8 de octubre de 2011

El eucalipto y su conquista del Noroeste (1)


Llegaron los romanos hace casi 2.000 años y dejaron en Galicia calzadas, la muralla de Lugo, el faro de Hércules, plantas y técnicas de cultivo, el arado y hasta el idioma. Damos un buen salto en el tiempo y de América vinieron el maíz, la patata, el pimiento, el tomate y otras cosas. Y más adelante, en el siglo XIX, llegó de Australia el eucalipto, traído por un religioso natural de Tui, Rosendo Salvado.

De todas estas cosas importadas la que más salta hoy a la vista es precisamente el eucalipto, que en las últimas décadas ha conquistado una parte considerable de los montes del Noroeste de la península ibérica.

Como es sabido, la exploración y el establecimiento de los europeos en Oceanía se aceleró a finales del siglo XVIII, y desde allí fueron llegando plantas desconocidas en el resto del mundo. No está muy claro cómo se introdujeron las primeras semillas de eucalipto en Galicia, pero lo más probable es que hubiesen sido traídas o enviadas por el citado Rosendo Salvado, obispo en aquellas tierras de las antípodas, en torno a 1860.

Díaz-Fierros Viqueira, en un trabajo de 2001 titulado “¿Foi o Padre Salvado o introductor do eucalipto en Galicia?”, publicado en O Bispo dos sen alma. Frei Rosendo Salvado (1814-1900), concluía –traduzco del gallego-:

En conclusión, es muy probable que la fecha de 1860 que cita Rafael Areses [ingeniero forestal] como la de las plantaciones de eucaliptos de Tui fuese también la de llegada de esta especie a Galicia, por lo que la honda tradición que existe de que el Padre Salvado fue su introductor podría seguirse manteniendo (...) lo que supondría además que las de Tui serían las primeras plantaciones de eucaliptos hechas en España”.

Por esas fechas, Europa estaba habituada a recibir plantas exóticas procedentes de todos los continentes, y el eucalipto fue una más. ¿Cómo fue acogido el novedoso árbol?. Pues... poco a poco, claro, y al principio sólo como una curiosidad y para adorno de parques y jardines, especialmente en los pazos; después para el aprovechamiento de sus troncos en los más diversos usos; y en la última etapa, desde mediados del siglo XX, para la obtención de celulosa.

Una buena manera de comprender la historia inicial del eucalipto es compararla con la de la patata americana, que empezó a cultivarse en Galicia un siglo antes, en el XVIII. Vamos a ver las diferencias entre uno y otro caso. La patata es una planta no particularmente bonita, mas bien feúcha, y los tubérculos de su raíz son comestibles, pero tampoco un manjar. El eucalipto hasta resulta bonito, pero no ofrece más que madera. Tenemos pues a la fea bajita que alimenta y por otro lado al guapo de madera, un tipo altivo y bastante duro.

No fue difícil para la gente rural apreciar las virtudes de la fea. Tras unos cuantos meses plantada, recogieron sus frutos y... a ver a qué saben. Pelada y cocida llenaba el estómago, y resultó que no solo era planta poco exigente sino que sus rendimientos por hectárea eran elevados, bien superiores a los de los cereales.

Así que los campesinos con poca tierra se interesaron por ella, y la patata no tardó mucho en ser estimada por los más pobres. Los que tenían tierra bastante para el cultivo de trigo, centeno y maíz prefirieron seguir comiendo pan en vez de esa cosa rara que se extraía de debajo de la tierra. Estamos, claro está, hace más de dos siglos, sin patatas fritas.

Al revés pasó con el eucalipto chulito. Quedaba bien de adorno pero había que aguardar mucho tiempo para saber si era de buena madera. ¿Cómo sería su madera a la edad de 20, 30 o 40 años?. ¿Se agrietaría, se curvaría?. ¿Sería mejor que la de pino, se parecería a la de roble?.

De modo que al principio los eucaliptos fueron 'cosa de ricos’, de aquellos que los plantaban para ornato de sus haciendas o de quienes podían esperar décadas a que el guapo australiano mostrase su valía y sacar partido a un árbol cuyo rápido crecimiento fue toda una sorpresa.

