14 de enero de 2014

La cortísima vida de una fábrica de coñac



Siguiendo la pista a las Bodegas Bandeira fui a parar a otra empresa también establecida en Vigo pero de la que tan sólo conocía el nombre y dos de sus marcas, registradas en 1897: ron La Cubanita y coñac Tamarez.



Por un anuncio de prensa fechado en 1898 me enteré de que disponía de un segundo centro de operaciones en la localidad manchega de Miguelturra, pegada a Ciudad Real.


Y por otro anuncio comprobé que la destilería de Fonseca, Pinto & Cía había tenido una vida muy corta, hasta tal punto que ya en febrero de 1901 sacaban a subasta cubas, toneles, alambiques, caldera de vapor, etc, ‘todo casi nuevo’. El anuncio fue publicado en un diario de Jerez de la Frontera, El Guadalete.


La inauguración de sus instalaciones casi cuatro años antes había merecido varios reportajes. Uno de ellos llevaba por título ‘Una fábrica de cognac en Vigo’, abril de 1897.

“(...) La fábrica de los Sres. Fonseca, Pinto y Compañía hállase situada a dos kilómetros de Vigo, en la bonita playa de Guixar; tiene una excelente orientación, ocupa un área de 2.467 metros cuadrados y dispone de la maquinaria y aparatos siguientes: una máquina de vapor inexplosible, sistema Field; un aparato destilador modelo francés, capaz de producir de 15 a 20 hectólitros por día y de 4 bocoyes de cabida; una máquina de vapor de fuerza motriz de 10 caballos, construida por la notable casa que lleva el nombre de Plenty-Son Limited; de otra máquina para distribuir el alcohol y el agua, pudiendo desarrollar un trabajo normal por hora de 8.000 litros; de una bomba para elevar el Cognac obtenido a 28 magníficos depósitos-cubas de 42 hectólitros de capacidad y uno de 85 hectólitros, unidos todos ellos entre sí por medio de tubos; la bomba eleva por hora unos 70 hectólitros de dicha bebida; aparatos para limpiar cubas y botellas, para encorchar, llenar botellas y ponerles las cápsulas; y por último cuenta además con 5 grandes filtros para clarificar el Cognac, operación que se efectúa haciéndole pasar en forma de lluvia por una copa de finísima pasta de papel blanco colocada entre dos tiras de franela.

Para el reconocimiento minucioso y concienzudo de los vinos que emplea en la elaboración del Cognac, cuenta la fábrica con un bien montado gabinete de análisis físico-químico; pues los Sres. Fonseca, Pinto y Compañía no omiten gasto ni sacrificio alguno en pro de que su Cognac tenga el mayor grado de pureza y de que su elaboración sea, como realmente será, de lo más perfecto que se conoce.

Además de Cognac, la fábrica en cuestión elabora Vermout, Bitter, Roms y Licores.

Tiene, como especialidad de sus productos, el rom La Burbante que es por el estilo de La Negrita, pero con sabor más agradable y más natural, y el Cognac Tres Estrellas que puede competir muy bien con las acreditadas marcas de Martell y Hennessey. Respecto a precio resulta más bajo que el de estas marcas; circunstancia que favorece al público y que éste debe tener muy en cuenta, toda vez que hoy no puede beberse buen Cognac del extranjero al precio que se expende en atención a que los gastos por botella ascienden a 2 pesetas proximamente.

A la entrada del edificio construido al efecto para instalar tan importante industria, encuéntranse dos grandes almacenes que contienen los depósitos de los cognacs ya fabricados y de los vinos para la elaboración. Hay en estos almacenes 3 grandes conos con una capacidad de 130.000 litros.

Todas las máquinas son de lo más moderno, siendo la única, en la actualidad, que tiene los perfeccionamientos que esta. La fábrica cuenta con un personal muy limitado debido a las máquinas que tiene; y los aparatos que posee permiten que los trabajadores puedan con la mayor facilidad trabajar en ellos.

La dirección técnica de los trabajos están a cargo de Mr. Casimir Dignan, inteligente profesor francés; y es gerente de la Casa Fonseca, Pinto y Compañía, el Sr. D. Julio Barbosa, persona no tan solo ilustrada, sino también de trato afable y distinguido y digno por estas circunstancias de aprecio de cuantos se honran con su amistad.”

