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| 1965 |
Historias sobre la agricultura gallega del siglo XX. Comentarios, análisis, documentos acerca de la economía agraria y la vida campesina.
28 de junio de 2011
AgroLance. Paradoja en A Limia
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26 de junio de 2011
Alcornoques, boyas, colmenas y guerrilleros
Vamos allá con una historia curiosa, anecdótica. Galicia no es tierra de alcornoques, sobreiras en gallego. El mapa adjunto muestra que ni Galicia ni el corredor que desde ella recorre el norte de la península reúnen condiciones naturales óptimas para su desarrollo: es un árbol propio de climas mediterráneos.
Pero siempre hay que buscar distintas fuentes de información. El mapa anterior procede de la voz Quercus Suber –alcornoque- de la wikipedia española, tomado a su vez de la Enzyklopädie der Laubbäume (Enciclopedia de Árboles Caducifolios), publicada en Hamburgo en 2006.
Uno sigue buscando y encuentra otro mapa elaborado por Euforgen, en el que comprobamos que las Rías Bajas y las cuencas del Sil y del Miño encajan en las áreas de distribución natural de nuestro árbol. Es la Galicia más mediterránea, por decirlo así. Aquí tenemos la parte del mapa correspondiente a la Península Ibérica.
Así que no es de extrañar que en el sur gallego hubiese sobreiras y, como es sabido, el interés de las mismas reside en su corteza, en el corcho, usado en la elaboración de tapones para embotellar todo tipo de vinos; una actividad que se inicia en España –en Girona- en el siglo XVIII. Pero el corcho recibía otros usos que explican la presencia de alcornoques en las comarcas gallegas antes señaladas.
Uno de ellos era la fabricación de boyas para la pesca, antes de que llegasen las de plástico, claro. Las declaraciones de los peritos del Catastro de Ensenada a mediados del siglo XVIII lo dejan bien claro en el caso de dos parroquias próximas a la desembocadura del Miño, en la frontera con Portugal.
Los peritos de O Rosal especificaban que los vecinos poseían “Dehesas de Robles, Pinares y Sauces que sirven sus maderas para la composición de las viñas terrestales; que sirven sus maderas para Arcos de las vasijas donde se recoge el vino; Alcornoques que sirve su descorcha para Boias de las Redes”. Y lo mismo señalaban los peritos de la limítrofe parroquia de Tabagón: “Ay tambien Dehesas de Alcornoques que solamente produzen Corchos, y sirben para boyas de Redes, y las de primera calidad se descorchan a los tres años, las de segunda a los cinco y las de tercera a los siete”.
Los peritos de O Rosal especificaban que los vecinos poseían “Dehesas de Robles, Pinares y Sauces que sirven sus maderas para la composición de las viñas terrestales; que sirven sus maderas para Arcos de las vasijas donde se recoge el vino; Alcornoques que sirve su descorcha para Boias de las Redes”. Y lo mismo señalaban los peritos de la limítrofe parroquia de Tabagón: “Ay tambien Dehesas de Alcornoques que solamente produzen Corchos, y sirben para boyas de Redes, y las de primera calidad se descorchan a los tres años, las de segunda a los cinco y las de tercera a los siete”.
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| Tabagón (1752), Catastro de Ensenada |
Rodríguez Santamarina, en su Diccionario de Artes de Pesca publicado en 1923, señala que el corcho seguía siendo el material favorito para las boyas, pero recalca que se usaba ... de todo: calabazas, bidones y barriles, latas, botellas e incluso ‘pieles de cabra cosidas e infladas’.
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| 1923 |
El corcho también se empleaba en la fabricación de colmenas para las abejas. Al igual que en el caso de las boyas, cabía la posibilidad de usar otros materiales como la madera. Aquí tenemos la imagen de un trobo, la palabra gallega con la que se designa a las colmenas cilíndricas, elaborado con cortiza. Procede del libro Ourense Etnográfico (Diputación de Ourense 1998). Casi una reliquia porque en la actualidad pocas serán las colmenas de corcho que siguen en activo.
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| Colmena de corcho |
Boyas, colmenas, revestimientos para las suelas de los zuecos, poquísimo comparado con el uso estrella del corcho que fue, sin duda, el de los tapones. La industria corchotaponera, que así se llama, tuvo en España su mayor desarrollo en Cataluña, no tanto porque hubiese allí muchos alcornoques como porque fueron empresas catalanas las que supieron dar respuesta a la demanda de tapones proveniente de las firmas embotelladoras de vino y champán francesas y alemanas, una demanda a la que se sumó más adelante la surgida de la propia industria vitivinícola española.