Recordemos que nuestro protagonista procede de las antípodas de Galicia, con climas parecidos, templados y húmedos.

Nueva Zelanda, cerca de Australia, en las antípodas de Galicia

En un artículo de 1920 titulado ‘El eucalipto en España’, González Fiol hacía una lista de algunos promotores de su cultivo. Fueron personas que

arrostrando peligros económicos y supliendo con su inteligencia los conocimientos del cultivo que el Estado debiera difundir y ni difundió ni difunde, emprendieron el del eucalipto, presintiendo que podía constituir una riqueza forestal importantísima. No puedo citar a todos cuantos lo merecen por ignorar sus nombres (...) me resignaré a dar unos cuantos. El primer puesto corresponde, en justicia, a aquel ilustre estadista (...) D. Eugenio Montero Ríos. El ilustre canonista –como se le llamó por antonomasia- realizó en su finca de Lourizán una importante plantación de eucaliptos que ha alcanzado gran desarrollo. En la misma Galicia han seguido su ejemplo D. Federico Maciñeira, alcalde de Ortigueira, que posee varios miles de eucaliptos, algunos de los cuales mide más de 50 metros de altura, y D. José Calvo, notario de dicha villa; el marqués de Loureda, el doctor Páez. En Madrid es también otro gran eucaliptocultor el prestigioso industrial y avicultor D. Francisco Llorente. En Andalucía, en veinte años de estudio y de perseverancia agronómicos, D. Miguel Sánchez Dalp ha conseguido reunir en sus posesiones más de 300.000 eucaliptos, de la variedad caolo, que se desarrollaron rápidamente, y cuya madera es muy apreciada. No contento aún con eso, ha creado varios espléndidos viveros para proseguir tan importantes plantaciones. En el balneario de Archena [Murcia] existen muchos eucaliptos, a los cuales falta poco para ser centenarios. (...) No es extraño, dado aquel magnífico clima. Pero no vaya a creerse por eso que el eucalipto tiene grandes exigencias climatológicas. Raro será el clima al que no se adapte alguna de sus numerosas variedades. Así, se ha visto aquí en España que en la Coruña, en Noya, se han vendido ya magníficos ejemplares –y no viejos- en el precio estupendo de 150 duros pieza, cantidad no alcanzada por ningún otro árbol. Y en Cerdido, de la misma provincia, un benemérito agricultor, D. Eduardo García, explota –según me comunica persona de amistad- hace 16 años más de veinte variedades, con tal éxito que no sabría cual preferir.” (1920)

Es una lista incompleta de pioneros, claro, pero en ella figuran varios de los más destacados en Galicia, todos ellos con propiedades territoriales de cierta importancia. Entre los pioneros del eucalipto tenemos a aristócratas, a grandes propietarios territoriales, a aquellos con pazo, o casa grande; personas que los plantaban como signo de distinción, por disfrutar de la posesión de un árbol especial que no tenían los demás, y también para su posible futura explotación comercial.

Un cuadro del pintor coruñés Francisco Llorens atestiguaba esta afición de la nobleza o los dueños de pazos por plantar eucaliptos en sus posesiones.
Publicado en La Esfera (1917)

El bisabuelo de Emilio Botín, presidente y principal propietario del Banco de Santander, fue uno de ellos. Se llamaba Marcelino Sanz de Sautuola y junto con su hija descubrió en 1879 las famosas cuevas de Altamira. Es el milagro al que se refiere el texto.


En la prensa de las primeras décadas del siglo XX ya encontramos noticias en las que se adjudica el título de eucalipto más antiguo o más alto de Galicia. Para algunos el título correspondía a los eucaliptos del pazo de Lourizán, de la familia Montero Ríos; otros se lo otorgaban a los del pazo de Mariñán, al de Oca, al de Lóngora, al de Loureda, y así sucesivamente.

Aquí podemos ver la foto del “mayor eucalipto de Galicia”, cortado en 1934 en el pazo de Lóngora, próximo a Coruña, justo después de haber sido adquirido por la Diputación coruñesa a los herederos de Marcial del Adalid, el antiguo dueño del pazo.