Bueno, ya disponemos de varias piezas del rompecabezas. Pero faltan otras varias, y bien importantes, para reconstruir esta historia. La pieza esencial: ¿quiénes eran Fonseca, Pinto y demás socios de la compañía?. No encontraba manera de dar con los personajes hasta que buceé en las páginas del Registro Mercantil –una gentileza de mi estimado colega Jesús Giráldez- y... por fin, ¡pleno al 15!. La intuición que tenía de que eran portugueses quedó confirmada. Fonseca, Pinto, Barbosa, apellidos frecuentes en Portugal.

La compañía había sido constituida por Agostinho da Fonseca Menéres y por Ernesto José de Carbalho en enero de 1895, con un capital social de 150.000 pesetas. El primero en representación de la casa Menéres & Cía, y el segundo en representación de la firma A. Pinto dos Santos Junior & Cía, ambas con sede en Oporto y ambas dedicadas a la elaboración y venta de vinhos do Porto, entre otros negocios.




En la última imagen –un ‘espelho de damas’- comprobamos que la empresa de Antonio Pinto dos Santos fue fundada en 1872. En los años 1950 pasó a manos de Barros Almeida & Cía. Y ésta, a su vez, fue adquirida por la firma Sogevinus en 2006, firma controlada desde 1999 por... ni más ni menos que Caixanova, la caja de ahorros viguesa. Después de un siglo, Pinto dos Santos volvió a Vigo. Y Dios sabe a dónde irá a parar, tal como está NCG.

1920s
Más enjundia tiene la historia de Menéres. La firma Clemente Menéres & Cía había sido fundada por Clemente Joaquim da Fonseca Guimarães Menéres (1843-1916), natural de Vila da Feira –30 kms al sur de Oporto-. Con 15 años emigró a Rio de Janeiro, donde trabajó en la casa de comercio de un tío suyo. Tras su retorno a Portugal emprendió negocios comerciales junto a otro socio, viajó por Europa y en 1874 constituyó C. Menéres & Cía, con sede e instalaciones en Oporto, pionera en la transformación del corcho y en las conservas herméticas, y asimismo dedicada a la elaboración y comercialización de vino, aceite y frutas.

Su primera fábrica de tapones y planchas de corcho se hallaba en Oporto, en terrenos del antiguo convento de Monchique, y la de conservas –llamada Companhia Luso-Brasileira- en la cercana Rúa da Restauração. Para abastecerse de materia prima adquirió alcornocales en Trás-os-Montes, y al mismo tiempo estableció en Mirandela una nueva fábrica corchera. En 1876 instala, con dos socios –Santos y Cirne-, una sucursal en Espinho de su negocio de conservas. De modo que la Luso-Brasileira es considerada la primera conservera moderna del norte de Portugal. Tras un incendio, la fábrica de Espinho pasó a manos de Brandão, Gomes & Cª, en 1894.

“Em 1876 foi construída na zona sul de Espinho pela Sociedade Santos Cirne & Cª uma fábrica de conservas de peixe e sal, sucursal de uma empresa sedeada no Porto, que empregava 120 mulheres. Em 1894 os irmãos Alexandre e Henrique Brandão e Augusto Gomes e José Gomes adquiriram o terreno e a fábrica, entretanto destruída por um incêndio, depois de terem constituído uma sociedade (...)” [Gonçalves de Castro, Carla (2005), Morfologia Urbana Espinhense (1863-1913), Tese Mestrado, Universidade do Porto, pág. 56]

c.1910
Agostinho, uno de los hijos de Clemente, precisamente aquel que en representación de la firma Menéres & Cia había fundado la destilería de Vigo, fue también promotor de otra empresa conservera, establecida en Ovar a principios de siglo, de nombre 'A Varina' [La Pescantina]


c.1903

Estamos, en definitiva, ante una dinastía empresarial del norte de Portugal que, con notable precocidad, dio impulso a la industria transformadora de productos casi emblemáticos de nuestro país vecino: corcho, conservas de pescado y vinos.

¿Y cómo he llegado a saber todas estas cosas de Menéres? Pues por un exhaustivo trabajo de Jorge Fernandes Alves titulado “De pedras fez terra. Um caso de empreendedorismo e investimento agrícola no Nordeste Transmontano (Clemente Meneres)”, que puede descargarse aquí.