En Galicia, con pocos alcornoques y predominando la venta de vino sin embotellar, envasado en barriles para su venta y consumo a granel, la fabricación de tapones fue algo anecdótico. Tengo noticias de dos fabricantes que curiosamente iniciaron su actividad casi al mismo tiempo.
Uno de ellos fue la compañía coruñesa Palacios y Ripamontty, de la que he encontrado un anuncio publicado en 1888. La Primitiva, tal era el nombre de la fábrica, además de tapones elaboraba ‘lamparillas y chalecos salva-vidas’, lógicamente de corcho y para uso de marineros. Supongo que sería un taller artesanal por mucho que proclamase su condición de ‘fábrica montada a máquina’. Curioso que su domicilio fuese la calle Socorro ... por lo de los salvavidas.
Uno de ellos fue la compañía coruñesa Palacios y Ripamontty, de la que he encontrado un anuncio publicado en 1888. La Primitiva, tal era el nombre de la fábrica, además de tapones elaboraba ‘lamparillas y chalecos salva-vidas’, lógicamente de corcho y para uso de marineros. Supongo que sería un taller artesanal por mucho que proclamase su condición de ‘fábrica montada a máquina’. Curioso que su domicilio fuese la calle Socorro ... por lo de los salvavidas.
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| 1888 |
En ese mismo año de 1888 otro anuncio nos revela el nacimiento de una pequeña industria dedicada a los tapones y a los productos de corcho llamada Las Hermitas, que tuvo una vida más larga que la coruñesa. Estaba ubicada en el municipio de Silleda, en el lugar de A Bandeira. Su dueño era Miguel Nicolás Bandeira.
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| 1888 |
Al seguir la pista a esta fábrica descubrí dos cosas interesantes y desconocidas para mí. La primera es que esa zona de Silleda y A Estrada reune buena parte de los más antiguos ejemplares de alcornoques que se conservan en Galicia. Aunque hay que señalar que si siguen en pie es porque sirvieron como adorno de pazos y de plazas públicas, nada que ver con los millones de alcornoques que pueblan las dehesas portuguesas o extremeñas con fines productivos.
Las ancianas sobreiras de Balboa, Valiñas o Siador fueron compañeras de otras cuyas cortezas empleaba la fábrica de Bandeira para, supongo, abastecer de tapones a los fabricantes gallegos de vinos y licores embotellados y para surtir de boyas al sector pesquero. No sé si para servir de abrigo a las abejas: puede ser, porque eran muchas las colmenas existentes en Galicia, casi 370.000 a mediados del siglo XVIII, según el Catastro de Ensenada.
Aparte de que hubiese cierta abundancia de alcornoques en su entorno, A Bandeira era escenario de una feria quincenal bastante importante, y estaba en la ruta de los arrieros que traían vino del Ribeiro hacia los mercados de Santiago, A Coruña y comarcas circundantes. Otro factor que puede explicar la ubicación del taller de Miguel Nicolás.
Mi segunda sorpresa fue que un nieto del fundador se convirtió en lugarteniente del más conocido guerrillero antifranquista de Galicia, el Foucellas. Nuestro personaje se llamaba Miguel Nicolás Esperante, su apodo era ... ‘O Corcheiro’ y su agrupación guerrillera se llamó ... ‘Os Corcheiros’. Presento a continuación lo poco que se sabe del personaje. Traduzco del gallego.