1934

Otros pioneros en la plantación de eucaliptos tuvieron una mayor orientación comercial. Conozcamos a algunos de ellos, todos con pazos o fincas ubicadas en la costa cantábrica, en las Mariñas de Betanzos y A Coruña, y en las Rías Bajas. Se trata de personas que, después de plantarlos por curiosidad o por experimentar, se volcaron en su cultivo a mayor escala.

Año arriba, año abajo, la plantación de A Gándara, en Oleiros (Ribeira), a las faldas de la sierra del Barbanza, fue de las primeras. Nuestro pionero se llamaba Juan Sobrido y su yerno, Juan Ruiz Sainz, relataba en 1883 que los eucaliptos más antiguos que poseía habían sido “sembrados a principios de 1867 por el señor don Juan B. Sobrido de Lobera que creemos fue el primero que introdujo en esta provincia [A Coruña] el cultivo del [eucaliptus] globulus, por mas que en su proverbial modestia no haya dejado dato alguno que confirme nuestra opinión.

En 1881 anunciaba la venta de ejemplares de medio metro por cientos y millares, en cajones, tiestos o directamente del vivero. Amigdalina es una variedad de eucalipto.

1881

Nos vamos ahora al extremo norte de Galicia. En una corta franja de 40 kms en línea recta, entre Cerdido y Viveiro, encontramos a otros tres pioneros. En los mapas de abajo puede verse donde tenían sus montes, en estrechos valles costeros atravesados por ríos que facilitaban el transporte de los troncos hasta los puertos de embarque.

En A Barqueira, con salida al puerto de Ortigueira; en Ribeiras do Sor, al puerto de O Vicedo; y en Chavín, al puerto de Viveiro. 

A Barqueira (Cerdido), a la izquierda. Ribeiras do Sor (Mañón), a la derecha


El más conocido de entre ellos por sus publicaciones sobre el eucalipto es, sin duda, Federico Maciñeira. Hombre ilustrado de una vieja familia hidalga, dejó escrito que su abuelo se había iniciado en el mundo de los eucaliptos hacia 1870 en su hacienda de Torre da Lama, a orillas del río Sor.

1921

Como podemos ver en el texto, Maciñeira –manzano en gallego- experimentó con distintas variedades tratando de comprobar cuales poseían mejores cualidades. Y recalcaba que el eucalipto Globulus podía dar muy buena madera si se dejaba crecer durante al menos 40 años, si se cortaba en la estación apropiada y se aserraba y secaba como es debido. Destacaba asimismo que los ejemplares jóvenes ‘rinden malos productos y de ahí su descrédito como postes y puntales de mina’.

Estamos ante alguien con conocimientos y voluntad de experimentación, que recurría tanto a lo escrito por expertos como a su propia experiencia para alcanzar los mejores resultados de sus plantaciones. No era un sencillo labrador. Llegó incluso a establecer un parque de ostricultura.

1904

En una foto de principios de los 1980 se atribuían 100 años y ‘dimensiones colosales’ a algunos de los eucaliptos de su finca.


Otros pioneros fueron los García Somoza, dueños del pazo ‘Cruz Encarnada’ en A Barqueira (Cerdido). Reproduzco una breve reseña de la trayectoria de Enrique García Somoza, un emigrado retornado de Cuba que junto a sus hermanos adquirió montes incultos y los pobló con pinos y eucaliptos.



Nuestro tercer caso es el de los famosos eucaliptos de Chavín. Y digo famosos porque uno de ellos, con casi 72 metros, sigue vivo, está considerado el más alto de Europa y tiene nombre: “El Abuelo”. Fue plantado a principios de los años 1880 por Diego Valiño y Montenegro, según mis pesquisas.


Chavín está cerca de Viveiro, en una comarca con antigua tradición textil, y allí se emplazaba una fábrica de tejidos de la empresa Bassols y Cía. La firma echó el cierre en 1864, y no puedo precisar cuando, pero pasó a manos de Diego Valiño y Montenegro. Éste falleció en 1895 y al poco tiempo la fábrica de tejidos fue adquirida por la sociedad Durán y Presas, para al final acabar en manos de José Barro, quien estableció allí una empresa de montaje de automóviles, la primera de Galicia.

