12 de junio de 2011

AgroLance. Dieta atlántica

1965

El mercado negro de posguerra y... el cazador cazado

Febrero de 1938 –la Guerra Civil española comenzó en julio de 1936-, Julio Muñoz Aguilar es nombrado gobernador de la provincia de A Coruña por las autoridades del bando nacional. En abril de 1939 finaliza la guerra y en julio se le concede a Muñoz Aguilar la Gran Cruz del Mérito Naval. En octubre es nombrado Jefe de la Casa Civil del Jefe del Estado, Francisco Franco.

Mientras no se decide quien va a reemplazar a Julio Muñoz ocupa el cargo de forma interina otro Julio, Julio Ramos Alfageme, un alto funcionario del gobierno civil coruñés. Y al poco tiempo concede una entrevista a un periódico local para dar a conocer sus planes de lucha contra el mercado negro de alimentos y tranquilizar a la población asegurando que ni subirían los precios ni quedaría desabastecida. No han transcurrido más de seis meses del final de la guerra, los precios están tasados y el comercio sujeto a estrictas normas.

Muchos productos no pueden venderse a mayor precio que el fijado oficialmente y las ‘exportaciones’ a otras provincias requieren de la aprobación del gobernador, que se materializa en un documento, la ‘guía’. Vender por encima del precio oficial o exportar sin permiso, sin guía, eran delitos, y pese a ello muchos lo hacían. Estamos ante el mercado negro, conocido en la España de aquellos años como estraperlo: “comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa”, según la Real Academia.

Unos lo practicaban por pura necesidad, para obtener el mayor ingreso posible por la venta de sus productos o para adquirir aquellos productos que no podían conseguir en el mercado oficial regulado. Otros eran puros estraperlistas que se dedicaban a ganar dinero traficando al margen de la ley.

Estamos en octubre de 1939. Cesaron los combates. En toda España se padece escasez, y en Galicia se podían conseguir muchos alimentos, desde patatas y habas hasta pescado, carne o huevos; y por Galicia pululan una nube de intermediarios para adquirir lo que sea y al precio que sea para venderlos al mayor precio posible. Los gobernadores civiles eran las máximas autoridades provinciales en la materia, y nuestro protagonista concedió rápidamente una entrevista a la Hoja Oficial del Lunes de A Coruña para mostrar su mano dura con el mercado negro.

Julio Ramos era consciente de que una manera de frenar el estraperlo consistía en dar la mayor publicidad posible al castigo a que se exponían los infractores; la prensa, controlada por el régimen, publicaba puntualmente listas con los nombres y las penas de los castigados: multas, incautación de  la mercancía, prohibición del ejercicio del comercio o la industria, cárcel.

Julio Ramos Alfageme, que como ya he dicho ocupaba provisionalmente el cargo, se nos revela en la entrevista como un hombre de ideas claras y lenguaje directo, dispuesto a acabar por todos los medios a su alcance con los estraperlistas y a evitar el desabastecimiento local. El reportaje es bastante amplio y voy a reproducir textualmente aquellos párrafos más interesantes. Resalto una parte de las respuestas en letra roja. Las declaraciones del gobernador van detrás de la letra (G).

PRELUDIO
-- (G) Desde que me hice cargo de este Gobierno, no he dejado ni un momento de preocuparme del abasto de la provincia. Es de tal importancia y relieve que, sin una actuación enérgica y una finalidad bien orientada, los problemas se producen a todas las horas y la perturbación alcanza por igual a productores y consumidores.

UNA NUBE DE INTERMEDIARIOS
-- ¿Sabe usted seguramente el sinnúmero de intermediarios que se han caído sobre esta provincia y ciudad?
-- (G) Lo sé y no me extraña. Hágase usted cargo de que una gran parte de España no puede ofrecer de momento ningún producto. La vesania roja arrasó esas tierras, y la falta de estímulo en los agricultores, durante el Frente Popular, hizo que no se preocupasen de los cultivos. Tenemos, pues, que producir para toda España solamente los dos tercios de la nación, ínterin no se recojan en la primavera próxima las primeras cosechas. ¿Qué tiene de extraño que las provincias deficitarias se afanen en lograr productos de que se carece?.
-- Pero esa necesidad hace que las demandas sean exageradas con grave perjuicio del consumidor.
-- (G) Y del productor. ¿Cree usted que no sé yo perfectamente que esos precios que se andan ofreciendo no van a parar en su mayor parte a los productores?. Por eso trato de impedir esos agios o ‘estraperlos’, como ahora se llaman. Ya ve usted la campaña del Gobierno. Que tomen nota los ansiosos que se encuentran en esta provincia. Porque los transgresores serán castigados con la cárcel y sancionados. Mañana empezarán a salir a la luz las primeras sanciones, para que sirvan de advertencia y ejemplaridad.

SEVERO CONTROL DE LAS EXPORTACIONES
-- ¿Cuales son los problemas o productos que merecen su preferencia?.
-- (G) Todos; pero principalmente el pescado, carne, habichuelas, patatas, huevos y leche. Unos por el consumo y otros por la exportación. Por de pronto no autorizaré ninguna exportación sin que se me garantice previamente el consumo de la provincia.
-- ¿Se han dado órdenes en ferias y mercados?.
-- (G) Sí señor. Y a todos los jefes de estación [ferroviaria] y a los jefes de línea, y a los comandantes de los puestos de la Guardia Civil. Sin la guía [documento oficial de venta] no se puede facturar, embarcar, ni circular ningún producto; guías que han de ir firmadas por mi autoridad. De este modo controlo el comercio de todos los productos y sé lo que se pagó a los productores y se cobra a los consumidores en el lugar de destino.

BAJARÁ LA CARNE VACUNA
-- ¿Y el régimen de matadero va a continuar como hasta ahora?
-- (G) ¡De ningún modo!. (...) Se trata, en una palabra, de poner todo en una sola mano a fin de evitar los agios y los sobreprecios. Lo mismo ha de ir haciéndose en todos los mataderos de la provincia.