“Algunos datos biográficos de Miguel O Corcheiro. Miguel Nicolás Esperante, más conocido por el nombre heredado de su profesión de corchero: ‘Miguel dos Corcheiros’. Fue sin duda el dirigente de la guerrilla en la comarca del Deza más conocido. Uno de los dirigentes guerrilleros más destacados de la provincia de Pontevedra. Miguel nació en 1915 en Taragoña, municipio de Rianxo, hijo de Alfonso Nicolás, de Bandeira, y Dolores Esperante, de Taragoña, [quienes] vinieron a A Bandeira para hacerse cargo de la fábrica de corcho que regentaban sus antepasados en la parroquia de Chapa; por tratarse de un punto estratégico para confeccionar corcho, pues contaban en la comarca con abundantes alcornoques, materia prima para llevar adelante esta industria. Miguel trabajaba en la fábrica de corcho. En tiempos de la República era el encargado de repartir por A Bandeira el periódico Mundo Obrero (órgano del Partido Comunista). El 1º de enero de 1935 ingresa en el Partido Comunista (...). Con el estallido de la Guerra Civil, Miguel es detenido el 21 de julio de 1936 (...) Preso en el Lazareto (Isla de San Simón) junto con los demás compañeros de Silleda, más tarde es destinado al Batallón de Trabajadores de León, luego al de Ourense y por último a Miranda de Ebro (...) Ya en A Bandeira, entre los fascistas y los guardias civiles le hacían la vida imposible. (...) Son dos circunstancias bien diferenciadas las que en 1943-44 originan la creación de la agrupación de guerrilleros conocidos popularmente como Os Corcheiros. (...) A finales de 1947 se crea la V Agrupación de Guerrilleros fundada por Seoane, jefe militar de la guerrilla en Galicia, integrando a Benigno Andrade ‘Foucellas’, como jefe de la agrupación guerrillera que actúa al norte de la provincia de Pontevedra [quien] empleaba la casa de Os Corcheiros como lugar de parada. Pasaba dos noches y luego desaparecía también por la noche." Miguel ‘O Corcheiro’ murió en extrañas circunstancias en abril de 1948, cuando asaltaba la casa de un falangista de Silleda.
Información que procede del artículo de Alberte Maceira, “A guerrilla na comarca do Deza”, en el libro Homenaxe a Antón Alonso Ríos e Ramón de Valenzuela (Xunta de Galicia 2006, pp. 117-131), y de la voz Miguel Nicolás Esperante en la galipedia.
En fin, lo habitual de las pesquisas. Empezamos con el tranquilo alcornoque y acabamos en medio de los guerrilleros.
21 de junio de 2011
AgroLance. Homes na taberna
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Alimentos de Galicia para emigrados en Argentina
A los emigrantes que desde Galicia marcharon a Argentina les sucedió lo que a tantos otros: echaban de menos los sabores de la tierra natal. Pescados y mariscos, vinos y licores, embutidos y salazones, jamones, incluso el unto que da el aroma especial al caldo. Y las patatas, las habas, las castañas.
Alimentos que en las primeras décadas del siglo XX, cuando Buenos Aires se convirtió en la ciudad con mayor número de gallegos, no eran fáciles de conseguir allá. También un pequeño lujo con presuntas propiedades curativas: las aguas minerales.
Alimentos que en las primeras décadas del siglo XX, cuando Buenos Aires se convirtió en la ciudad con mayor número de gallegos, no eran fáciles de conseguir allá. También un pequeño lujo con presuntas propiedades curativas: las aguas minerales.
No creo que los emigrantes gallegos en Argentina echasen de menos el pan de maíz, habiéndolo de buen trigo y con tanto gallego como se introdujo en el negocio panadero; seguro que comieron sabrosa carne de res y conocieron el churrasco, omnipresente desde hace décadas en nuestros restaurantes populares; también pizza, claro; y pasta, cuando en Galicia solo se consumían fideos de sopa.
A medida que descendió el coste del transporte por barco entre los puertos gallegos y Buenos Aires y que cada vez más gallegos se establecieron allí, fue creciendo el tráfico de ‘productos del país’ hacia el otro lado del Atlántico. Estamos a finales del siglo XIX y principios del XX, la edad dorada de los vapores transatlánticos y de derechos aduaneros moderados que favorecieron el comercio internacional.
Vamos a comprobar qué tipo de productos se llevaban allá por medio de los anuncios que publicaban algunas casas importadoras de Buenos Aires, todas, creo, propiedad de gallegos.
El primer anuncio, por orden cronológico, es de 1903, de la casa de Eugenio Sayanes, natural de Nigrán. Como puede verse, ofrece conservas de la fábrica viguesa de Curbera además de aguardientes y vinos de Val Miñor, su comarca natal. También aceite que, lógicamente, procedía de otras regiones españolas, pues en Galicia no se produce.
El primer anuncio, por orden cronológico, es de 1903, de la casa de Eugenio Sayanes, natural de Nigrán. Como puede verse, ofrece conservas de la fábrica viguesa de Curbera además de aguardientes y vinos de Val Miñor, su comarca natal. También aceite que, lógicamente, procedía de otras regiones españolas, pues en Galicia no se produce.