De modo que un empresario textil, Diego Valiño, debió de haber sido el que plantó los hoy viejos eucaliptos de Chavín, no por su uso maderero sino, según parece, para facilitar el drenaje de los terrenos de la fábrica, próximos al río Landro y propensos a inundarse en época de lluvias. Los eucaliptos absorben mucha agua. También, claro, pudo haberlos plantado con fines ornamentales, como hicieron otros.

Creo que queda claro, en definitiva, que los que se iniciaron en el eucalipto fueron personas con recursos financieros y con grandes fincas para lo que era habitual en la Galicia de entonces. Y, atención, como ya he señalado, solían ser personas ilustradas, que se informaron a través de la prensa y de publicaciones científicas sobre las técnicas apropiadas acerca de cómo cultivarlo y qué usos darle. Era la mejor manera de saber el tipo de madera que ofrecería un eucalipto de 20, 30 o 40 años.

El campesino pobre y analfabeto pudo experimentar con la patata, pero lo tuvo mucho más difícil con el eucalipto. A la falta de capital y de conocimientos, se unía el hecho de que la mayor parte de los labradores aprovechaban el monte para muy diversos usos; no sólo para obtener leña y madera, sino también para alimentar a sus ganados, para cultivar el toxo necesario para elaborar estiércol, o para realizar estivadas.

Plantar eucaliptos suponía renunciar a estos aprovechamientos, y si el monte era comunal había que conseguir el acuerdo de todos los comuneros. Y, por otro lado, ¿por qué plantar eucaliptos y no pinos?.

Con el tiempo, tanto el aumento de la demanda de madera como el mejor conocimiento de las propiedades del árbol australiano propiciaron su difusión. Acá tenemos varios anuncios que ilustran el uso creciente del eucalipto.

1901




1928



1916


1913

Si atendemos a los detalles del anuncio de la subasta de este pazo en Viveiro comprobamos que, pese a todo, los pinos (50.000) ganaban por goleada a los eucaliptos (1.000). Y no creo que el caso de esta explotación forestal fuese excepcional.

Como es lógico, poco a poco las firmas dedicadas al suministro de semillas y plantones incorporaron el eucalipto a sus catálogos.

1933


1927

Y como puede verse, en este anuncio de Peixoto se alude a sus clientes oficiales, a Diputaciones y Ayuntamientos que apostaban por la repoblación forestal. Aquí tenemos dos anuncios de los concejos de Vimianzo y Vilalba que reflejan ese deseo de promover la plantación de árboles, ambos de 1925.



1925


La demanda de madera gallega surgida en las décadas finales del siglo XIX para la fabricación de cajas, para apeas de minas –los puntales que sostenían las galerías- o para traviesas de vías férreas, había experimentado un boom en la 1ª Guerra Mundial (1914-18). La madera de pino y de roble era la más solicitada, pero también la de eucalipto ganaba posiciones poco a poco. Tras medio siglo desde su introducción, ya se conocían los usos que podían dársele. Para madera de construcción, para postes, para la construcción naval, para leña, etc.

Pero también, gracias a la gran altura que llegaba a alcanzar el australiano, para usos extraordinarios. Acá tenemos una noticia de 1918 que lo demuestra, de un eucalipto de 42 metros:

SANTIAGO. El viernes último pasó por Santiago con dirección al Freijo, en el ayuntamiento de Noya, una gigantesca percha de ‘eucaliptus’, para ser convertida en palo de una embarcación que se construye en un astillero improvisado en aquella parroquia. La magnífica pieza, que medía 21 metros, era la mitad exacta de un hermoso eucaliptus cortado en uno de los montes de la parroquia de San Miguel de Rarís (Teo) cerca del Puente Vea, a dos leguas y media de Compostela. Ofrece dicha percha la particularidad apreciabilísima de que no presenta nudo alguno y es completamente recta.”

En una crónica posterior, de 1931, el antes citado Federico Maciñeira se mostraba encantado de los buenos resultados que obtenía en sus plantaciones de eucaliptos. Lo de Francisco es una errata.


