendido los pagos y que se habían ausentado de la población las personas que ostentaban la firma social y esta mañana se confirmó la noticia. El Juzgado comenzó a incoar, de oficio, los autos de quiebra y precintó las puertas de la casa, decretando al mismo tiempo la detención del socio D. Daniel Romero. (...)

En noviembre de 1922, justo un año después de estos sucesos, Daniel Romero fue detenido y enviado a prisión, al igual que sucedió con el banquero Fuentes, otro inversor en una firma vitícola ourensana.

1922

La liquidación de las propiedades de la casa bancaria fue toda una odisea que se prolongó casi hasta la Guerra Civil, según nos cuenta Rivas Villanueva en su libro Os banqueiros ourensáns na Restauración (1990). Pero no sucedió así con sus activos de la empresa vitícola de Os Peares, adjudicados en subasta en abril de 1923 a Arturo Macía, socio de la firma Hermanos Macía y Valeiras. Acá tenemos la noticia.

1923

De los nuevos propietarios hablaré con detalle más abajo, pero adelantemos que no eran unos novatos en el mundo de la viticultura. Muy al contrario, Bautista López Valeiras -natural de Dacón (Maside)- era un destacado empresario del sector y los hermanos Macía Martínez procedían también de una familia muy ligada al vino, originaria de Valdeorras.

De modo que el relevo en la gestión y la propiedad de Bodegas Gallegas recibió elogios en la prensa.



Los nuevos dueños se esforzaron en dar a conocer la vuelta al mercado de los renombrados vinos de Os Peares elaborados por Bodegas Gallegas. Acá un anuncio de 1923 en el diario Galicia de Vigo.

Bodegas Gallegas
Hermanos Macía y Valeiras
Sucesores de Pedro Romero Hermanos
Vuelven al mercado los famosos vinos «Blanco Brillante», «Los Tres Ríos» y «Los Gallegos», únicos que beben los conocedores de vinos, despreciando las imitaciones.
Depósito en Vigo:
VICTORIA 12 – Teléfono 684

Porque en los dos años transcurridos entre la suspensión de pagos de la Banca Romero (1921) y la adquisición de Bodegas Gallegas por la sociedad Macía y Valeiras (1923) se había desatado una especie de fiebre por aprovechar el vacío dejado en el mercado por la acreditada firma de Os Peares. El socio fundador Vicente Randulfe había solicitado al Registro de la Propiedad Industrial la inscripción de una nueva denominación comercial, Bodegas las Gallegas, también ubicada en Os Peares ... meses antes de la quiebra.

1921

Un hecho que nos indica que estaba al tanto de la mala situación financiera de los Romero. Randulfe quiso dar continuidad a su sociedad anterior y su nueva empresa, Bodegas las Gallegas, recibió en 1923 un premio en la Exposición Internacional de Roma, poco antes de la subasta de los activos de la original Bodegas Gallegas.

No fue el único en aprovechar la ausencia en el mercado de los caldos de Bodegas Gallegas. Otros cosecheros y comercializadores de vino habían hecho algo parecido, pero con menos motivo porque nada habían tenido que ver con la firma original. Abajo muestro varios ejemplos.

Manuel Fernández Lago registró en 1922 el nombre comercial de Bodegas Galaicas y la marca de vinos Fino Tres Puentes con domicilio en Os Peares. Bodegas Galaicas y Tres Puentes ... creo que me suenan a algo.

1922

Al año siguiente, un comerciante de vinos de Vilagarcía, Manuel Romero López, sin relación con los Romero banqueros, registraba a su vez las Bodegas Región Gallega con una marca llamada Clarete Peares. También me suenan.

1923
1924

Y en 1924, Randulfe volvía a la carga y solicitaba el registro de dos nombres comerciales: Bodegas de Peares y Bodegas Gallegas. Las solicitudes estaban firmadas por su cuñado, Manuel Gómez Masid. ¡Vaya lío!.

1924


Y la rueda siguió rodando. Hermanos Macía y Valeiras registraban un año después, 1925, otra nueva marca: Cepa Peares.

1925

Lo dicho, una guerra de marcas y nombres comerciales para hacerse con el prestigio asociado a los vinos de Os Peares y a la denominación social Bodegas Gallegas. Una disputa que se trasladó a los tribunales cuando la empresa Hermanos Macía y Valeiras demandó a Randulfe en 1924. El pleito acabó en el Tribunal Supremo con sentencia favorable a los primeros en 1926, y saltó a la prensa porque ambas partes trataron de defender públicamente sus posturas.