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| 1903 |
El siguiente anuncio es de Ramón Heredia Pazos, un natural de Maside que estableció compañía comercial en Vigo en 1904 asociado a Marcelino Suárez, de Valdeorras. La firma Ramón Heredia y Cía se orientó al comercio con América de vinos y conservas, y ya en 1905 arrendó la Vinícola Gallega. Al año siguiente, 1906, Marcelino Suárez emprendió otros rumbos y entraron nuevos socios, los hermanos Manuel y Bautista López Valeiras, naturales de Dacón (Maside), y la compañía no tardó en establecer fábrica propia de conservas de pescado, justo en 1907.
Como se aprecia en el anuncio, Ramón Heredia creó casa comercial propia en Buenos Aires, con un catálogo de ‘productos del país’ más amplio que el visto anteriormente. Aparte de conservas y vinos, en este caso del Ribeiro y acompañados de los procedentes de otras zonas de España, se incluyen dos productos característicos del comercio de los masidaos: jamones y pulpo curado. Y además... huevos. Me pregunto si no los había en cantidad suficiente en Buenos Aires, o los huevos gallegos tenían algo especial.
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| 1912 |
La Gran Guerra europea (1914-18) hizo más difícil la exportación porque dificultó el tráfico marítimo entre Europa y América, por mucho que España hubiese permanecido neutral. Muchos buques mercantes fueron hundidos o dedicados al transporte de soldados, víveres y armamento. Los fletes marítimos se dispararon por el encarecimiento del carbón, por la escasez de barcos y por el riesgo que corrían los que se atrevían a navegar entre submarinos y acorazados.
Así que pasamos a los años 1920. Nuestro anuncio es del almacén El Chiche, de Alonso y Bujía, y se repite lo mismo: jamones, chorizos, morcillas, tocinos, vinos, y... unto legítimo.
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| 1919 |
Toca ahora un anuncio con mucho detalle, de 1923, y corresponde al almacén La Victoria de la Compañía Hispano Argentina de Alimentación.
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| 1923 |
Conservas, vinos, jamones, lacones, unto, pulpo, castañas, nueces y aguas. Un resumen casi perfecto de los productos gallegos que demandaban los emigrados a Argentina. Pero la cosa va a más porque anuncian que en breve recibirán otras variedades de alimentos. En la lista están las lampreas secas, nada que objetar. Ahora bien... ¿cómo se come lo de que en breve recibirán caldo gallego y grelos frescos de Santiago?. ¿Y que en la lista aparezcan pescados y mariscos?.
El punto final de este recorrido por los comerciantes gallego-argentinos que atienden a los gustos del cliente emigrado acaba precisamente en el pescado y el marisco. Pero ya no en salazón o en conserva, sino... ¿fresco?. Veamos otros dos anuncios que demuestran que en los años 1920 en Argentina se recibían desde sardinas y berberechos hasta centollas, nécoras o chocos.
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| 1928 |
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| 1923 |
¿Nécoras de la ría en barco hasta Argentina?. ¿Será posible?. Hagamos un balance. Todos los productos exportados que nos han salido hasta aquí –salvo pescado y marisco- compartían la característica de no ser perecederos, de soportar bien los períodos de almacenamiento y transporte. Incluso los huevos, aunque no tanto como los demás.
Pero ahora, en los años 1920, el trayecto hasta el río de La Plata tomaba poco tiempo y los buques iban equipados con cámaras frigoríficas. También en los puertos de origen, A Coruña y Vigo, existían fábricas de hielo y frigoríficos, al igual que en Buenos Aires, y así podía mantenerse la cadena de frío. Todo ello puede explicar que pescados y mariscos llegasen en condiciones aceptables.
Pero ahora, en los años 1920, el trayecto hasta el río de La Plata tomaba poco tiempo y los buques iban equipados con cámaras frigoríficas. También en los puertos de origen, A Coruña y Vigo, existían fábricas de hielo y frigoríficos, al igual que en Buenos Aires, y así podía mantenerse la cadena de frío. Todo ello puede explicar que pescados y mariscos llegasen en condiciones aceptables.
De todos modos, es indudable que los alimentos más exportados con destino a los gallegos de Argentina fueron las conservas de pescado y las bebidas alcohólicas. La pesca estaba allá a años luz del desarrollo alcanzado por la ganadería vacuna y era escasa la producción del aceite de oliva tan esencial para elaborar sabrosas conservas de pescado.