PUJAS Y FRAUDES EN LOS EMBUTIDOS
-- La Prensa habla de una intervención en las fábricas de embutidos.
-- (G) Naturalmente, porque también producían alzas en los precios del ganado. (...)

NO HABRÁ MÁS PRECIO QUE EL OFICIAL
-- En una palabra, señor Gobernador, que los intermediarios van a ser frenados en sus ansias, ¿no es eso?.
-- (G) Eso mismo. Y el primero que se caiga, responderá con la cárcel y con su bolsillo. En Galicia existe una verdadera nube de intermediarios, ya antes de ahora. Por eso voy a vigilar las ferias evitando a toda costa que se compre por encima del precio oficial.
-- ¿Y cree usted que el ganado tiene un precio remunerador para el labrador?.
-- (G) Eso lo ignoro, y no es de mi incumbencia. Lo único que sé es que se ha dictado un precio por el Estado y que este precio ha de cumplirse por encima de todo. Si se cree que este precio no es remunerador para Galicia, tienen medios las entidades ganaderas de hacer llegar su voz hasta el Estado y éste –esté usted seguro de ello- si ve que tienen razón, hará las modificaciones que se precisen. No se obra ahora ni por caprichos, ni por presiones. Un Estado con autoridad dará a cada cual lo suyo. Y eso por fortuna lo tenemos en España.

HABICHUELAS Y PATATAS, A LA TARIFA
-- ¿Cree usted que se restablecerá muy pronto la normalidad?
-- (G) Antes de ocho días. No saldrá ni un saco de patatas ni de habichuelas que no vaya a su precio de verdad: el de tarifa. Los mercados de esta ciudad estarán abastecidos. En pescado, se me facilitará por los armadores todo cuanto se necesite para nuestro consumo, y el resto se podrá exportar.
-- ¿Y dentro de las plazas de abasto?.
-- (G) Ya sé por donde va usted. Pescado que entre en plaza se venderá a los compradores sin subterfugios de ningún género. (...) He puesto un servicio de fuerzas de Asalto para impedir las mil tretas que suele padecer el público. Y el primero o primera que se caiga, irá a dar con sus huesos a la cárcel, además de la sanción pecuniaria. Quiero que sepan todos los ciudadanos de esta provincia, que todas estas maniobras son para sabotear el régimen y el Estado que por fortuna nos rige, y que los que por sus ansias y su contumacia se olviden de este principio están expuestos a que sean los Tribunales militares los que los juzguen.
-- ¿Y no pueden salir en camiones para otros sitios?
-- (G) El primero que se coja, lo sancionaré con verdadera dureza, sin contemplaciones.

UN AÑO DE BENDICIÓN DE COSECHAS
-- ¿Puede garantizarse el abasto de los principales productos?.
-- ¡Por Dios, hombre!. Si esta provincia es la más ganadera en vacuno, la de mayor producción de patatas ... La riqueza de La Coruña se expresa en cifras casi astronómicas. Además ha sido un año de magníficas cosechas, gracias a Dios. La Providencia ha querido demostrar elocuentemente cómo sabe remediar las necesidades creadas por las huestes de Moscú en esta guerra de redención que acabamos de sufrir. (...)

Dicho y hecho. Empezaron a llover sanciones que, como ya dije, fueron publicadas regularmente por la prensa para dar ejemplo. Aquí tenemos una, al mes siguiente de la entrevista.

1939

Son multadas trece lecheras de Ribeira y A Pobra por vender leche a precio superior al oficial, una de ellas con doble sanción por además “negarse a venderla, en caso de obligarle, a menos precio” que el precio oficial. Casi todas las demás sanciones son por exportar productos a otras provincias sin licencia, entre ellas a “un tal Sandalio, exportador de pescado en esta ciudad”, a un vecino de Lugo “por transportar azúcar escondido en una caja” y a otra vecina también de Lugo “por tratar de exportar de la provincia mercancías intervenidas y que llevaba ocultas entre unos tubos en un camión”.

A base de multas se quería frenar un fenómeno que nacía de fuerzas poderosas. Era tal la escasez de productos de consumo habitual hasta entonces en España que el Vaticano tuvo que tomar una decisión extraordinaria, en octubre de 1940: por primera vez en la historia se autorizó la sustitución del aceite de oliva por otros aceites en la iluminación del Santísimo, e incluso por lámparas eléctricas. Un ejemplo de las muchas innovaciones surgidas de las guerras.


Pero no era fácil frenar el mercado negro, y por ley de 3 de octubre de 1940 se crean las Fiscalías de Tasas, con la siguiente justificación: “La persistencia en muchas provincias de abusos en la venta de artículos de primera necesidad, sujetos al régimen de tasas, y el aumento de la especulación en esta materia, con daño grave para el abastecimiento de las poblaciones y los hogares humildes españoles, exigen medidas de rigor que corten, de una vez, estas criminales maniobras que, de persistir, llevarían al hambre y la ruina a todos los sectores de nuestra Nación, imponen la ejemplaridad y la rapidez en la corrección de las infracciones, sin que los trámites jurídicos puedan servir de escudo a los infractores, maestros en las argucias de perturbar o burlar a la Justicia con trámites o retrasos”.

La ley tenía otros artículos que revelaban su carácter excepcional. Dos de ellos merecen ser destacados: en el artículo 7º se establecía que de las multas impuestas “percibirá un cuarenta por ciento el denunciante”; y en el artículo 13º se estipulaba: “Cuando por los antecedentes y actividades de los infractores contra el régimen o su conexión con elementos revolucionarios o expatriados, existan vehementes indicios del propósito de perturbación del orden o de la economía nacional por los culpables o la trascendencia del hecho, por los graves daños que a la Nación pueda causar, lo merezca, los Tribunales de Justicia que así lo aprecien deberán considerarlo comprendido dentro del delito de rebelión, y hacer aplicación, en su caso, de las penas que el Código de Justicia Militar establece para el castigo de estos delitos”.