1931

Y no sólo era por su madera. En una época mucho menos surtida de medicamentos que la nuestra, ciertas propiedades curativas atribuidas al eucalipto –reales o supuestas- aumentaron el aprecio por el australiano. Rof Codina señalaba en 1914 que “Algunas especies arbóreas exhalan por sus hojas verdaderas sustancias antisépticas; se ha comprobado que el eucaliptus desprende productos aromáticos, de los cuales el principal es el eucaliptol, que posee propiedades microbicidas; de aquí su aplicación como árbol higienizador de la atmósfera de los terrenos insalubres”.

Por eso balnearios y hospitales los incorporaban a sus parques y jardines.

1912

También los Amigos de los Árboles o los Amantes del Campo gustaban de los bosques de eucaliptos. Aquí tenemos una breve noticia de una excursión para respirar aire puro, con xantar, gimnasia racional, "vivas a la Raza y a Colón Gallego" (¿), y retorno con "49 ferrados de salud por individuo".

A Coruña (1930)

Así que no es de extrañar que los aristócratas siguiesen plantándolos en sus posesiones, incluso con sus propias manos. La noticia es de 1932 y está firmada por Antón Villar Ponte. El protagonista es Juan de Armada y Losada, marqués de Figueroa.

1932

No acabó aquí el interés por aprovechar las bondades terapéuticas del eucalipto. Los monjes de Oseira elaboraron un licor llamado eucaliptine, allá por los años 1960, imagino que para ofrecer una mixtura de salud y deleite etílico.


Pero antes de ello una firma catalana había ido más allá, muchísimo más allá: vendía un "jarabe de eucalipto con heroína" que curaba los catarros, Medalla de Oro en la Exposición Regional Gallega de Santiago en 1909.

1910

Se trata sin duda de un caso extremo, porque lo habitual era inhalar vapores de la cocción de hojas de eucalipto, algo que me trae recuerdos de juventud. Era lo recomendado en tono humorístico por Equis –seudónimo del periodista Alfredo Tella- ante la epidemia de fiebres tifoideas que afectó a los coruñeses en 1905.


No tardó en llegar el momento en que alguno empezó a cansarse de ver tanto eucalipto. ¿Quién?. Castelao: "El eucalipto ha estropeado el paisaje gallego: lo ha desnaturalizado".

1927, texto de Joaquín Pesqueira.

Castelao estaba exagerando, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que era natural de Rianxo y que en la comarca circundante hacía tiempo que abundaban los eucaliptos. Recordemos que muy cerca de Rianxo, en Ribeira, un pionero había empezado a venderlos ya en 1881, cinco años antes del nacimiento de nuestro escritor y dibujante.

Pero también es cierto que era todavía muchísimo el territorio que no había conquistado en Galicia el diablo de Tasmania. Castelao no tuvo en cuenta que la extraordinaria presencia del maíz y de la patata, plantas procedentes de América, había ‘desnaturalizado’ mucho más el paisaje tradicional.

Y mientras todo esto sucedía, surgió una novedad técnica que acabaría revolucionando el aprovechamiento del eucalipto. Me refiero a su empleo para la obtención de celulosa y a partir de ella de papel. Una técnica que nació en Portugal y no en Suecia, la patria de la celulosa, porque allá en el norte de Europa no existían eucaliptos y en Portugal eran ya muy abundantes.

Daniel de la Sota, ingeniero y presidente de la Diputación pontevedresa, gran propulsor de las repoblaciones forestales, exponía en una conferencia pronunciada en 1934 en el Centro Galleguista de Vigo sus impresiones sobre la visita que había realizado a una de las primeras fábricas del mundo en obtener pasta de papel a partir de eucaliptos. La fábrica se hallaba en la localidad de Caima cerca de Coimbra y había empezado a producirla en torno a 1925. Era la Caima Pulp Company, de propiedad británica, fundada en 1888:

Relata después el Sr. La Sota su visita a la fábrica ‘Camia Pool’ [Caima Pulp], a 64 kilómetros de Oporto. Dice que de su instalación se derivan para nosotros enseñanzas provechosísimas, porque la identidad de condiciones climatológicas y físicas de Portugal y Galicia anticipan nuestro porvenir forestal, si llegásemos algún día a acometer una obra similar a la realizada por los portugueses. Añade que la fábrica por él visitada es una de las tres que existen en el mundo –las otras dos están emplazadas en Australia y Brasil-, y relata el curioso proceso que siguen allí las maderas hasta su conversión en pasta y traslado a la estación ferroviaria más inmediata. Hace con este motivo una descripción de la masa de pinos y eucaliptus, primero, y de las plantaciones homogéneas de eucaliptus después -6 kilómetros antes de llegar a la fábrica-, así como también de la población obrera que sostienen. Pues todo eso –resume- podíamos tenerlo en Galicia sin más que el esfuerzo conjunto de dirigentes y dirigidos.

