15 de enero de 2012

Los 'touros' del Barbanza y sus peculiares corridas (1)

Casi todos los gallegos saben de la existencia de los ‘curros’ y de las ‘rapas das bestas’ que se realizan desde hace siglos para reunir, marcar y cortar las crines de los caballos y yeguas que viven y pastan libremente en los montes de ciertas comarcas. Como se trata de animales cuasi salvajes suelen producirse escenas espectaculares y no es de extrañar que estas tradicionales tareas de los ganaderos se hayan convertido en fiestas populares y reclamo turístico.

Incluso se editan guías del estilo Rutas con Encanto, que bien podrían llamarse en nuestro caso Guía del Currante o Guía del Trotacurros, y perdón por la bobada.


Rof Codina subrayaba, a principios de los años 1930, el componente espectacular de los curros: “La práctica de reconcentrar las yeguas salvajes en un encerradero [curro] es de las más pintorescas por la infinidad de lances que se suceden al sujetar estos animales para cortarles las crines, al separar las crías de las madres y los animales de desecho, así como al marcar a fuego los ejemplares que se seleccionan para aumentar la yeguada.

En una crónica de 1968 sobre la ‘rapa das bestas’ de Mougás en Oia (Pontevedra) se decía de las rapas que eran una ‘fiesta brava de excepcional atractivo’.

Pues bien, una de las comarcas que mantuvo y mantiene ‘ganado salvaje’ es la comarca del Barbanza, una pequeña península entre la ría de Muros y la ría de Arousa. Acá tenemos un mapa en el que he resaltado algunas localidades que luego aparecerán en nuestra historia.

Mapa de la península del Barbanza, años 1980
En la sierra del Barbanza los picos más altos no superan los 700 metros y existen amplias zonas llanas, los llamados ‘chans do Barbanza’, poco indicadas para el cultivo pero aprovechadas para mantener ganado en libertad. El Catastro de Ensenada, de mediados del siglo XVIII, ya atestiguaba esta forma de ganadería. Acá tenemos lo que declaraban los peritos del Catastro respecto a varias parroquias próximas a la sierra, en este caso la de San Andrés de Cures (Boiro):

Ay asimismo Bacada y Yeguada que pasta en el monte de Barbanza, [monte] común de Dicha Feligresía y de otras, sobre cuio número [de cabezas] no pueden declarar a punto fixo por no ser de todos los vezinos sino que algunos tienen algunas piezas [de monte] y otros no las tienen. Se remiten a las relaciones” [dadas por sus dueños, donde constarán dichos datos].

1752. Vacada y yeguada en el monte Barbanza, Cures (Boiro)

Yeguadas y vacadas, nos dicen; o sea, ganado equino, como ya señalé, pero también ganado vacuno, hoy casi desaparecido. Surge una primera pregunta: ¿qué beneficio obtenían de sus yeguadas los ganaderos?.

El autor antes citado, Rof Codina, nos lo explica: sus dueños vendían las crías y las crines. “Estos potros los adquieren los pequeños agricultores para recriar, destinándolos después a silla o tiro ligero o enajenándolos a los exportadores que trafican con ellos. (...) Generalmente de dos en dos años se cortan las crines del cuello y de la cola a todo el rebaño; cuando no se venden las crines para usos industriales, los ganaderos las cuecen para desengrasarlas y las destinan a la fabricación de cuerdas y ronzales muy resistentes o para el relleno de colchones, almohadas o sillones de tapicería.

Y ahora una segunda pregunta: ¿cuáles eran los aprovechamientos del vacuno de monte?. Bueno, aquí entramos en el tema de esta historia. Eran animales que no se usaban como fuerza de tiro porque, claro está, andaban a su aire. Tampoco podía aprovecharse la leche de las vacas porque, claro está, andaban a su aire. Así que los propietarios de estos ganados de monte se limitaban a vender los terneros a los agricultores y supongo que los ejemplares más crecidos irían al sacrificio para carne. Pero también una parte de los machos, ‘touros’, novillos y becerros, acababan en las corridas, en unas corridas de toros galaicas ciertamente peculiares. Estamos ante los ‘touros’ del Barbanza.

Debo advertir al lector que no soy aficionado a los toros y que mi única experiencia en la materia se reduce a asistir a una corrida portuguesa en Viana do Castelo, hace tiempo. Lo que más me gustó de ella fueron los forcados, y recomiendo a quien tenga curiosidad sobre esta suerte de la tauromaquia este vídeo doméstico de 2 minutos. Un vídeo al que mejor sería quitarle el sonido. Ante la faena de los forcados siempre pienso: ¡Ay el primero de la fila!.