En resumen, se premiaba la delación y se autorizaban los Consejos de Guerra para los casos digamos graves. Bueno, pues no había pasado una semana desde la publicación de la Ley cuando la prensa daba cuenta de un Consejo de Guerra a varios infractores. Fíjese el lector en quién era el primer acusado.

9-10-1940

Ni más ni menos que nuestro protagonista, Julio Ramos. Me pregunto que tendría en mente el redactor cuando eligió el adjetivo interesante para el título de la noticia. Acá tenemos dos versiones diferentes.


 


Entre los acusados figuraba un comerciante de Santiago, José Vilas Sobrino, que aunque había sido directivo de la Juventud Republicana Radical desde 1934, ya en 1938 ofrecía su casa para alojar alféreces del ejército franquista y recibía el agradecimiento del Auxilio Social por sus donaciones. También tenemos al dueño de una droguería de A Coruña –Víctor Vázquez Paredes-, y a un miembro de una destacada familia coruñesa –César Suárez de Centi-. 

Pero el más destacado de los acusados, y para quien el fiscal solicitaba una importantísima multa (1.400.000 pesetas), era Domingo González Botas, almacenista y comerciante de Carballo, de origen maragato, y concejal en la primera corporación municipal franquista de su pueblo, en septiembre de 1936. Cuando lo someten a Consejo de Guerra ya había sido multado varias veces por estraperlo. Y lo cierto es que siguió en sus trece y se convirtió durante la 2ª Guerra Mundial en traficante de wolframio.

Martín Tardío, Juan Jesús (2000), Puenteceso (La Coruña), Toledo.

Desconozco tanto la condena final como los delitos concretos por los que Julio Ramos fue acusado. Cohecho, malversación de fondos y auxilio a la rebelión, según el fiscal. Cohecho es el delito que comete un funcionario que acepta sobornos. Malversar fondos es apropiarse de dinero público. ¿Auxilio a la rebelión?. Imagino que sería por facilitar el estraperlo y, como decía el artículo 13 de la ley antes citada, dañar así a la economía nacional.

No creo que nuestro ‘cazador cazado’ hubiese apoyado a elementos revolucionarios. Era el típico funcionario que había ido ocupando cargos administrativos en los gobiernos provinciales. Tras ser secretario del gobernador de Córdoba en 1935, en abril de 1936 fue designado Jefe de Negociado de 1ª Clase en el gobierno civil de A Coruña, donde se mantuvo durante la Guerra. Su momento de gloria como gobernador interino duró poco.

El reportaje concluía del siguiente modo: “Hasta aquí nuestra conversación con el señor Ramos Alfageme. Tan interesante es que estamos seguros de que nuestros lectores disculparán la extensión en mérito a los alcances de la misma”. Desde aquí un “totalmente de acuerdo” al anónimo reportero.


7 de junio de 2011

La Granja Avícola de Monteporreiro

Monteporreiro está a corta distancia de la ciudad de Pontevedra, a orillas del río Lérez. El nombre suena a remoto, a lugar frío y apartado quizás frecuentado por consumidores de cannabis, pero nada más lejos de la realidad porque se trata de un lugar de clima agradable que para la historia agraria gallega está asociado a la importante granja establecida allí por un empresario nacido en Galicia que hizo fortuna en América, Casimiro Gómez Cobas.

Quiero aclarar, antes de nada, que el término ‘granja’ nunca se ha usado en Galicia para designar la explotación agraria tradicional, ni la campesina ni la de los propietarios importantes. Los monasterios llamaban así a aquellas haciendas en las que los propios monjes ejercían o dirigían el cultivo, pero granja nunca fue aplicado a la casa de labranza o al pazo. Tampoco tuvo uso el término quinta y no digamos estancia, como las que nuestro protagonista poseyó en Argentina. Y la palabra finca fue adoptada por algunos empresarios agrarios, pero en su uso más frecuente significa leira en gallego, y una leira no es más que una parcela de cultivo, no una explotación agraria.

Granja suena a lo que la Real Academia define como “Finca dedicada a la cría de animales” pero al gallego de a pie le suena más bien a ganadería industrial, a naves en las que se crían cerdos y pollos o se producen huevos. Es una palabra que no se asocia al labrador que cultiva diferentes plantas y que cría distintos tipos de animales, sino a un ganadero especializado. Por eso siempre tuve problemas para traducir farm o farmer y que mis alumnos no pensasen en pollos y huevos o en vacas y terneros. Líos terminológicos que hay que tomar en cuenta para no liarse.

Acá tenemos un mapa en el que se ve la ubicación de Monteporreiro, muy cerca de Pontevedra.


 
Monteporreiro era un monte de aprovechamiento comunal que después de varias vicisitudes –que relataré al final- acabó siendo adquirido en 1900 por el ya citado Casimiro Gómez, nacido en Viascón (Cotobade) en 1854 y fallecido en Vigo en 1940.


En 2009 ha salido a la luz una biografía del mismo, escrita por Graciela Blanco, en el volumen Empresarios de Galicia 2, promovido por Fundación CaixaGalicia y coordinado por Xoán Carmona.

Su padre Benito era labrador pero también ejercía de carpintero y su abuelo paterno Francisco Gómez figura en tiempos del Catastro de Ensenada, a mediados del siglo XVIII, como arriero-comerciante con recua de cinco mulas de carga.

Catastro de Ensenada. Viascón (Cotobade)
Casimiro emigró muy joven, se estableció en Argentina, y no tardó en convertirse en importante industrial del cuero y en gran hacendado agrícola y ganadero. Con sus negocios bien establecidos allá, decidió emprender nuevos negocios y actividades en su Galicia de origen, y escogió como emplazamiento Monteporreiro, a poco más de 10 kms de su aldea natal.