De modo que ya hemos conseguido acoplar otro par de piezas al rompecabezas, pero todavía está incompleto. Nos faltan la razones del inicio y las causas del final. ¿Por qué dos firmas portuguesas instalan en Vigo una destilería de coñac y otros licores?; ¿por qué no lo hicieron en su propio país, en Oporto, por ejemplo?. Y... ¿por qué esa muerte súbita de Fonseca, Pinto & Cía?.

La explicación del nacimiento de una destilería de bebidas alcohólicas en la España de 1895 es bien sencilla: en 1892 el gobierno elevó considerablemente los derechos aduaneros a los alcoholes extranjeros, concediendo así una ventaja notable a los fabricantes nacionales de champán o coñac frente a los hasta entonces imbatibles made in France. La industria licorera experimentó un pequeño boom, tal como nos ha mostrado Juan Pan Montojo en un trabajo de 2001, Industrialización y vitivinicultura en España, 1760-1900: una visión de conjunto.

“La aparición de una industria vinícola estuvo acompañada por la diversificación de sus productos, favorecida por el nuevo arancel que entró en vigor en 1892 y que prácticamente excluyó a los minoritarios pero valiosos vinos franceses, a los champanes y a los cognacs del mercado interior. Industriales de la Rioja y de otros puntos empezaron a lanzar vinos al mercado que sustituían a los primeros, al tiempo que nacía la primera industria del cava en Cataluña y que en la comarca gaditana se empezaba a embotellar el jerez, aunque a la altura de 1907 la nueva fórmula sólo suponía el 4 % de las exportaciones. La exclusión arancelaria de los alcoholes extranjeros y la caída de los precios del vino, llevaron a muchas grandes bodegas a retomar la destilación de vinos, que sirvió de base a una expansiva industria licorera (brandys, anises, ponches...) muy a menudo vinculada a las propias bodegas.” [Pan Montojo 2001, pág. 13]

Tanto la disminución de las importaciones de champán como el despegue de las ventas de cava catalán al amparo de la protección arancelaria quedan perfectamente reflejados en el siguiente gráfico, elaborado por Francesc Valls Junyent y procedente de su artículo Compitiendo con el champagne. La industria española de los vinos espumosos antes de la Guerra Civil (2007).

Valls Junyent (2007, pág. 55)

Como puede verse en el gráfico, los bajos o nulos derechos arancelarios vigentes entre 1878 y 1892 se correspondieron con el aumento de las importaciones y las escasísimas ventas de Codorniu, la firma champanera más importante del período. Una vez fijado el arancel en 1,5 pesetas por litro y luego en 2 pesetas, Codorniu llegó a lograr lo antes impensable, a igualar las ventas de sus competidores extranjeros.

Con el coñac debió de haber sucedido algo parecido. El clásico proceso de ‘sustitución de importaciones’. Imagino, entonces, que en Portugal no se tomaron medidas proteccionistas del mismo calado y que las firmas Menéres y Pinto dos Santos decidieron aprovechar la situación y fabricar en territorio español. Una lógica que sólo tendría sentido si su propósito fuese vender dentro de España. Me suena raro. Habría que pesquisar en los archivos para obtener la respuesta.

Tampoco tengo claro cuáles fueron las causas del infarto que llevó a la tumba a la destilería viguesa. Pudo haber sido un error de cálculo, que una cuantiosa inversión no hubiese generado los retornos esperados y decidiesen echar el cierre. Pero si el propósito de los portugueses era hacer dinero colocando coñac y licores en el mercado español, me da la impresión de que no lo iban a tener fácil. Fonseca, Pinto & Cía se enfrentaban a respetables competidores. Desde la malagueña Jiménez y Lamothe –luego Bodegas Larios-, a la que suele atribuirse la condición de pionera española en la fabricación de coñac –Brandy 1866-, hasta la veterana jerezana Pedro Domecq.

1894

c.1900
En un comunicado enviado a la prensa en 1892, que reproduzco al final, Jiménez y Lamothe explicaban cómo se habían introducido en la fabricación de coñac. Y podemos comprobar que Fonseca y Pinto repitieron el modelo de los malagueños y al igual que éstos establecieron ‘sucursal’ en La Mancha, una importante comarca vitícola, para abastecerse de los vinos destinados a la destilación. Los portugueses en Miguelturra, próxima a Ciudad Real. Los malagueños en Manzanares, 60 kilómetros al este, por la misma razón, donde establecieron su segunda destilería.