En diversos periódicos se reseñó y reprodujo la sentencia, resumida de la siguiente manera:

SOBRE ‘BODEGAS GALLEGAS’. IMPORTANTE SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO.
« (...) Como consecuencia de la quiebra de la casa fundadora ‘Pedro Romero y Hermanos’, adquirió la propiedad de todas las expresadas marcas don Arturo Macía Martínez, y hoy pertenecen a la Sociedad ‘Macía y Valeiras’, la cual, con éxito cada vez más creciente, las viene explotando para distinguir los vinos finos que elabora y que tan acreditados están, especialmente en América.
Don Vicente Randulfe, vecino de Peares, que hace ya algún tiempo venía intentando aprovecharse de las ventajas adquiridas en el mercado mundial por el crédito de ‘Bodegas Gallegas’, intentó introducir en el mercado los vinos que él elabora en unas bodegas de su propiedad, empleando marcas similares a las que son propiedad de los señores ‘Macía y Valeiras’, siendo la principal característica de su ilícita competencia el empleo del nombre comercial ‘Bodegas las Gallegas’, llegando incluso a pretender el ministerio de Trabajo la inscripción de una marca comercial con tal nombre. Opuestos a tal concesión los legítimos propietarios del nombre comercial ‘Bodegas Gallegas’, se siguió pleito sobre ello. El Tribunal Supremo, en sentencia de 29 de mayo último, anuló el registro de las marcas pretendidas por el señor Randulfe, (...)»

El cuñado de Randulfe, Manuel Gómez Masid, ofreció al poco tiempo su versión del asunto y aprovechó la ocasión para señalar que en su bodega sólo se empleaban vinos de Peares, a diferencia de “nuestros adversarios que han recibido lo menos 18 vagones de vino manchego y navarro, que es de suponer sea para embotellar”.


Un enredo judicial en el que Randulfe, socio fundador de Bodegas Gallegas junto con la Banca Romero, se enfrentó a verdaderos pesos pesados en materia de leyes porque Arturo Macía era registrador de la propiedad desde 1898 y su hermano Luis era también abogado. El tercer socio, Bautista López Valeiras, estaba muy lejos de ser un chaiñas y contaba con buenos asesores jurídicos, además de con muy buenos contactos ... en la prensa.

Aclarado el panorama de nombres y marcas, tenemos a Bodegas Gallegas en manos de dos familias ourensanas, de trayectorias diferentes pero unidas por sus estrechas relaciones con el negocio de los vinos. De Bautista López Valeiras he contado su participación en la fundación de la firma Vinícola Gallega y en la empresa fabricante del Champán Galicia, además de sus actividades como comerciante y conservero.

Los dos hermanos Macía Martínez, Arturo y Luis, eran hijos de Eduardo Macía Rodríguez, originario de Vilamartín de Valdeorras pero establecido en Ourense capital, un importante personaje de la vida económica y política de la provincia con un historial repleto de cargos y de vínculos con la viticultura. Abogado, registrador de la propiedad, diputado a Cortes (1884-86), ejerció de Comisario Regio de Agricultura entre 1884 y 1886 y fue miembro del 'Consejo Provincial de defensa contra la filoxera' establecido en 1891.

El padre de nuestros protagonistas no sólo era viticultor sino también una persona preocupada por la mejora de la viticultura. En 1889 promovió –creo que sin éxito- una ‘sociedad de vinicultores’ para agrupar a ‘todos los cosecheros de la provincia’ y en 1901 ofreció de su bolsillo un premio de 100 pesetas a quien presentase en los Juegos Florales de Ourense ‘la cartilla que contenga más y mejores reglas fijas para el cultivo de la vid americana’. En 1896 había conseguido una Medalla de Oro por sus vinos en la Exposición Regional de Lugo.

1896
1904, comentario sobre la cosecha de vino de Eduardo Macía

La noticia de su muerte en 1905 nos revela un detalle interesante: había sido consejero de la sucursal del Banco de España en Ourense desde su establecimiento en 1885. Otro personaje ligado a la banca.

1905
Sus hijos Arturo y Luis se licenciaron en Derecho, como su padre. Arturo se convirtió en registrador de la propiedad; y Luis, también abogado, desempeñó cargos administrativos y de gestión pública: concejal de Ourense, diputado provincial y finalmente Depositario de la Diputación.

La trayectoria de los Macía Martínez se hace más enredosa todavía por una circunstancia añadida: una de sus hermanas, María, se había casado en 1903 con otro prócer de la política ourensana e importante viticultor a la vez, Demetrio Macía Valcarce, hijo del propietario y político liberal Demetrio García Castelo, dueño del pazo de Arcos, en Vilamartín. Y ya basta de enredos.

Resumamos: los nuevos propietarios de Bodegas Gallegas eran tres personajes de relieve y con la vida resuelta que apostaron por el negocio del vino. Lo más probable es que la gestión empresarial corriese a cargo de Bautista López Valeiras, quien no tardó mucho en mejorar la red comercializadora de sus caldos. En 1925 la firma ya cuenta con almacén-bodega propio en Ourense, muy cerca de la estación ferroviaria, y en 1926 establece un nuevo almacén en Vigo, próximo al puerto.

1926

Era la lógica habitual de los comerciantes exportadores, como en un juego de la oca: de estación de tren en estación de tren hasta llegar al mar. Se dió la circunstancia, además, de que las comunicaciones entre Os Peares y Ourense se volvieron más fluidas cuando al ferrocarril se sumó una nueva línea de autobuses, concedida en 1927 al padre de quien llegaría a convertirse en uno de los empresarios gallegos más famosos: Eduardo Barreiros (1919-1992). A continuación la primera página de una reciente biografía suya.