Allí montó balneario y embotelladora de agua mineral –Aguas del Lérez-, edificó la Villa Buenos Aires y dedicó también gran parte del extenso terreno a granja para cultivo y cría de ganado. Y digo extenso pensando en lo que era habitual en Galicia, porque las 70 hectáreas de Monteporreiro eran una minucia, algo liliputiense, comparado con lo que Casimiro López poseía en Argentina. La sede bonaerense de su firma ocupaba 20 hectáreas, y su estancia La Nacional en la provincia de Córdoba 25.000; en la de San Luis poseía otras tres haciendas, que superaban en total las 60.000 hectáreas.

En sus primeros 25 años, hasta mediados de los años 1920, la finca tuvo un uso mixto como villa residencial, con balneario y fábrica de aguas minerales, y con explotación agrícola, ganadera y forestal. A su negocio balneario y de aguas minerales ha dedicado un libro Xosé Manuel Pereira, publicado en 2010 por la Diputación de Pontevedra, y titulado El balneario del Lérez. La aventura termal de Casimiro Gómez. El mismo autor ha publicado una breve biografía de nuestro personaje. Ahí va un anuncio curioso sobre las bondades de las aguas de Lérez, las más 'radiactivas' y con 'diez mil voltios hora por litro'.

1908

Numerosas crónicas periodísticas reflejaron la abundancia de actos que se celebraban en la villa Buenos Aires, con asistencia de la alta sociedad.

1911
Y también dieron cuenta de las múltiples iniciativas filantrópicas de nuestro protagonista, fuese para construir centros educativos y de asistencia sanitaria o bien para ceder dos hectáreas de terreno para una estación de piscicultura.

Pero mi propósito es mostrar la faceta de explotación agropecuaria y de ‘granja modelo’ de Monteporreiro. En sus estancias argentinas Casimiro había introducido razas selectas de vacuno y de otras especies, y envió ejemplares reproductores a su finca pontevedresa para contribuir a la mejora ganadera de su tierra natal. De dichos envíos –con escala en Barcelona- dejó constancia la prensa, tal como se comprueba en una noticia de julio de 1904:

Ganadería gallega.- Procedente de Buenos Aires se recibió en Pontevedra el ganado que envía el entusiasta gallego D. Casimiro Gómez y que llamó la atención en Barcelona donde fue visto y admirado (...) Componen el envío ocho magníficos caballos, dos toros, ocho terneras y cuatro carneros, los cuales serán trasladados a su quinta Monte Porreiro. Pertenece este ganado a las mejores razas y los manda el Sr. Gómez con destino a la reproducción para mejorar la ganadería regional. Proponiéndose hacer nuevos envíos de reproductores.”

Monteporreiro se convirtió así no sólo en balneario y residencia del ‘opulento’ hombre de negocios, sino también en una especie de centro de difusión de innovaciones en asuntos agrícolas y ganaderos. Algo semejante a una ‘granja modelo’. No era del Estado y, como veremos, aspiraba a ganar dinero, pero Casimiro Gómez deseaba que la Granja aportase su grano de arena a la causa del progreso agrario gallego.

Es a partir de 1925, tras la muerte de su cuñado José Palmés y con Casimiro establecido en Galicia ya con 70 años, cuando se aprecia que Monteporreiro se orienta a granja avícola, sin por ello abandonar otras actividades ganaderas. Un anuncio de 1927 revela claramente dicha especialización.

1927

Atención, fijémonos, ¿era una granja que obtenía huevos y pollos destinados al consumo?. En absoluto. Su propósito era abastecer de gallinas ponedoras, de incubadoras e incluso de piensos a los que se dedicaban a producir huevos y aves. Era una proveedora de insumos a los avicultores. Se ofrecen incubadoras Buckeye, de fabricación norteamericana; harinas de pescado Atlantic, que eran importadas pero no sé de qué país; y aves de todo tipo: gallinas, ocas, gansos, pavos y hasta ... ¡patos mudos!.

Hay que tener en cuenta que en los años 1920 la avicultura gallega había cogido vuelo. Huevos y carne de ave eran cada vez más demandados en las regiones más prósperas y urbanizadas de España, y España era muy deficitaria en ambos productos. En una noticia de noviembre de 1917, ante las protestas surgidas en A Coruña por la escasez de huevos y por su elevado precio, los comercializadores alegaban que “la exportación [a otras regiones de España] no es de ahora; solamente que aumentó desde la guerra europea, al faltar los huevos que venían de Marsella y de África.

La 1ª Guerra Mundial había dificultado las importaciones, y los envíos de huevos gallegos por ferrocarril a Barcelona y otras ciudades se habían multiplicado. Al igual que los precios. Según mis propios cálculos, el precio de los huevos en el mercado de Lugo pasó de 1,5 pesetas por kilo en 1910-11 a casi 2 en 1915-16, y luego a 2,6 pesetas en 1919; 3,5 en 1920 y 3,7 en 1921.

La avicultura familiar campesina era la responsable del aumento de la oferta. Rof Codina estimaba en 1923 que la producción gallega era de 450 millones de huevos, un cálculo aproximado basado en tres supuestos: que eran 300.000 las familias con gallinero, que cada uno de éstos contaba con 15 gallinas, y que cada gallina ponía 100 huevos anuales.

Desde años atrás los expertos en la materia venían insistiendo en la necesidad de mejorar la avicultura. Mejores instalaciones y métodos de cría y, sobre todo, razas de gallinas seleccionadas. Tal era el papel que quería desempeñar la granja de Monteporreiro, pero no su único objetivo, pues también se esforzaba en introducir y aclimatar variedades más productivas de cerdos, conejos o vacas.