Queda, pues, el rompecabezas pendiente de resolución. Sigo preguntándome qué pasó por la cabeza de los Menéres y los Pinto dos Santos para decidirse a montar en Vigo una fábrica de coñac. Desde el principio me sonó a exótico. La suya fue una de tantas historias de empresas que mueren al poco de nacer.

COMUNICADO DE LA EMPRESA JIMÉNEZ & LAMOTHE (Málaga), publicado en un diario gallego en 1893  

“Muy Sr. nuestro: el rápido desarrollo que ha adquirido en España el consumo de nuestros Cognacs conocidos con ventaja bajo la denominación de Old Brandy, ha dado lugar a marcadas reticencias de algunos de nuestros competidores, sobre todo cuando se ocupan del grado de vejez de las calidades superiores que tenemos a la venta. Tan extraña conducta nos obliga a molestar la atención del público en general, y de V. especialmente, con el fin de informarle sobre el origen de nuestras grandes existencias de Cognac viejo, así como de las razones que nos movieron a montar nuestras destilerías, únicas en su clase hasta hoy en España. (...)

Hacia el año 1878 se estableció en la región más rica en vinos y más fértil de la Mancha una destilería dirigida por operarios franceses, que empezaron a producir el aguardiente de vino puro al estilo de Cognac, siendo de admitir que esta destilación se obtenía por cuenta de una importante Casa de la Charente, que trataba de conseguir, con los aromáticos vinos de aquella región, una producción bastante a contrarrestar las enormes bajas y los crecientes estragos que a la sazón venía causando la filoxera en aquel Departamento francés.

La casa aludida suspendió al poco tiempo su marcha industrial, por fallecimiento de uno de sus socios, y parte de las existencias destiladas quedaron depositadas en el centro productor, hasta que en 1886 fueron ofrecidas en venta a nuestra Casa Sucursal en Manzanares. En los años transcurridos desde su destilación, adquirieron estos aguardientes tal finura y desarrollo tan perfecto que, según opinión de los catadores más renombrados del mismo Cognac, podían igualar, sino excedían, en suavidad y aroma a los que, en mejores tiempos, producía la Charente.

Dedicados desde muy jóvenes al cultivo y cría de vinos y aguardientes, no pudo sernos indiferente un dictamen tan lisonjero; y guiados por nuestro entusiasmo, compramos a mucha costa la total existencia referida, y nos trasladamos a Cognac, donde pasamos largas temporadas estudiando detenidamente la industria extractora del licor que lleva aquel nombre, con la esperanza de implantar en nuestra España este nuevo elemento de riqueza.

Cuando ya contamos con bastantes conocimientos en la materia, comenzamos una larga serie de ensayos prácticos en gran escala, adquiriendo para ellos un alambique de 10 hectolitros de cabida del perfecto sistema charentais, construido por el célebre ingeniero de Cognac Mr. Maresté, con cuyo aparato hemos obtenido desde hace tiempo finísimos productos que, en unión de la gran existencia que teníamos comprada con anterioridad, han venido a formar el considerable stock de Cognac añejo que ofrecemos con orgullo a nuestra clientela (...)

En vista del éxito conseguido por nuestros experimentos y del ancho campo que el fomento de esta industria nos ofrecía, no omitimos sacrificio alguno y nos decidimos a construir las dos grandes Destilerías modelo que poseemos en Málaga y Manzanares, las cuales, por la perfecta precisión de sus aparatos, nos permiten ofrecer al mercado, sobre las existencias añejas con que ya contábamos, según hemos dicho anteriormente, una producción diaria de 100 hectólitros de aguardiente puro de vino elaborado por el sistema Charentais, o sea, a estilo de Cognac, cuya calidad compite ventajosamente, no ya con los productos similares del país, sino con las más afamadas marcas francesas, desterradas hoy del consumo en España, merced a la diferencia de nuestros precios y a la notable pureza de nuestros caldos. (...)

Jiménez & Lamothe, Málaga y julio de 1892.”