Capítulo del libro Empresarios de Galicia, vol. 2 (2009), Fundación Barrié, coordinado por Xoán Carmona.

Su presencia en esta ruta tiene una explicación: la familia Barreiros era natural de Nogueira de Ramuín, enfrente de Os Peares, en la otra orilla del río Miño. Abajo uno de sus autobuses.



Volvamos a Bodegas Gallegas. No dispongo de datos acerca de la evolución de la empresa en los años 1930. Sólo sé que siguieron fabricando y exportando vinos embotellados de calidad, pero que también traían uvas y mostos ‘tintorera’ de Valencia para aquellos cosecheros que querían dar más cuerpo y color a sus caldos.

1927

Y que seguramente por mediación de Bautista se incorporó a la empresa un pariente suyo, Alfredo Valeiras Pulido, del que luego hablaremos. En el registro oficial de exportadores de vinos de la región noroeste de 1935 aparecen ambos, y como vemos ... la lista es muy corta.

Boletín Oficial del Estado, 1935

Durante la Guerra Civil española (1936-39) y en los años posteriores se truncaron las exportaciones de vinos de calidad y supongo que la empresa se vería obligada a vender en el mercado interior. La gestión ya estaba en manos de Alfredo Valeiras Pulido, casado con María López Valeiras -un nuevo lío de apellidos-, el cual en torno a 1945 constituye una nueva empresa, Bodegas Gallegas Limitada, asociado a un almacenista de alimentos de Vigo, José Suárez Ramos. Poco antes, por herencia de los Pulido, Alfredo había recibido efectivo, tierras y edificios en Quintián, muy cerca de la estación ferroviaria de Ourense, una buena inyección de capital.

Esta tercera sociedad en hacerse cargo de la bodega de Os Peares adquirió en 1946 las marcas comerciales de la anterior, Hermanos Macía y Valeiras.

1946

Según información proporcionada por la familia Valeiras González, la firma mantuvo su tradicional fórmula de exportar vinos de calidad al mercado cubano. No es de extrañar, porque en aquellos años 1940 y 1950 de penuria debía de ser difícil colocar un producto ‘exquisito’ entre los consumidores gallegos, fuese en la propia Galicia o fuese en Madrid, en Barcelona o en otras ciudades españolas con presencia importante de emigrados galaicos.

Las cosas volvieron a enredarse gracias a otro gallego, aunque de segunda generación: Fidel Castro. Entre gallegos anda el juego. La revolución cubana triunfa en 1959 y crea la natural incertidumbre de qué va a pasar con las exportaciones a la isla. Las medidas restrictivas del nuevo régimen no tardaron en aparecer, pero los Valeiras, al igual que otros exportadores, mantuvieron la esperanza de seguir vendiendo en Cuba. De que el gobierno de Castro caería, o de que volvería a facilitar la entrada de vinos procedentes de la Madre Patria, perdón, de la Metrópoli Colonizadora. Bueno, pues, como bien sabemos, nada de nada.

De modo que Bodegas Gallegas escogió el camino de canalizar sus caldos hacia los gallego-cubanos de Estados Unidos, hacia Miami. Consiguieron ventas pero ... no era lo mismo. Una trayectoria idéntica a la experimentada por la bodega viguesa de Bautista López Valeiras, también exportadora de vinos de calidad a consumidores de origen gallego en América y también afectada por la pérdida del mercado cubano.

En 1963 los Valeiras de Os Peares recibieron un buen pellizco por las propiedades expropiadas para la construcción del campo de la feria y el matadero frigorífico de Ourense –4 millones de pesetas a repartir entre varios herederos-, e imagino que fue algo que contribuyó a la subsistencia de la empresa.

Un respiro temporal, porque la esencia del negocio, exportar vinos de calidad embotellados y del gusto de los gallegos, estaba en un serio aprieto. La firma debió de intentar compensar la mengua de sus exportaciones con ventas en el mercado interior. Aquí tenemos un anuncio publicado en 1966 en El Pueblo Gallego, en versión muy parecida a los anuncios de su etapa inicial, con bonita botella enmallada.

1966

Un último intento que no debió servir de gran cosa. Bodegas Gallegas se vió obligada a penetrar en el mercado de los vinos corrientes, y ya sabemos lo difícil que es competir en 2ª División. Esta botella de abajo no tiene nada que ver con la anterior.


Con todo, a trancas y barrancas, la empresa de Os Peares se mantuvo en actividad hasta aproximadamente el año 2000. Casi 100 años de historia, y con bastantes enredos. Por cierto, hablando de enredos, y tal como señalé al principio, los vecinos de Os Peares llevan mucho mucho tiempo padeciendo uno de los mayores cacaos administrativo-eclesiástico-judiciales conocidos. Acá tenemos un resumen del excepcional barullo.

1977

Hoy el pequeño lugar de Os Peares es más famoso por su embalse y por sus paisajes que por sus vinos. Hace un par de años consiguió cierta notoriedad cuando se supo que en él había nacido ... el actual presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo.

El puente ferroviario ha sido bien pintadito de azul y da un aire especial a la encrucijada de los Tres Ríos.