Monteporreiro. Anuncio de 1929

Vemos que la Granja ofrece Conejos Gigantes, cerdos Large White y vacuno holandés, además de presumir de los distintos premios recibidos en exposiciones y concursos. Un reportaje sobre el funcionamiento de la Granja y las ideas de Casimiro vio la luz en el diario El Pueblo Gallego en 1931.
 
La Granja de Monteporreiro. Escribir algo de Pontevedra, en el orden de los grandes negocios y no ocuparse de esta Granja, es imposible. Es una empresa a la que dio cima, tras grandes dispendios y sacrificios, su propietario Excelentísimo señor don Casimiro Gómez Cobas, cuya personalidad no vamos ahora a describir por ser sobradamente conocida: su nombre va unido a cuantos negocios suponen algo en nuestra región. (...) Conocedor el señor Gómez Cobas de nuestros deseos, amablemente y en compañía del administrador de la finca, don Francisco Hermida, verdadera autoridad en cuestiones avícolas, hemos empleado una tarde entera visitando la Granja Monteporreiro, quedando maravillados de la organización y criterio científico que allí impera para la reproducción, cría y selección de aves. Magníficos ejemplares de gallinas de las mejores razas: Leghorn blanca, Rhode Island roja, Wyandette, etc, etc., en cantidades asombrosas desfilaron ante nuestra vista, en modernísimos gallineros y en grandes parques.
De estas razas –según nos dijo el señor Hermida- se exportan no solamente huevos para la incubación, sino también polluelos y ejemplares adultos. Como detalle curioso, hemos de hacer constar que tanto las incubadoras de diversas capacidades como los ponederos, tolvas, bebederos y demás aparatos de la moderna industria avícola, son fabricados por personal especializado en estos trabajos, en talleres mecánicos de la Granja, cuya maquinaria es movida por energía eléctrica que igualmente se produce allí para estas y demás finalidades de la finca Monteporreiro. Fuimos informados igualmente por el señor Gómez Cobas de que los aparatos construidos en sus talleres no solo sirven para cubrir las necesidades de su industria avícola, sino que además son vendidos en toda España con la marca registrada ‘Royal’.
Otras grandes extensiones de terreno están destinadas con sus dependencias anexas a la cría de diferentes especies de ganado: admiramos magníficos ejemplares de vacuno ‘Frisia’, holandeses; de Large White (los mejores y más grandes del mundo según nuestros informes); conejos raza ‘Gigantes’, etc. Y por último visitamos también los departamentos especiales dedicados a la industria lechera, de cuyo producto salen grandes cantidades de la Granja Monteporreiro.
Antes de despedirnos del señor Gómez Cobas y su apoderado señor Hermida, en las oficinas de la administración, en las que descansamos un rato, vimos innumerables diplomas y otras distinciones con las que fue justamente recompensado el señor Gómez Cobas, en cuantas exposiciones y concursos presentó sus productos. El señor Gómez Cobas, gran enamorado de su industria, a la que dedica la mayor parte de su atención, nos decía contestando a ciertas aclaraciones que le pedimos y ya a punto de marchar: “Con los modernos procedimientos que, como usted ha visto, se emplean actualmente, cualquiera puede dedicarse a la avicultura. Los sistemas de alojamiento, alimentación, reproducción y crianza que aquí sigo y que han causado a usted tanta admiración, hacen que los pollos puedan desarrollarse con facilidad, evitándose las enfermedades que antes reinaban y aniquilaban los gallineros. Hoy la avicultura –siguen diciéndonos- puede practicarse empleando menos tiempo que hace años, y no dando apenas trabajo. Esto no quiere decir, claro está, que no deba prestársele la debida atención, pero con los sistemas modernos se facilita mucho la labor a realizar. El material de incubación que usted ha visto construir y funcionar, se confecciona con tal perfección que se obtienen muchísimos más pollos y se crían más fácilmente, sin tener, por otra parte, que prestarles continua vigilancia.
La avicultura –sigue indicándonos siempre con el mismo entusiasmo- es una industria lucrativa. No se puede hacer caso a los que digan que se pierde dinero criando gallinas. No es cierto el refrán de que ‘ave de pico, no hace al amo rico’. Forman legión los que se entusiasmaron anteriormente con la avicultura y hoy maldicen de ella, por haber fracasado ruidosamente, atribuyendo las causas del fracaso a lo poco lucrativa que es esta industria, cuando en realidad la única causa ha sido generalmente el empezar sobre bases y procedimientos equivocados. Puede usted asegurar –dice- que en la actualidad la avicultura es una de las industrias más lucrativas que existen, pero es preciso para ello salir de las rutinas antiguas, aplicándole todos los adelantos científicos modernos. Y puedo asegurar a usted también que existen miles de personas que ganan dinero dedicándose a la avicultura. (...)”.

Un texto que confirma lo ya señalado anteriormente: Monteporreiro ofrecía tanto material avícola como reproductores de porcino Large White o de ganado vacuno para leche. La principal novedad es que ahora la Granja fabrica sus propias incubadoras marca Royal. Veamos la imagen de una incubadora alemana de principios de siglo, y luego la versión que se manufacturaba en Monteporreiro.

Incubadora Sartorius (1909)


Después de este repaso a las actividades de la Granja Avícola de Monteporreiro, toca preguntarse en qué medida contribuyó al avance de la avicultura no ya gallega, sino pontevedresa, tanto en su faceta de proveedora de insumos como en la de granja modelo. No dispongo de datos sobre sus ventas de gallinas Leghorn o Rhode Island, o de incubadoras Royal. Pero los informes acerca del sector avícola de los años 1950 señalan que en Galicia seguía siendo muy mayoritaria la gallina campera y el gallinero tradicional.

El material avícola de Monteporreiro estaba orientado hacia los avicultores avanzados, dispuestos a especializarse y a invertir casi como empresarios. Fijémonos, sino, en las condiciones de venta que la Granja establecía en un anuncio de 1928. Pago anticipado, envíos por cuenta y riesgo del comprador y solo a estaciones ferroviarias, responsabilidad del comprador si fracasaba la incubación, etc.