27 de diciembre de 2013

Pestonit, el mago de las flores y los frutales


Algún día iré a Carnota y consultaré los libros parroquiales para averiguar el origen del apellido Pestonit. Un Pestonit actual me ha dicho que, según sus noticias, se trata de la versión deformada del apellido de un soldado de las tropas de Napoleón que hace doscientos años llegaron a Galicia y... se quedó por estas tierras.

Me hizo gracia la historia porque no hace mucho estuve hablando con la bibliotecaria del Instituto da Lingua Galega y al saber que se apellidaba Xoubanova le pregunté por el origen de un apellido tan peculiar, tan infrecuente y tan concentrado en la zona de Corcubión. Imaginaba que procedería del apodo de un antepasado y así era. Pero me llevé la sorpresa de que dicho antepasado había sido... otro soldado napoleónico, de origen bretón, que evidentemente cambió su apellido. Aclaro al lector que, traduciendo del gallego, Xoubanova debería significar o bien Sardinilla Joven –lo cual es redundante- o bien Nueva Sardinilla.

Nuestro protagonista, Saturnino Pestonit García, nacido en 1909, salió de su Carnota natal hacia La Habana en 1921 y en la capital cubana se incorporó a un negocio que estaba prácticamente monopolizado por emigrantes procedentes de su concejo: el cultivo y la venta de flores. Con el tiempo estableció viveros propios para obtener árboles frutales, con tan buenos resultados que mereció el apodo de ‘mago de la fruticultura’.

El asunto llamó mi atención y me preguntaba ¿por qué precisamente flores?; ¿acaso disponían los carnotanos de tradición o especial habilidad en la floricultura?. No creo. En Carnota, aparte de algunos pueblos que vivían de la pesca y la salazón, predominaban el cultivo del maíz y de la patata, la cría de ganado y las plantaciones de pinos. Ni de flores ni de frutales sabían los originarios de Carnota más que otros.

Si en unos casos coincidían el ‘oficio en origen’ y el ‘oficio en destino’ de los emigrantes –marineros y canteros son dos buenos ejemplos-, en otros casos no existía la más mínima relación. Lo que sí ocurre –y ocurría- con bastante frecuencia es que los emigrantes de segunda generación, familiares y convecinos de los ya establecidos, comenzasen su aventura en los negocios y ocupaciones laborales que habían emprendido los llegados con anterioridad. Los recién llegados buscaban amparo en los ya asentados y luego, con los años, era habitual el salto a otros trabajos y a otras actividades.

El caso de los floreros de Carnota en La Habana constituye un buen ejemplo de ‘cadena migratoria’, y el mejor estudio sobre ellos se encuentra en la tesis doctoral de José Antonio Vidal Rodríguez, que lleva por título La emigración gallega a Cuba: trayectos migratorios, inserción y movilidad laboral (1898-1968), editada por el CSIC en 2005.


Una versión muy abreviada de su trabajo, publicada en 2006 por la Revista Complutense de Historia de América, puede encontrarse aquí. Reproduzco abajo una parte del artículo, con detalles sobre los floricultores de Carnota.

«El nicho laboral gallego más destacado fue el creado en La Habana por los inmigrantes procedentes de las parroquias de las márgenes pontevedresas y coruñesas del Ulla, quienes monopolizaron la plantilla de jardineros del Cementerio Colón. Entre los colectivos comarcales y locales que lograron construir economías étnicas, donde controlaron parcial o mayoritariamente la iniciativa empresarial y el mercado laboral, destacaron los floreros naturales del municipio coruñés de Carnota, que monopolizaron el cultivo y venta de flores en La Habana; los marineros de las rías de Ares y Ferrol, quienes constituyeron la inmensa mayoría de las tripulaciones de las principales flotas pesqueras y mercantes de la isla; y el de algunos naturales de los municipios de las comarcas lucenses de Terra Cha y Mariña Occidental y del ayuntamiento coruñés de As Pontes de García Rodríguez, que dominaron el negocio de casas de préstamos, empeños, mueblerías y joyerías de La Habana. (...)
En vísperas de la Revolución, las calles aledañas al cementerio Colón albergaban la mayoría de los comercios de flores de La Habana, cuyos dueños habían llegado a la isla a través de las cadenas migratorias de las parroquias de Lira y O Pindo del municipio de Carnota, que a su vez tenían sus campos de cultivo en los suburbios rurales de la ciudad. Estos cultivadores y vendedores de flores habían alcanzado, en su mayoría, un status económico acomodado.»