Y dispone además de un Aula Ferroviaria con exposición sobre la ya vieja estación de ferrocarril, un aula promovida por la asociación Carrileiros en la que se exhiben, como no, recuerdos de la enredada historia de Bodegas Gallegas.

Imagen de http://www.carrileiros.com/PearesAulaFerroviaria.htm

13 de agosto de 2011

El comercio de jamones. Los jamoneros de Dacón (Maside)


En Maside (Ourense) y más concretamente en una de sus localidades, Dacón, se encontraba el centro organizador del comercio de jamones más importante del sur de Galicia. En Dacón, que contaba con solo 608 habitantes censados en 1900 y 778 en 1930, residían destacados comerciantes mayoristas que durante buena parte de los siglos XIX y XX canalizaron hacia mercados distantes los jamones que los campesinos llevaban a vender a las ferias del sur de Lugo, el norte de Ourense y el oriente montañoso de Pontevedra. Y de distintas parroquias en torno a Dacón eran los tratantes –jamoneros- que se encargaban de adquirirlos en las ferias, fuese por cuenta propia o al servicio de almacenistas como los López Valeiras, los Cartucho, los Pajariño y otras familias.

He tratado ya el tema del comercio de ganado vacuno gallego, un comercio en el que se habían especializado otros tratantes que también eran de Maside, de la parroquia de Garabás. Pero ahora el asunto es el ganado porcino, y en su comercio debemos distinguir dos componentes: los animales vivos –jóvenes o adultos-, y las carnes saladas.

Empecemos por señalar algo bien sabido: la mayor parte de los campesinos engordaba cerdos para la matanza familiar, al igual que se hacía en tantos otros lugares. El cerdo era el animal que aportaba el mas alto rendimiento en carne de todos los que poseían los labradores. El ganado vacuno era fundamental, por supuesto, porque proporcionaba fuerza de tiro, leche, carne y pieles. Las cabras y las ovejas también carne, leche, lana, o cueros. Las humildes gallinas daban huevos y, al final de su vida, iban a parar al puchero. Caballos, yeguas, mulas, burros, ... se usaban sobre todo para el transporte y el tiro. Cuando les venía la hora se aprovechaban sus pieles y quizá sus carnes.

Otra ventaja del cerdo: es omnívoro, come de todo. Eran, por consiguiente, motivos sólidos los que impulsaban a muchas familias a cebarlos para la matanza y así disponer de carne salada o embutida para todo el año.

Pero también es cierto que no eran tantos los campesinos que disponían de cerdas de cría, es decir, los que mantenían durante años una hembra adulta para la reproducción. Una parte de los lechones que paría la cerda eran cebados por su dueño, y los demás eran llevados a las ferias. Si se vendían muy pequeños se conducían en una cesta, y si ya tenían varios meses se llevaban por su propio pie, atados a un cordel, como se ve en la foto.

1926

Era en las comarcas gallegas del interior donde más labradores poseían cerdas de cría, y desde dichas comarcas se enviaban lechones a aquellas en las que muchas familias carecían de medios para mantenerlas: las zonas costeras o las zonas vitícolas. El ferrocarril primero, y más adelante los camiones, facilitaron el tráfico de cerdos desde las áreas de cría a las de recría. Así resumía Rof Codina el asunto a principios de los años 1930:

Existen dos explotaciones del ganado de cerda en Galicia: la producción de crías jóvenes o lechones para exportar a otras provincias y a Portugal, y la cría de animales para cebar. (...) Uno de los mercados más importantes de Galicia de cerdos de cría es el de Santiago, y por la estación del ferrocarril salen muchas expediciones de esta clase de reses con destino a Portugal y a las provincias de Orense y Pontevedra”.

Otro tanto señalaba Martínez Inda en 1944 en un estudio sobre la ganadería porcina en la provincia de Ourense:

El ganado de cerda se explota en la provincia de Orense en condiciones similares al resto de Galicia. Distribuido por toda su extensión y alojados en todas las casas de campo, se crían anualmente más de 130.000 cabezas, de las que solamente 12.000 son cerdas dedicadas a la reproducción. El resto del ganado es destinado a la recría y cebamiento para su ulterior sacrificio. (...) Tradicionalmente, toda casa aldeana adquiere un par de cerdos para su recría, y cebamiento posterior y matanza domiciliaria. Estos cerdos, de 3 a 4 meses de edad, proceden de la provincia de Lugo, importados por tratantes y vendidos por todas las ferias y mercados de la provincia. Orense no es criadora de cerdos, es recriadora; el porcentaje de cerdas dedicadas a la reproducción lo confirman.”

Existía también, lógicamente, un comercio de cerdos adultos, cebados para el sacrificio o destinados a la reproducción, pero no podía compararse en importancia al que sin duda constituía el tráfico comercial más destacado de la ganadería porcina: el de las carnes saladas, y entre ellas los jamones, las piezas más valiosas del animal.

García Armendaritz, Inspector Provincial de Higiene y Sanidad Pecuaria de Lugo, ofrecía cifras sobre la importancia del comercio de jamones en un estudio de 1921, y defendía al mismo tiempo la agrupación de los campesinos en sindicatos y cooperativas para obtener mayor rendimiento de un negocio dominado por los tratantes.