Por el contrario, la oferta de carnes –en fresco, refrigeradas, congeladas, en conserva- era muy amplia. Por eso no es extraño que el consumo de las sardinas en aceite tan valoradas por los gallegos, o de anchoas y atún, tan estimadas por los italianos, se tuviese que satisfacer con importaciones procedentes de Europa.
Por el contrario, la oferta de carnes –en fresco, refrigeradas, congeladas, en conserva- era muy amplia. Por eso no es extraño que el consumo de las sardinas en aceite tan valoradas por los gallegos, o de anchoas y atún, tan estimadas por los italianos, se tuviese que satisfacer con importaciones procedentes de Europa.
Algo semejante había sucedido con vinos y licores, pero de éstos Argentina consiguió aumentar su producción propia, eso sí, en zonas alejadas de la gran concentración urbana de la capital, como la provincia de Mendoza, mil kilómetros al oeste, a las faldas de la cordillera andina. No tardaron los bodegueros mendocinos en darse cuenta de que para conquistar al bebedor gallego era importante elaborar vinos ‘a la gallega’. Pues aquí tenemos un caso. Un anuncio de las Bodegas Giol y su Vino Toro, “que se asemeja por su bouquet y cuerpo a los afamados vinos del Rivero”.
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| 1922 |
Fundada por italianos, Giol se convirtió en la bodega más importante de Argentina y, como no podía ser menos, allí encontramos a un coruñés como gerente y apoderado general: Tomás Rodríguez Sabio, quien con posterioridad será presidente de la histórica fábrica textil La Primera Coruñesa. La noticia tiene una errata, pues la fábrica era de hilados y tejidos, no de telares.
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| 1937 |
Ya para concluir, la historia de otros dos coruñeses -Seijo y Valdés- que también pusieron su granito de arena a que los emigrados disfrutasen del bouquet y del cuerpo de los vinos de la tierra sirviéndose para ello... de la tecnología alemana. El anuncio que sigue lo encontré en la misma página que otro del citado Vino Toro, en El Correo de Galicia de Buenos Aires.
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| 1922 |
La firma coruñesa Seijo & Valdés afirmaba que “Con 4 pesos [argentinos] puede hacer 100 litros de vino español. No se necesitan aparatos y se pueden fabricar las clases siguientes: Rioja, Clarete, Castilla, Gallego, etc.” Magia pura. Esto suena rarillo. Los enólogos matándose vivos para elaborar caldos sublimes y la cosa ya estaba resuelta en los años 1920. Dos meses después de la publicación del anuncio, El Ideal Gallego de A Coruña recogía la siguiente información:
“Una Agencia de industrias clandestinas. En virtud de denuncia presentada por el fiscal de la Audiencia al Juzgado de Instrucción [el secretario y el oficial del mismo junto con cuatro policías] se personaron en el piso 3º de la casa nº 13 de la calle de San Andrés, donde se halla instalada una agencia que funciona bajo la razón social ‘Seijo y Valdés’, y procedieron al registro de la misma, encontrando unas fórmulas explicando cómo se pueden fabricar 1.000 litros de vinos artificiales; se hallaron diferentes cartas del extranjero y de la península pidiendo las expresadas fórmulas, se incautaron también de prospectos de propaganda y varios periódicos extranjeros y nacionales con los anuncios de la agencia ofreciendo las fórmulas para la elaboración de vinos por cuatro pesos; se encontraron igualmente otros documentos y un barril con polvos blancos que el socio señor Valdés afirmó era crémor. (...) se encontraron más periódicos extranjeros anunciando 20.000 fórmulas alemanas para dedicarse con éxito a la fabricación de infinidad de productos y construcciones de diversos objetos, asegurando que con cualquiera de esas fórmulas se podían ganar 25 pesetas diarias en el propio domicilio del interesado; se encontraron también varias cartas pidiendo a la casa anunciadora fórmulas para fabricar artificialmente vinos, licores, aguardientes, mantequilla, vajilla, dientes de oro, electricidad, jabones, perfumería, etc., etc.; hasta pidiendo fórmulas para producir sueño.”
Valdés y su socio, dos ‘soñadores’, acabaron en la cárcel, aunque no sé si llegaron a ser condenados. Lo curioso es que en el anuncio daban nombre a su ‘poción mágica’, la enocianina, y ésta no es otra cosa que un pigmento extraído de la piel de las uvas rojas. Uno más de entre los muchos milagros que se registran en la historia de la fabricación de vinos, en este caso, el malogrado milagro del tintorro.
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