También en España se había intentado fabricar celulosa a partir del eucalipto. Acá tenemos el ejemplo de un proyecto frustrado en Huelva, donde desde finales del siglo XIX la firma minera británica Rio Tinto Mining Company había realizado plantaciones para abastecerse de postes -para sus minas- y de traviesas -para sus vías de ferrocarril-. 

1935

Un proyecto que no se hizo realidad porque estalló la Guerra Civil en 1936. En la segunda parte de esta historia veremos cómo la demanda de celulosa fue el factor principal que impulsó al eucalipto en su conquista del Noroeste.

20 comentarios:

  1. Anónimo26/7/12 0:29

    que desgracia siempre ha sido la Iglesia católica. por culpa de este "señor" ha cambiado completamente la estética de todos los montes de Galicía y ya no se sabe si uno esta en Galicia o en Australia,eliminando nuestra flora autoctona.

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  2. Anónimo2/3/13 13:21

    Llegue a vivir a galicia esperando un bosque humedo lleno de vida y vi un feo paisaje de eucaliptos y lleno de nada.

    Repito: FEO PAISAJE (para estos que se lo tienen tan creido) deberian darse una vuelta por otras regiones donde llueve menos pero respetan su entorno. O donde llueve parecido (franja pirenaica) y el paisaje es 10000000000 veces mas bonito sin las plantaciones rectilinas de este arbol flacucho, desgarbado y sucio,

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    1. Estoy de acuerdo en que el eucalipto es horrible y ha degenerado buena parte de los bosques gallegos, pero de ahí a decir que el paisaje es HORRIBLE... no sé si conoces la Ribeira Sacra, o casi cualquier bosque de Lugo, o las Fragas del Eume, que son la mejor muestra de bosque atlántico de TODA EUROPA... imagino que no y hablas desde el resentimiento y desde luego, desde la IGNORANCIA. Además, si no te gusta Galicia puedes ir a disfrutar del verde a Castilla o a donde sea que vayáis los sibaritas de los paisajes como tú.

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  3. Anónimo2/5/13 2:09

    No hay nada más horrible que una plantación de eucaliptos, ni los pájaros se dejan ver por allí, por no hablar de la mafia terrorista de la industria celulosa que provoca incendios para que los eucaliptos vuelvan a crecer con más fuerza..

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  4. Castelao tiña razón tamén no que respecta á paisaxe galega. Era un home ben sabio.
    O maldito eucalipto está por todas partes e seguen a plantalo por doquier, e senón plantan eses miserables piñeiros, chamados falsamente "do país". O que está a suceder a unha traxedia ecológica na Galiza.
    E eu tamén insisto en que o eucalipto é horrible.

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  5. Anónimo9/6/15 4:47

    Estoy de acuerdo son horribles, abria que mover el culo para eliminarlos poco a poco una organizacion o algo

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    1. Las plantaciones de eucaliptos no es que afeen el paisaje, lo hacen desaparecer bajo sus copas y lo monotonizan con su tono verdoso a lo largo de todo el año y los años sucesivos, de manera que las personas afectadas por un entorno plantado de eucaliptos, no estan expuestas a los cambios de coloración tanto primaverales como otoñales, impregnandose de la propia monotonía del color de los eucaliptos que les rodean y que llega a influir en sus quehaceres y pensamientos.
      Yo no creo que sea un gran negocio plantar toda la franja costera de Galicia con eucalipto, las empresas celulosas no precisan mas , Sobraría con reponer lo que se corta .
      Entre las partidas que los gobiernos de España y Galicia negociaron en la Comunidad Económica Europea, figuraba la producción de celulosa destinada a colaborar en el abastecimiento de papel para los paises miembros , mediante la plantación masiva de eucaliptos, propuesta que no interesó a Francia ni Inglaterra ni nadie mas que esta Galicia y a sus enormes prohombres.
      Aunque los gallegos propietarios de los montes y fincas decidiesen no aumentar la superficie dedicada a l eucalipto, la biodiversidas de esas superficies ocupadas ya ha sido diezmada , lo que es muy grave.
      Creo que hay opciones mucho mejores y mas acordes con la sostenibilidad de nuestro entorno a la hora de buscar rendimiento económico a las propiedades.
      Si nos ponemos de acuerdo podemos influir aportando alguna propuesta