En efecto, por los datos que he podido recoger de facturaciones y principales exportadores de Galicia, salen jamones de esta región anualmente 350 vagones de 10.000 kilos cada uno, o sea un total de 3,5 millones de kilos, que valorizando, en bajo, a 4 pesetas kilo dan 14 millones de pesetas, sin contar en esto la manteca, el embutido, etc. Y se puede juzgar lo que supone esta industria sabiendo que el ingreso en Galicia por ganado vacuno da un promedio de 26 millones de pesetas. Con estos 14 millones de pesetas sostienen un lucrativo negocio una serie de tratantes acaparadores y exportadores, en las manos de los que quedan considerables sumas, que debieran reforzar el peculio del paisano gallego y que éste pierde porque su exagerado individualismo le hace vivir despegado y desconfiado de sus vecinos. Por esto cuantas observaciones hicimos sobre la explotación del ganado de cerda tienden a este fin, a buscar la sindicación de los labradores gallegos, a excitarles a que se asocien, a que los que viven igual, y buscan el mismo fin, lo hagan mancomunadamente y no aislados.

Pues bien, vamos ahora a conocer en detalle como era el sistema tradicional de compraventa de jamones a través de tres escenas de la feria de O Carballiño (Ourense), procedentes del libro de Xosé Fariña Jamardo sobre el tema, publicado en 1981, y ambientado en 1949. Los tratantes son naturales de la zona de Dacón, sobre cuya especialización jamonera trataré más abajo, y acá ofrezco un mapa con los lugares de procedencia de nuestros protagonistas, Dacón, Lago y Pousada.


En su libro, Fariña nos presenta a los campesinos como los personajes más débiles del negocio, siempre expuestos a las malas artes de los tratantes. Empecemos por el final. Ya ha concluido la feria, y una campesina no consiguió vender sus jamones porque los jamoneros le ofrecían un precio muy bajo alegando que estaban podridos. En el camino de vuelta a casa coincide con uno de ellos -llamado Farruco- y éste le hace una nueva oferta. La buena señora se cabrea y dedica unas lindas palabras a los tratantes: "jamoneros engañadores y ladrones que tienen el alma más negra que el carbón", “tramposos a los que teníamos que hacer huir de las ferias a pedradas” y “sanguijuelas”. Traduzco del gallego.


Con anterioridad, en plena feria, tres jamoneros se habían confabulado haciendo creer a un vendedor que su jamón estaba deteriorado para que rebajase el precio. “El jamón está bombo” insisten; o sea, está hueco por dentro y mal curado. En la escena, recogida en el texto de más abajo, aparecen los instrumentos usados por los tratantes a la hora de comprar: la cala y la romana. La cala es un punzón de madera que se introduce hasta el centro del pernil para apreciar si la carne próxima al hueso desprende buen o mal olor. En la foto pueden verse varias calas modernas, alguna bien sofisticada, con forma de estilográfica.


El otro instrumento era la romana, que se utilizaba para pesar el jamón.


Monterroso (2005)
Como se verá, el viejo campesino de nuestra historia se niega sistemáticamente a que le calen el jamón, pero no puede evitar que le hagan trampa en el peso con la romana.



El campesino se negó a que el jamonero metiese la cala porque sabía de las trampas de los jamoneros: al sacar el punzón del jamón untaban sus dedos con una sustancia fétida adherida al tubo donde guardaban la cala –pulpo podrido, en este caso-, y la daban a oler al vendedor para que éste pensase que el jamón estaba ‘podrido’ por dentro, que no estaba bien curado.

Lo que no pudo evitar nuestro campesino fue que el tratante le escamotease una libra –algo más de medio kilo- en el peso del jamón, gracias a su habilidad en el manejo de la romana. “¡Qué le vamos a hacer!”, se resigna, “Hay veces que mean por uno y hay que decir que llueve”.

Ya tenemos, pues, a los malos de la película: los jamoneros. ¿Tan tramposos eran?. ¿Lograban grandes fortunas con su ir y venir por las ferias adquiriendo jamones, con procedimientos honrados o fraudulentos?. Bueno, conozcamos cómo veía su vida y su oficio un jamonero, según la versión ofrecida por Fariña. En el texto siguiente comprobamos que, en opinión de nuestro malabarista de la cala y la romana, “El de jamonero es un oficio condenado. Entendámonos, jamonero de los que compramos por las puertas y andamos por las ferias. (...) Los que se aprovechan, los que ganan con nuestros sudores y con nuestra labia, son los jamoneros mayoristas o almacenistas”. La cosa se pone interesante. Tenemos ahora a otros malos: los comerciantes mayoristas.



Llegamos por fin a la historia de Dacón y sus comerciantes mayoristas de jamones y otros productos, ¿malos o buenos?. Así era descrito Dacón por Vicente Risco a principios de los años 1930.