Fuese para ofrendas a los dioses, fuese para ofrendas a los muertos, las flores gozaban de una gran demanda en La Habana, tal como nos explica José Antonio Vidal:

«Las flores han sido en Cuba, y aún lo siguen siendo, un producto muy demandado, debido al papel fundamental que juegan en los rituales de la santería popular, sobre todo entre la población de color. Cada orisha, o divinidad afrocubana, tiene consagrada una flor emblemática que sus hijos espirituales deben ofrendarle con cierta regularidad. 

Yo vendía las flores con la canasta acuestas por las calles de La Habana, y vendía también maticas con una carretilla. Y además sembraba matas y flores, yo injertaba y hacía todo eso. De aquella se vendían muchas flores blancas pa´ brujería. Había mucha brujería entonces. Bueno, como ahora. [Testimonio de Belarmino, en 1998]

Pues bien, esta gran demanda de flores por parte de la gente de color y de los deudos de los difuntos enterrados en el Cementerio Colón, fueron satisfechas a partir de finales del siglo XIX por pequeños productores gallegos que tenían sus jardines en los terrenos de la actual Plaza de la Revolución y en poblaciones cercanas de la capital, quienes a su vez pregonaban las flores por toda la ciudad (...)»

En el siguiente recorte de un plano de 1899, podemos apreciar la ubicación del Cementerio Colón y a su derecha el terreno sin urbanizar donde los de Carnota ejercían la floricultura.


Para hacernos una idea de hasta qué punto el negocio de las flores poseía potencial de crecimiento no hay más que fijarse en el rápido aumento de la población habanera: de casi 435.000 habitantes en 1919 llegó a más de 1,2 millones en 1953.


Lógicamente, el monumental Cementerio de Colón, inaugurado en 1886 y entre los más grandes del mundo -570.000 metros cuadrados-, pasó a albergar más y más ‘inquilinos’ con la correspondiente demanda de más y más flores.

De injertar, cultivar y vender flores, Pestonit dio el salto a los frutales, como ya he mencionado. Según mis noticias, constituyó su empresa de viveros en 1927. Acudamos de nuevo a José Antonio Vidal para saber de sus logros:

«Algunos de ellos, los más emprendedores y afortunados, habían logrado ampliar sus negocios a otros productos asociados con el cultivo de flores. Este fue el caso, entre otros, de Saturnino Pestonit, quién, procedente de Carnota, llegó a La Habana a través de una de estas cadenas familiares. Como la mayor parte de sus paisanos, Pestonit trabajó primeramente en el puesto de flores de un pariente, y cuando consiguió dominar el negocio floral fue especializándose en el de árboles frutales, llegando a levantar los viveros más grandes y prestigiosos de la isla en el pueblo de Caimito de Guayabal. Este emprendedor y triunfador inmigrante logró mejorar el cultivo del naranjo y del aguacatero, gracias a los cruces que hizo de los árboles nativos con otras especies europeas y americanas, consiguiendo plantas muy productivas que popularizaron su cultivo entre los campesinos cubanos.
En el caso de la naranja, injertó como patrón la fruta criolla y como cruce las yemas de las naranjas valencianas. En relación al aguacate, cruzó las matas criollas con otras del centro y sur de América, pudiendo desde entonces asegurar la producción de este fruto todos los meses del año, generalizando su consumo en la dieta popular cubana en la década de los años cuarenta. Esta importante contribución a la fruticultura cubana es destacada por el libro Los españoles en Cuba [Monge Muley 1953] con estas palabras elogiosas: “Es probable que las generaciones futuras de la Perla de las Antillas tengan que rendir un tributo de homenaje y admiración a D. Saturnino Pestonit García, cuando la floricultura haya alcanzado su pleno desarrollo y sea una de las principales fuentes de riqueza del país”.»

Pestonit visitó Galicia en 1947 y la prensa se hizo eco de sus méritos, calificándolo como ‘mago de la fruticultura’ en Cuba.