1928

Son condiciones propias de los negocios entre empresas, no aptas para labradores. Y con el riesgo añadido de que el mal funcionamiento de los transportes provocase la rotura de los huevos o la muerte de los polluelos.

La otra faceta de Monteporreiro fue la de Granja Modelo, en colaboración con las Diputaciones gallegas. Un lugar al que podían acudir los interesados en ver con sus propios ojos los gallineros modernos, las gallinas de raza, las incubadoras. Un ejemplo de este tipo de visitas lo hallamos en una crónica de 1934.

1934

Trescientos agricultores dedican una hora a conocer la Granja. ¿Era éste el camino para que los avicultores domésticos pudiesen adquirir conocimiento práctico de las mejores técnicas en la cría de aves?. No creo. Era desde luego mejor que nada, quizás un buen escaparate, pero le faltaba el enfoque práctico imprescindible. No generaba el ‘efecto imitación’ que suele provocar el ver que un vecino tuyo, con tus mismos medios, consigue buenos resultados. Esta era la virtud del modelo cooperativo, cuya ausencia en la avicultura gallega tanto lamentaban los expertos, asunto del que escribiré en otra ocasión.

A destacar, además, que la Guerra Civil y la larga postguerra paralizaron los esfuerzos modernizadores. Cuando los alimentos básicos escasean para los humanos y todo se aprovecha, las gallinas tienen que conformarse con lo que picotean en el campo o con restos de tercera categoría. Que la falta de piensos era un obstáculo fundamental queda a la vista en el anuncio de la conservera de los López Valeiras, ofreciendo calcio molido para las aves. Es de 1939.
1939

Nada que ver este “super alimento a base de harina de cáscara de almejas y berberechos” con las citadas harinas Atlantic que distribuía Monteporreiro en los años 1920, descritas en un anuncio de 1925 del siguiente modo:
1925

En octubre de 1940 fallece en Vigo Casimiro Gómez Cobas, un mal momento para recibir los aplausos que bien merecía, reservados entonces casi en exclusiva a los héroes de la Guerra Civil. La Granja de Monteporreiro se mantuvo en funcionamiento, pero muy alicaída; eran malos tiempos para la lírica y ... para la avicultura.

Granja Monteporreiro, anuncio de 1946

Ignoro qué fue de ella en las décadas siguientes. Pero sí es bien conocido que el despegue definitivo de la avicultura gallega no tuvo lugar hasta los años 1960, un despegue en el que las Cooperativas Orensanas (COREN) alcanzaron gran protagonismo. De un indiano millonario en solitario pasamos a una Cooperativa oficial que disponía de una Caja Rural y era dirigida por un maestro rural: Eulogio Gómez Franqueira. Con la participación inicial de una empresa multinacional, Swift, una de las grandes norteamericanas del sector. Ahora sí, cuarenta años después de los esfuerzos de Monteporreiro, los gallineros domésticos dejaron paso a las granjas.

Monteporreiro, de monte comunal a finca particular

Monteporreiro era un monte de aprovechamiento comunal que fue vendido por el Estado al amparo de la ley de desamortización de 1855. Aclaremos que las leyes desamortizadoras fueron promulgadas por los gobiernos liberales con el fin de colocar en el mercado grandes extensiones de terreno que estaban en ‘manos muertas’. Eran propiedades pertenecientes a la Iglesia, a los Concejos y a otras instituciones que se limitaban a arrendarlas, y que no las vendían para evitar la disminución de su patrimonio, de sus futuras fuentes de ingresos.

Los políticos y economistas liberales sostenían, por el contrario, que el progreso de la agricultura sólo sería posible si se conseguía que la tierra pudiese cambiar de manos, ser vendida libremente a quienes tuviesen mejores medios e ideas para obtener el máximo rendimiento de las mismas, a los más ‘vivos’. Y con este fin, el de que las ‘manos vivas’ reemplazasen en la explotación de las tierras a las ‘manos muertas’, se expropiaron las de los monasterios –desamortización de Mendizábal- y las de los Concejos y otras instituciones –desamortización de Madoz-.

En Galicia eran pocos los Concejos con bienes territoriales, pero sí existían muchos montes comunales, en ‘mano común’, montes que explotaban las comunidades de vecinos para alimentar al ganado, para obtener toxo y otras plantas usadas en la obtención de estiércol, para disponer de leña y madera, etc. Este era el caso de Monteporreiro, cuyo aprovechamiento correspondía a los vecinos de Mourente (Pontevedra).

Sabemos, por el Catastro de Ensenada, que abarcaba en conjunto casi 60 hectáreas (882 ferrados), y que una parte importante de su superficie estaba plantada con robles [carballos]. La tabla adjunta procede del libro de Xosé Carlos Morgade titulado As Devesas Reais da parroquia de Mourente (Concello de Pontevedra 2003).



No sé por qué razones, pero Monteporreiro fue expropiado y vendido, al revés de lo sucedido con buena parte de los montes en ‘mano común’ de Galicia, que se salvaron de la desamortización y ahí siguen, unos repletos de pinos y eucaliptos, otros arrendados a ganaderos y a firmas vitícolas, y otros, cada vez más, repoblados con generadores eólicos de electricidad.

El caso es que Monteporreiro pasó en primera instancia a manos de un particular, Joaquín Baeza Nieto, abogado natural de Tenerife que vivía en Pontevedra tras haberse casado con Isabel Sarabia Pardo y Osorio. Fue diputado, senador, gobernador en varias provincias, director de la Gaceta de Madrid, y no tuvo nada que ver con el mundo empresarial o con la agricultura.
Joaquín Baeza (1855)

Al igual que otros compradores de montes con arbolado, su interés no fue establecer en él una explotación agraria o forestal, sino vender rápidamente los árboles existentes, castaños y robles. Un caso frecuente en la desamortización: los terrenos dejaron de pertenecer a las ‘manos muertas’ –o a la mano común, muy denostada por los liberales frente a la mano privada- y fueron a parar a manos ‘muy vivas’, a espabilados y especuladores.