Es uno de los pueblos más ricos de la provincia, una villa en formación, como tantas otras, a lo largo de la carretera. Una calle ancha de casas casi todas nuevas, algunas magníficas; sus almacenes y establecimientos comerciales, sus aceras, sus acacias de bola, su abundante alumbrado eléctrico, cafés, tráfico de automóviles, le dan un aspecto urbano completo, aunque sea en pequeño, pues aún no llega a los 300 edificios. (...) la principal riqueza del país consiste en el comercio de exportación de géneros de la tierra, especialmente jamones y carnes saladas, huevos y cornezuelo de centeno. Maside y Dacón acaparan el de casi toda la provincia y aun el de fuera. Desde tiempo inmemorial, los masidaus, reconocibles por su invariable chaleco de picote o bayeta escarlata con mangas, practicaban el tráfico de jamones, yendo caballeros en magníficos machos o con carromatos por las ferias y por las aldeas comprando jamones para exportar, o practicando la arriería. Este tráfico los ha enriquecido y ha hecho crecer considerablemente las villas de Dacón y Maside, especialmente la primera, que ofrece hoy un rico y activo comercio que sostiene relaciones directas con Norte América, el Canadá y otros países lejanos donde las firmas comerciales de Maside y Dacón son bien conocidas y gozan de gran crédito. (...) [un] intenso comercio, más digno de mención y de encomio porque es creador de riqueza, pues se basa en la exportación de productos del país, cuando el de tantas otras villas es principalmente importador y parasitario.

En 1921, Dacón había recibido el título de Villa por su progreso económico.



Y que efectivamente reunía un colectivo importante de comerciantes se aprecia en los siguientes anuncios.

1926

1931

1926

1926


Jamones, huevos, castañas, cornezuelo de centeno, etc, todos productos adquiridos a los campesinos en las ferias. La concentración de comerciantes en Dacón provocó una situación curiosa cuando el ayuntamiento concedió el servicio telegráfico y telefónico a uno de ellos.

1925

¿Y cómo empezó todo?. No es fácil saberlo. Los más importantes comerciantes de Dacón fueron los López Valeiras, y ya a mediados del siglo XVIII, según el Catastro de Ensenada, estaban en el negocio del comercio de alimentos al por mayor.

Oficio e ingresos de Manuel López y Manuel Valeiras (Dacón), 1752

El lector que pueda entender la bendita caligrafía, verificará que Manuel López y Manuel Valeiras, vecinos del lugar de Bacón –una errata-, comerciaban con aceite, jabón, pescado y otros géneros. Eran productos que en aquel entonces había que traer por medio de arrieros desde los puertos. Dos detalles merecen atención. El primero es que los peritos del Catastro especifican que son comerciantes “en su casa”, ¿y por qué esto es importante?. Pues porque significa que no eran simples vendedores ambulantes, como tantos otros, sin establecimiento propio. Estaban a un nivel superior, algo que se aprecia en otro detalle: se les considera una ‘utilidad’ –beneficios- de 1.600 reales, una cantidad elevada para la época.

Ignoro cuando se introdujeron en el comercio de jamones pero, como he explicado en otra entrada, debió de ser en las últimas décadas del siglo XIX. Los López Valeiras hicieron fortuna, y ampliaron sus negocios de modo considerable a principios del siglo XX, con sucursales comerciales en Vigo, Santiago o Vilagarcía. En Vigo se dedicaron asimismo a la exportación y fabricación de vinos e incluso de champán, y establecieron fábrica de conservas de pescado. Como puede verse en el anuncio, hacían honor a sus orígenes con especialidades como ‘calamares rellenos con jamón’ o ‘sardinas rellenas con jamón’.

1918

De modo que Dacón se erigió en sede de un conjunto de comerciantes al por mayor de huevos, jamones o cornezuelo, siguiendo –imagino- la pauta clásica: como Dacón se ubicaba en un lugar estratégico de las rutas mercantiles tradicionales gallegas, surgieron comerciantes que con el tiempo adquirieron las habilidades imprescindibles para comprar los productos del campo en las ferias y luego exportarlos; y dichos conocimientos, así como sus redes de proveedores y clientes, fueron pasando no solo de padres a hijos, sino también de jefes a empleados, empleados que acabaron montando sus propias casas de comercio.

Dacón ha tenido, pues, un protagonismo notable en la historia del comercio de los jamones gallegos, y todavía en los años 1960 se afirmaba que la Bolsa del Jamón del noroeste de España residía en Ourense, y que eran daconenses sus principales negociantes. Una rima facilona para recordar nuestra historia: Dacón y jamón. Otra más elaborada y con más contenido que circulaba de boca en boca entre los campesinos enfadados: "Dacón, en cada casa un balcón, y en cada balcón un ladrón".

29 de marzo de 2011

Noticias acerca de la historia del champán en Galicia

Como es sabido, el champagne fue invento de los franceses, adelantados en ésta y en tantas otras cosas en materia de productos alimentarios. Los catalanes han ido aprendiendo de sus vecinos del Norte durante muchos años, y son hoy firmas como la pionera Codorníu y Freixenet las que con sus ‘cavas’ no cesan de ganar cuota de mercado. Pero ninguna otra región vinícola española consiguió tan buenos resultados. ¿Por qué?.