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    2. Sería bueno que alguna o varias organizaciones lideraran y organizasen la oposición a las plantaciones de eucalipto, seguro que la sociedad actual respondería y todos justos podríamos intentar cambiar para mejor la situación de los montes y bosques de Galicia.

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  6. Anónimo9/3/16 16:31

    El eucalipto es un árbol como cualquier otro, ni feo ni bonito, eso depende de como se cultive. El problema principal es el monocultivo intensivo que provoca el empobrecimiento del suelo y el horror estético. Lo mismo ocurriría si nuestros bosques fueran plantaciones sin fin de chopos, carballos o salgueiros, alineados uno detrás de otro hasta donde alcanza la vista. El problema no es el árbol sino la industria, del mismo modo que una veta de carbón puede ser preciosa mientras que una mina no.
    De no ser por el eucalipto hoy en día Galicia parecería Murcia.

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  7. Ahora mismo el eucalipto y pino supone el 80% del paisaje forestal gallego, y las especies autóctonas únicamente un 20% lo que no admite comparación alguna con ningún otro lugar de España. En Galicia, bosques quedan tres, el resto son plantaciones. Si ya somos famosos por el feísmo constructivo, el añadido de la destrucción del entorno natural propio, resulta en una combinación fatal para la belleza del paisaje.

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  8. Dejando a un lado discusiones bizantinas, quiero expresar algo que echo en falta en todos los comentarios: mi más sincera y profunda felicitación para el autor por este magnífico trabajo que me ha ilustrado y ayudado a conocer y comprender mejor algo más de la historia de mi país.

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  9. Gracias por tu felicitación. Lo del eucalipto y el paisaje tiene muchas vueltas. Un saludo.

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  10. pero tu te crees que alguien se va a leer todo esooooo!!!!!

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  11. Ya, algo largo, ¿verdad? Solo para los muy interesados.

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  12. Yo he andado entre ellos haciendo el camino de Santiago y me he leído todo el artículo. Lo he encontrado muy ilustrativo y esclarece parte de la història de Galícia.

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    1. Saludos, Berta. Así me gusta, que te hayas comido todo el plato. Yo habría hecho lo mismo si quisiese saber por qué hay tantas plataneras en Canarias, por ejemplo. O tantos invernaderos en Almería. Un saludo.

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    2. Yo no tenía ni idea de que eran eucaliptos todos los árboles que veía. Por curiosidad busqué y encontré este artículo, ilustrativo a mas no poder. Gracias por saciar mis ganas de saber. Soy de las que piensan que viajar es algo mas que ver paisajes o monumentos sin preguntarse nada.

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  13. Un artículo muy bien documentado y muy ilustrativo.
    Me ha encantado. No había reparado yo en el cambio que pudo suponer la introducción de la patata, por ejemplo.

    Me gustaría saber, de forma documentada, cómo era el paisaje gallego antes del eucalipto. ¿Era verde y frondoso lleno de robledales interminables o era tan sólo bosque bajo y sin árboles de gran porte a excepción de las fragas y los valles?.

    Muy interesante. Gracias por el trabajo.

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    1. Hola, Pepe. Ya puedes imaginar que me alegro de que te haya gustado el texto. Y aciertas en cómo era el paisaje rural hace 100 o 200 años. Muy diferente al actual. Muchas más tierras cultivadas con cereales para alimentación humana. Mucho más monte bajo o carballeiras para ganado, madera y leña. Algunas zonas con carballos y pinos para obtener troncos, destinados a los astilleros o a las minas. Menos prados y, sobre todo, menos montes con especies como pinos o eucaliptos, que hoy predominan para ser usados en la elaboración de celulosa o aglomerados. Un saludo.

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