Pero el diputado Joaquín Baeza se encontró con la oposición de los vecinos a las cortas del arbolado y en 1861 reclamaba contra ellos. Diez años atrás dichos vecinos ya se habían opuesto a que su monte comunal se convirtiese en ‘dehesa real’, en terreno para plantar árboles con destino a madera para los navíos de la Armada (Morgade 2003, p.121). Así que este primer propietario particular de Monteporreiro no lo tuvo fácil, y se vio obligado a subastar la finca en 1867. Nadie pujó por ella y decidió ... rifarla, con escasos resultados. Confieso que cuando descubrí esto de la rifa me quedé ... con los ojos a cuadros.

Menos mal que, al final, Monteporreiro llegó a buenas manos.

31 de mayo de 2011

El comercio de ganado vacuno. Los tratantes de Garabás (Maside)

 
En torno a los gallegos y las vacas hay varias ideas o escenas tópicas bastante extendidas, y no negaré que tienen su fundamento. Una de ellas es la del gallego y su vaquiña a la que tanto quiere o, mejor dicho, a la que tanto quería. La otra es la escena, que trataré con más detalle, del paisano que va a vender su vaca a la feria y tiene que negociar el precio con ... el tratante de ganado.

Empecemos por aclarar las razones del primer tópico. ¿Por qué nunca se habla del gallego y su porquiño, del gallego y su ovelliña, o del gallego y su gallina?. Pues porque la vaca podía llegar a convivir con la familia campesina diez y más años, dando crías y leche, trabajando los campos y tirando del carro. Por eso se le ponía nombre, y se le tomaba aprecio por tantos servicios que prestaba. Además, eran numerosas las familias que poseían una sola vaca, o dos, lo que reforzaba el vínculo.

Algo parecido podía suceder con los bueyes, pero disponer de bueyes no estaba al alcance de tantos. O con caballos, yeguas y mulas. Los demás animales tenían una vida más corta, y en el caso de los cerdos se engordaban para el sacrificio durante, pongamos, seis meses, ¿para qué bautizarlos?.

Además del componente sentimental, del posible encariñamiento, estaba el aspecto material. Muchos campesinos tenían en la venta de vacuno una fuente importante de ingresos, y de ahí que realizasen esfuerzos que hoy nos parecerían desproporcionados por cuidar al animal, y que soportasen largas caminatas para llevarlo a la feria.

Y en la feria tocaba negociar con el tratante, una escena repetida millones de veces, nuestro segundo tópico. El cariño, si es que lo había, cede el paso al interés material. Dejando a un lado a los comerciantes mayoristas que remitían bueyes cebones por barco a Inglaterra –un negocio de los años 1850 a 1880- o luego por ferrocarril a Madrid, Barcelona y otras ciudades –a partir de la década de 1880-, el primer escalón del comercio de vacuno lo ocupaban los tratantes, que eran quienes acudían a las ferias o a las propias casas de los labradores y entraban en contacto directo con ellos.

Yo, criado en puerto de mar, sabía como se vende el pescado en la lonja. Una subasta a la baja que se detiene cuando el comprador acepta el precio. Pero sin experiencia en la compraventa de vacas, me preguntaba: ¿qué conversación se desarrolla entre el dueño del animal y el tratante?. Mi única referencia era un dicho gallego que resume tal tipo de negociación: “Amiguiños sí, pero a vaquiña polo que vale” [Amiguitos sí, pero la vaquita por lo que vale]. En la frase el vendedor recuerda al comprador que por muy buena relación que puedan mantener quiere un precio justo para su vaca.

Bueno, pues aquí tenemos una versión detallada de la conversación. El texto forma parte de una obra titulada A Feira do Carballiño publicada por Xosé Fariña Jamardo en 1981, en la que nos narra muchas historias relacionadas con la famosa feria. Pude apreciar que tienen una base muy real, que el autor sabía muy bien de lo que hablaba, y que se corresponden al período 1940-60, a la larga postguerra. Como está en gallego y su vocabulario es algo complicado, lo he traducido al castellano manteniendo algunos giros del idioma original.

La muda protagonista es una vaca de raza rubia gallega, una vaca marela [amarilla] tal como se le llama en Galicia.



Los que negocian son una labradora ya mayor, acompañada por su hijo, y un tratante de Garabás, un pueblo al norte de Ourense, a medio camino entre el Ribeiro vitícola y las comarcas ganaderas circundantes, cuyos vecinos se especializaron en el trato de ganado vacuno. De esta especialización hablaré más abajo.



Aclaro algunas palabras: marela, como queda dicho, es el nombre genérico para la vaca rubia; los de la blusa negra son los tratantes de Garabás, por su atuendo característico; y jaramago –en el texto original saramago, como el escritor portugués- es una planta no deseada, que invadía los cultivos.

¿Quién ganará la partida?.




Combate nulo pero interesante, en mi opinión. Me gusta sobre todo el primer asalto, cuando las partes lanzan golpes del estilo de “no digo que no”, “todo puede ser”, “si se puede saber”, “como saber se puede saber todo”, “se puede pero no es lo correcto”, “como poder, se puede”. En el segundo asalto la cosa se acelera, y el tratante suelta un carajo tras un golpe a la mandíbula de 40.000 reales (10.000 pesetas).

El de Garabás, todo un profesional, reacciona a la defensiva, despliega sus artes de seducción, examina en detalle al contrincante buscando sus puntos débiles, trata de desconcertarlo con movimientos de cintura, y al final, tras cabrear a la labradora y a su hijo, lanza un contraataque de 32.000 reales. Último asalto: nadie cede y... empate.