Dejemos la respuesta para otra ocasión, porque lo que aquí quiero es dar fe de que también en Galicia se hicieron esfuerzos en los años 1920 para elaborar champán. Y que no era tarea fácil es algo que surge de inmediato: ¿qué viticultor de los existentes en Galicia por aquel tiempo estaría en condiciones de arriesgarse a fabricar un vino espumoso embotellado?.

Eran muchos los campesinos que tenían viñedos y que con sus uvas hacían vino que acababa vendido a granel a traficantes que lo colocaban en el resto de Galicia, en villas, ciudades y aquellas zonas donde el cultivo de la vid era imposible. Desde siglos atrás, una cohorte de arrieros-comerciantes se había encargado de acudir al Ribeiro y a otras comarcas vitícolas con sus recuas de mulas para comprar y trasladar el vino en pellejos hasta los puntos de consumo. Con el ferrocarril se hicieron menos necesarios, pero seguían en activo porque la red ferroviaria era muy poco densa. Los barriles sustituyeron a los pellejos y más adelante los camiones a las mulas.

En un escalón más alto que el de los sencillos campesinos dedicados al cultivo de la viña estaban aquellos que disponían de más tierras, de más uvas y de mostos de producción propia o recibidos por renta, en más favorables condiciones para lanzarse a la aventura del champán. Pero casi todos eran dueños de pazos con nutrido árbol genealógico, y casi todos miraban más al pasado que al futuro, atendían más a preservar que a arriesgar, cabe suponer. Sabían por propia boca de la existencia del champagne, pero ¿a quién vendérselo en caso de fabricarlo?. Además había que embotellarlo, meu Deus. Así que los más dinámicos de entre ellos apostaron por mejorar sus vinos e ignoraron las burbujas.

Las iniciativas más arriesgadas y novedosas en materia de vinos corrieron a cargo de los comercializadores, de unos cuantos empresarios con capacidad financiera para adquirir el vino y elaborarlo en bodegas con técnicas modernas de fabricación y marketing. Bautista López Valeiras fue el más destacado. Llevaba años al frente de la Vinícola Gallega y se asoció con un viticultor de A Ramallosa (Nigrán) para fundar Manuel Costas y Compañía en 1919. Al poco tiempo lanzaron el Champán Galicia.

Champán Galicia, anuncio de 1922

Costas se ocupaba de la fabricación, y Valeiras de la comercialización, una actividad en la que tenía larga experiencia. Los resultados no debieron ser los esperados, y en 1925 disolvieron la compañía, no sin antes haber anunciado y promovido su espumoso con anuncios de prensa. Tengo que confesar que me gustaría haberlo probado, sólo por hacerme una idea de si era como los cavas actuales, o a qué sabría el Champán Galicia.

1920

¿Hubo más intentos?. Sí, pero no fueron más que meros ensayos sin producción para el mercado, o se quedaron en proyectos no realizados. El periódico La Región nos daba cuenta de que en 1935 los hermanos Julio y Daniel Vázquez Gulias, de Beariz, el primero Abogado del Estado y el segundo arquitecto, con explotación vitícola en O Ribeiro, “han hecho ensayos de elaboración de Champagne con los vinos del Ribero, por el procedimiento de la Champaña de fermentación de botellas. El resultado ha sido altamente satisfactorio, pudiéndose asegurar de ese primero y hasta ahora único ensayo, que [el Ribero] es el vino de España que más se presta para su elaboración, que realizaron los señores Vázquez Gulias sin ayuda de técnicos. El Champagne de estos ensayos fue dado a conocer en Galicia, y se ha servido, como único, con gran aceptación en fiestas y en algunos banquetes oficiales, incluso en La Coruña en el de la inauguración del tranvía de Coruña a Sada” (22-12-1940)

Cuando se creó la Cooperativa Vitivinícola de Ribadavia se pensó también en la elaboración de champán, pero está claro que fue sólo un proyecto porque no existen noticias de que llegase a fabricarse. Por cierto, la COSA que presidía el señor Contreras no era la 'nostra', era la Cámara Oficial Sindical Agraria.

1965


Hay, sin embargo, otra experiencia de fabricación real de un vino espumoso que se promocionó como champán: el de las Bodegas Ramos, de Castrelo de Miño, en O Ribeiro. Y supongo que éste sí llegó a elaborarse y venderse porque de otro modo su fabricante no lo habría anunciado en la prensa.

1958

Desconozco cuando Antonio Ramos Martínez, dueño de la bodega, empezó con la aventura ni cuanto tiempo se prolongó la experiencia. Pero cabe pensar que la inundación del valle de Castrelo de Miño para el salto hidroeléctrico, diez años después de la fecha del anuncio, le puso su punto final.

Así que tenemos que trasladarnos a finales de los 1980, casi setenta años después del Champán Galicia, para que una bodega de Arrabaldo, también en O Ribeiro, La Patena, lanzase el cava Fin de Siglo. Otra flor de un día, o de varios años. Lo más reciente en materia champanera gallega es que el grupo Galiciano (Salvaterra) ha puesto a la venta un espumoso amparado por la Denominación de Origen Valdeorras hecho con uva godello, al que han llamado Danza. Deseémosle lo mejor y que consiga un nicho de mercado con un producto diferenciado, porque lo del cava a gran escala sigue siendo cosa de los catalanes.