No soy aficionado, pero sí he contemplado muchas corridas en televisión, en aquellos tiempos de un único canal de TV que las emitía a mansalva, y pude mamar los rituales del toreo actual, en plaza redonda con el público en las gradas, con sus tercios, con sus banderilleros y picadores, con la estocada final y el descabello. Y con las orejas y el rabo de premio a los toreros.

Así que cuando descubrí que del Barbanza salían toros y novillos para espectáculos taurinos y cuando, además, fui comprobando cómo eran aquellos espectáculos, me llevé tal sorpresa que pensé: tratemos el tema.

Vayamos, en primer lugar, a las razones que llevaron a los habitantes del Barbanza a usar la sierra para mantener ‘vacadas’ y ‘yeguadas’. En la península del Barbanza, las tierras más apropiadas para el cultivo estaban en las laderas de la sierra y a la orilla del mar, y los montes de la zona alta eran de difícil acceso y poco abrigados.

Por eso tenía poco sentido dedicarlos a plantar árboles para leña y madera, a aprovechar el toxo para elaborar estiércol, o a rozarlos para cultivar cereales, como se hacía en otros montes más próximos a las aldeas. De manera que se destinaron a mantener ganado equino y vacuno que vagaba a sus anchas y que cada cierto tiempo se juntaba en el curro, se marcaba, se rapaba y se escogían los ejemplares destinados a la venta.

Caballos en la sierra del Barbanza

Las ventajas de este tipo de ganadería eran evidentes: los animales se alimentaban por sí mismos y no necesitaban cuadras, establos o corrales. Pero también tenía sus inconvenientes. El frío invernal podía multiplicar las bajas, aunque el clima de las Rías Bajas es más benigno que el de las montañas del interior.

1936
No solo el frío, también los lobos causaban bajas, claro.

1968
Y si no eran los lobos, eran ... los ladrones.

1913
El caso es que, como antes señalé, lo distintivo del Barbanza era que suministraba toros y novillos para protagonizar festejos taurinos. ¿Cómo se capturaban los toros y los novillos?. ¿Se perseguían y asustándolos se llevaban hasta un corral, hasta un curro, al igual que se hacía con las yeguas y sus potros?. Pues creo que no. Tal como se comprueba en las siguientes fotografías, una expedición a caballo de ganaderos y compradores acudía a la sierra y acababa reduciendo a los ejemplares que parecían más apropiados para las corridas.

Fabeiro Gómez, Manuel (1989), Os touros de Noia, Sociedade Liceo de Noia

Los festejos más famosos con ganado barbanzónico tenían lugar en Noia, muy cerca de la sierra, pero también se enviaban reses a las principales capitales de la Galicia costera: a Santiago, a Coruña o a Pontevedra. Aquí tenemos varios testimonios recogidos en la prensa.

Santiago, 1877

En la noticia anterior comprobamos que existía otra zona ‘suministradora’ de toros y novillos, Mazaricos, donde se mantenía ganado vacuno bravo en los montes de 'A Ruña'.

Pontevedra, 1893
Pontevedra, 1895
A Coruña, 1887

Como se ve en este último reportaje, al cronista coruñés no le parecieron muy bravos los ‘toretes’ del Barbanza, calificados de ‘vacas-bueyes y bueyecitos’, e informaba de que los aficionados ‘hasta montaron sobre las mismas reses’. Pero, claro, no había otra cosa, porque traer toros bravos de lidia desde las dehesas del centro y del sur de España era difícil y caro.

De ahí que los touros y novillos del Barbanza llegasen incluso a villas bastante alejadas, como Cee, Ponteareas, o Marín. Abajo recojo varios ejemplos.

"TOROS EN CEE. Con motivo de las fiestas que en honor de la Santísima Virgen de la Junquera se celebrarán en dicha villa los días 15 y 16 del corriente [agosto], habrá dos grandes novilladas, lidiándose en cada una tres hermosos toros de la acreditada ganadería de Barbanza (monte Bacarreiro), los cuales serán lidiados por varios aficionados de la villa de Noya y otros pueblos de Galicia. En cada corrida será estoqueado un toro por el renombrado espada Antonio Segura, ‘Segurita’, de Madrid, y a falta de éste por ‘Morenito de Alcalá’. Este festival llevará seguramente a dicha hermosa villa mucha concurrencia de los pueblos comarcanos. (1918)”

Ponteareas, 1903
Marín, 1903

Vemos que en esta novillada de Marín torean dos diestros gallegos, uno de Poio y el otro del propio Marín, con apodos de resonancia hispana –‘El Barquerito’ y ‘Triguito de Málaga’- y con oficios peculiares: uno era tablajero [carnicero] y el otro soldador.

Pero donde más actuaban nuestros ‘mini-miuras’ galaicos era, lógicamente, en las localidades cercanas al Barbanza, a las que resultaba fácil conducirlos. En Ribeira, en Padrón, en Muros, en Porto do Son.