Después de asistir a este sencillo caso práctico de lo que en economía se llama ‘costes de transacción’, un concepto de gran relevancia [Google ofrece 4,9 millones de entradas cuando buscamos “transaction costs”], toca por fin aclarar el pequeño misterio de por qué un buen número de vecinos de Garabás ejercía de tratantes de ganado.

Digo pequeño misterio porque nada tiene de extraño que donde abunda la arcilla surjan alfareros y donde hay mucho viñedo surjan fabricantes de aguardiente. Pero aquí estamos ante una especialización que no se basa en los recursos naturales, y que era semejante a la que existía en otras localidades próximas a Garabás: Cea estaba especializada en el pan de trigo, Arcos en la elaboración de pulpo, Dacón en el comercio de jamones y Nogueira de Ramuín en el afilado de cuchillos y el arreglo de paraguas.

Todos coinciden en ser oficios ambulantes, que se ejercían por las ferias o por el mundo adelante. Y todos en torno a la comarca de O Carballiño, cuya ubicación puede verse en el siguiente mapa.



¿Son especializaciones muy antiguas?. Casi todas. Acudamos al Catastro de Ensenada, de mediados del siglo XVIII. Ya existían entonces las panaderas de Cea y las pulpeiras de Arcos. En Dacón destacaban los comerciantes de géneros alimenticios, aceite sobre todo, aunque no se hacía mención expresa de los jamones. Y los de Nogueira tampoco estaban por entonces de afiladores y paragüeros, pero el Catastro sí listaba a 18 vecinos que ejercían de sogueros-cordeleros y a otros 30 que eran tenderos de mercería que vendían por los pueblos agujas, tijeras, cintas, etc. Un claro precedente de su posterior ocupación.

¿Qué pasaba en Garabás?. Según el Catastro, contaba con 165 vecinos cabezas de familia, y de ellos nada menos que 74 ejercían oficios, aunque además solían tener labranza. Junto a los habituales carpinteros y sastres, a cuatro vecinos se les atribuye el oficio de comerciantes de ganado y a diez el de tratantes de madera.

Sin embargo, atención, son 34 vecinos los relacionados con la elaboración de cueros y productos de cuero. Por sus utilidades –denominación que se usa en el Catastro para designar los ingresos- están en cabeza los 18 zapateros (6.600 reales en total) y en segundo lugar los tres ‘Curtidores de cueros para loros, sogas y gargantillas de Ganado Bacuno’ (3.564 reales).

Encabezamiento lista de curtidores (1752)

Había además nueve ‘curtidores de baqueta’ y cuatro ‘maestros de monterías’ que fabricaban productos destinados a las monturas del ganado equino y mular. En definitiva, era un número reducido el de tratantes de ganado ‘puros’ pero existía un negocio considerable, dado el tamaño del pueblo, de elaboración de productos de cuero para el ganado mayor. Y ello, a su vez, exigía abastecerse de pieles vacunas y andar por las ferias y por las aldeas para comprarlas. Aquí me parece que está la clave.

Los de Garabás tenían una arraigada tradición en comprar ganados y pieles, y en vender loros, sogas, gargantillas o monturas para el ganado vacuno o equino. Con estos antecedentes, no es extraño que a partir de los años 1880, en que aumentan las salidas de vacuno gallego por ferrocarril hacia el interior de la península, aprovechasen su experiencia como tratantes no ya para conseguir pieles, sino para un negocio de mucho mayor volumen: adquirir bueyes y terneros con destino a los mataderos de Barcelona, Madrid o Zaragoza, con destino a una población urbana en expansión que demandaba cada vez más carne. Aunque también pudieron haber participado en el suministro de bueyes a los mayoristas que, desde Vigo o Vilagarcía, se encargaban de exportarlos a Inglaterra y Portugal, un tráfico que adquirió impulso a partir de 1860, aproximadamente.

Para que el lector se haga una idea, a principios del siglo XX salían de Galicia anualmente por tren, y ya mucho menos por barco, entre 100.000 y 150.000 cabezas de vacuno, y rondaron las 200.000 cabezas en los años 1920 y 1930. El ganado se enviaba en vivo puesto que todavía no existían mataderos industriales en Galicia por aquellos años. El de O Porriño tuvo corta vida.

Debió de ser, por consiguiente, desde los años 1870 o 1880 cuando los de la blusa negra, los tratantes de Garabás, adquirieron más presencia en las ferias. Otro dicho popular se encargó de reflejar esta actividad: ‘Nos tratos cos de Garabás, mira o que fas’ [En los tratos con los de Garabás, mira lo que haces], una alusión a los trucos que empleaba el tratante para conseguir mejores precios. Queda claro que los vendedores de nuestra crónica de la feria de O Carballiño conocían el refrán.

Por cierto, el oficio de fabricar sogas y otros elementos de cuero para el manejo del ganado y las labores agrícolas se mantuvo hasta muy tarde en Maside -el concejo al que pertenece Garabás-, pero ya ha desaparecido. En un reportaje de Xosé Ricardo Rodríguez Pérez realizado en 1997, se entrevistaba al último talabartero de la zona, Camilo Fernández.

Camilo hace hincapié en que la piel o cuero curtido era de vaca, más gruesa y por ende de más consistencia. La de becerros se emplea solo para el calzado. (...). Tenía confeccionados otros elementos: cuatro tipos de pexas que según las medidas eran para caballos, burros, ovejas y cabras, con las que amarraban las patas de estos animales. También varios tipos de sogas, la mayor de 2’5 metros; loros o timoeiros que se usan para sujetar el arado y el carro al yugo o canga, (...)”.

En la foto siguiente puede verse el repertorio de útiles de cuero que elaboraban los de Garabás y otras parroquias del contorno; está tomada del libro Ourense etnográfico, publicado en 1998 por la Diputación de Ourense.



Y ya por último, el texto original del trato.