Para acabar, invito al lector a que imagine qué tendría en mente el industrial vigués Salvador Aranda Tapia cuando registraba en 1901 la marca Mary Sat para la elaboración de “una bebida espumosa llamada Champagne de Kola”.

1901

De haberse llegado a fabricar, que no lo sé, supongo que estaríamos ante la primera Coca-Cola gallega, o mejor dicho, ... ¿el primer cubata?.




28 de marzo de 2011

Bodegueros de hace cien años: la compañía Vinícola Gallega

La compañía Vinícola Gallega nació en Vigo en 1891 con el fin de elaborar y comercializar vinos gallegos con cierta garantía de calidad, cuando ya empezaban a practicarse mezclas con los de origen castellano traídos por ferrocarril, luego de que la conexión ferroviaria con la España interior se hubiese completado en 1883, o con los vinos levantinos llegados por barco.

Fundada por un comerciante, Francisco Molins, y por un farmacéutico, Rodrigo Rodríguez, ambos vigueses, en 1910 la Vinícola Gallega acabó pasando a manos de los hermanos López Valeiras, comerciantes de Dacón –en el noroeste de Ourense-, una saga cuya trayectoria he relatado recientemente en un volumen colectivo sobre Empresarios de Galicia coordinado por Xoán Carmona. Uno de los hermanos, Bautista, sería el principal impulsor de la fabricación de champán ‘made in Galicia’.


La historia de la Vinícola es realmente peculiar, como veremos a continuación. Fue una de las empresas que surgieron en las primeras décadas del siglo XX, antes de la Guerra Civil, para la elaboración de vinos y licores con destino preferente a las colonias de gallegos en América Latina. Estamos en pleno boom migratorio, y eran cada vez más los que en Argentina o Cuba querían saborear de vez en cuando los ‘productos de la tierra’. Vinos, jamones y lacones, embutidos, conservas de pescado, pulpo seco y otros alimentos se incorporaban a la mesa en fiestas y celebraciones. La presencia de los Valeiras en este negocio queda resumida en la siguiente elogiosa crónica.


1914

Como cabe imaginar, exportar vinos y licores a América era algo fuera del alcance de los pequeños viticultores: sin un volumen de producción relativamente elevado no podrían hacerse rentables las inversiones necesarias ni en capital fijo ni en capital circulante: maquinaria, bodegas, barriles, botellas, transporte, seguros, publicidad, etc. Una cuestión de economías de escala.

Sólo los que disponían de ‘grandes’ extensiones de viñedos podían animarse a dar un salto semejante, y solían ser dueños de pazos que pertenecían o habían pertenecido a viejas casas hidalgas y a monasterios en torno a las riberas del Miño y sus afluentes o bien en las Rías Bajas. Pocos fueron los que abandonaron las prácticas tradicionales de fabricación y comercialización. Entre ellos, destacado, el conde de Torre Cedeira, con su bodega La Fillaboa en Salvaterra de Miño, del que hablaremos en otra ocasión.

Y también dieron el salto nuestros protagonistas, los Valeiras. Con una particularidad: según mis noticias no poseían producción propia; es decir, la Vinícola Gallega no disponía de viñedos sino que adquiría a terceros las uvas o el mosto con los que elaboraba sus caldos por el procedimiento del coupage. Aquí tenemos un reportaje gráfico sobre sus instalaciones en Vigo, cuando ya la Vinícola pertenecía en exclusiva a Bautista López Valeiras.

1923

Desde Vigo, con acceso fácil a la estación ferroviaria y al puerto, salían las cajas con sus vinos finos de mesa, vinos tostados y licores embotellados con destino a Buenos Aires o La Habana. También para el mercado gallego y del resto de España, dirigidos a hoteles y restaurantes. Al igual que las aguas minerales, los vinos en botella y con marca tenían su mercado en las clases con un cierto poder adquisitivo, puesto que los labradores, los obreros o los marineros consumían vino vendido a granel.

Su otro mercado lo constituían los emigrados en América, donde la oferta de vinos de ‘gusto gallego’ era muy escasa. Eran bebidas para las ocasiones especiales e incluso se recalcaban sus propiedades medicinales, y al estar embotelladas se presumía que el fabricante se había cuidado de realizar mezclas fraudulentas.


Un negocio exportador que experimentó dificultades ya en la década de los 1930 por la crisis sufrida en sus mercados latinoamericanos, por el aumento de los derechos arancelarios y por el caos en los pagos internacionales y en los mercados de divisas. La Guerra Civil española y el subsiguiente conflicto mundial complicaron más las cosas. Luego, en los 1950, las trabas a las importaciones establecidas en Argentina y la revolución cubana acabaron de darle la puntilla.

A principios de los 1960 desaparece la Vinícola, una firma pionera en la modernización de la industria vitivinícola que hoy, afortunadamente, perpetúan con creciente éxito muchas firmas gallegas.