Porto do Son, 1893


Ribeira, 1905
Padrón, 1916
Muros, 1918



Incluso en Cambados registramos una corrida privada –calificada de conato por el cronista- celebrada en el patio de la casa del Conde de Maceda. Y volvemos a encontrar la expresión ‘toretes del Barbanza’, junto con la de 'chotitos' [terneritos].

Cambados, 1897

Con todo, y por mucho que los 'touros del Barbanza' llegasen a Coruña o a Cambados, no cabe duda de que fue Noia la capital taurina de los espectáculos con barbanzanos, una tradición documentada ya en la Edad Media, según los datos ofrecidos por Manuel Fabeiro Gómez en un breve trabajo publicado en 1989 titulado Os touros de Noia.

Y ahí va una prueba: la descripción humorística de un suceso acontecido en la villa de Noia a mediados del siglo XVIII en la corrida de las fiestas. Los protagonistas son un touro del Barbanza y el capitán de una carabela portuguesa que había arribado a la villa con sal y que se animó a correr los toros. Fue escrita por un natural de Santiago de Compostela, Diego Cernadas de Castro, cura párroco de Fruime (Lousame), cerca de Noia, y corresponde a una obra titulada ‘Padrón Festivo, de El Carmen empadronado en la Ilustre Villa de Yria Flavia’ (páginas 45-47). Abajo el texto completo, y luego resumiré sus principales episodios.

Diego Cernadas, cura de Fruime, sobre una corrida en Noia. Años 1760-1770, aproximadamente.

En nuestra crónica resulta que el Capitán Carballo [roble en gallego] pensó que estaba ante un buey doméstico, se puso valiente y acabó recibiendo un buen topetazo. Luego negaba haberse herido (Naon por certo), y con el cabreo que cogió echó mano al bolsillo para comprar el toro y matarlo mientras proclamaba: ‘Deixenme, que a min ninguen ma fez que ma naon pagase’ [Déjenme, que a mí nadie me la ha hecho que no me la pagase]; ‘Eu naon me pasmo, sinaon de que o boy galego se atrevesse a min’ [Yo de lo que me asombro es de que el buey gallego se atreviese conmigo].

El autor del texto, el cura de Fruime, ante tanta chulería decidió dedicar al capitán unos versos burlescos en gallego, con vocablos portugueses entremezclados, que aquí traduzco en parte y sin mucho arte:

Mi Carballo, tú estás ciego / porque si en ello bien reparas / sin saber con qué buey aras / te burlas del buey gallego: / ahora sabrás, Borrego / donde te aprieta el callo / pues aún siendo un toro gallego de monte / como con un desaire / las dos púas de palo de aire / supo injertar en un roble. / Te deja el toro herido / y tú, por verte vengado, / querías haberlo comprado / cuando él te tuvo vendido: / disparate conocido, / comprarlo para matarlo / eso vendría a hacer costar / doble tus fanfarronadas, / pues cuando las tenías pagas, / se las volvías a pagar.

Además de contarnos el episodio del temerario capitán portugués, nuestro cura poeta apuntaba varias características de las fiestas taurinas que tan bien conocía, tras ejercer de párroco durante más de 40 años en Fruime, muy próxima a Noia y Padrón.

Los de otros Reynos de nuestra España hacen donayre ó burla de los toros de Galicia, porque no les parece funcion aquella donde no hay desgracia: tienen por hermosa la fiereza, y la bárbara temeridad por hazaña. (...) Yo juzgo que los toros de Galicia son los menos malos, porque son menos maliciosos, ó malignos. Correr toros se llama la fiesta de ellos: en corriendo los toros bien, ya no hay mas que pedir. Fuera de que en Padrón la mayor excelencia de los toros es el ser mansos. (...) Véngase á Padron el que quisiere ver toros, y verá milagros [porque] los toros más indómitos, en trayéndolos a Padron, ya vienen como corderitos.

Como puede apreciarse, el cura de Fruime prefería las corridas light, con toros tranquilos y sin muerte. Pero no todos compartían estas preferencias. En la segunda parte de esta historia comprobaremos cómo se desarrollaban los festejos taurinos que se celebraban en Noia y otras localidades gallegas. Eran corridas que no incluían la muerte del animal, ni la suerte de espadas, ni la estricta separación entre toreros ‘profesionales’ y público. Sin embargo, con el tiempo, cada vez más aficionados se decantaron por el toreo en plaza, con sus tercios, con sus matadores en traje de luces y con ‘auténticos toros de lidia’ procedentes de Castilla y Andalucía, toros que desde finales del siglo XIX pudieron llegar a Galicia gracias al ferrocarril.

El progresivo cambio en los gustos y la más fácil disponibilidad de toros importados provocaron que los touros del Barbanza se convirtiesen en un viejo recuerdo.

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