«Don Saturnino Pestonit, el ‘Mago de la Fruticultura en Cuba’ es un gallego que ha conquistado con el sudor de la frente la categoría de hacendado bajo el cielo tórrido del país del azúcar y del tabaco. En 1921 salió de un puerto de su tierra tantas veces añorada bajo la policromía del campo de cañaverales y de palmeras [Vigo], hacia lo que él creyó tierra de promisión. Su aventura de emigrante es una repetición de todas. Privaciones, sacrificios ciclópeos y fe perseverante. Un día llegará –se dijo- y esa fecha la alcanzó. Reunidos unos pesos, practicadas teorías de fruticultor, le sonrió la vida. Era propietario de unos ‘ferrados’ de tierra, en producción. Hizo la revolución de las plantaciones de frutales a despecho de los nativos.
-- Si os sonreís de mis sueños, ya me daréis la razón, solicitando mis productos y mis sistemas de cuidar las tierras-, respondió olímpicamente a sus detractores.
Y así fue. En 10 años, Pestonit recibió la confirmación de sus proyectos, en el más completo éxito y percepción de ingresos. De pobre, llegó a millonario; pues de simple sirviente pasó a ser dueño de las dos mejores fincas destinadas a frutales en la Isla de Cuba.» [1947]

Aquí tenemos una foto del reportaje en la que Pestonit aparece junto al Presidente de la República de Cuba entre 1948 y 1952, Carlos Prío Socarrás, derrocado por el golpe militar de Fulgencio Batista. Prío poseía abundantes tierras y estaba encantado de los frutales que le suministraban los viveros de Pestonit.

1947


De ello dejó constancia el más famoso cubano del siglo XX, cuando señalaba que en las haciendas de Prío se habían plantado “7.000 árboles injertados de aguacate de Pestonit, cuyo alto precio debido a su alta calidad no baja de 30 $ cada uno, lo que representa un total de 200.000 $. Se están cavando ahora 10.000 hoyos para plantar otros tantos árboles de pomelos de Pestonit.” [1952]


El párrafo anterior pertenece a un artículo de 1952 firmado por, quién sino, Fidel Castro. ‘Yo acuso’ se titulaba, y en él denunciaba la corrupción del Presidente y del propio régimen.

Los árboles de aguacate de Pestonit fueron a parar también a España. En su Historia del aguacate español (1955-1996), Julián Díaz Robledo nos habla del viaje que en 1954 realizaron por la costa mediterránea dos pioneros –Luis Sarasola y Roger Magdahl- para encontrar aguacateros, y resulta que su primer hallazgo fue cerca de Marbella, en una finca del por entonces General de Aviación José Rodríguez y Díaz de Lecea. De familia coruñesa, aunque nacido en Matanzas, sus aguacateros y otros frutales habían venido de Cuba, y muchos de ellos “llevaban la etiqueta de los Viveros Pestonit”. Una muestra más de la pujanza del negocio de árboles frutales del carnotano.



Y... ¡y en eso llegó Fidel!. ¡Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar!, decía la canción de Carlos Puebla. La revolución de 1959.

¿Qué pasó con las propiedades y los viveros de Pestonit?. Acudamos, una vez más, a José Antonio Vidal, a otro artículo titulado “Los procesos nacionalizadores durante la revolución cubana según los testimonios de los inmigrantes gallegos en la isla: 1959-1968”.

«(...) la intervención de la propiedad privada no se hizo de una sola vez. Probablemente, para evitar la desafección general a la causa revolucionaria por parte de las clases medias, el nuevo gobierno popular llevó a cabo un calendario preciso de intervenciones parciales, comenzando por las viviendas no ocupadas por sus propietarios, las haciendas rurales de más de 390 hectáreas, la banca, las grandes empresas y el sistema escolar y sanitario, y finalizando con la nacionalización de los pequeños negocios familiares el 14 de marzo de 1968, pasando antes por la nacionalización de los clubes exclusivos en 1961, la intervención de los grandes y medianos comercios y almacenes en 1962 y las explotaciones agropecuarias de más de 65 hectáreas en 1963. El discurso lanzado por Fidel el primero de mayo de 1959 ya anunciaba el principio del fin de los grandes propietarios, a los que, como sostenía días después un articulista de la prestigiosa revista Bohemia les había llegado la hora de ajustar sus cuentas»

Poco trabajo me costó saber que Saturnino Pestonit había perdido sus propiedades y se había establecido en Miami. En una entrevista de 1967 nuestro protagonista aportaba datos sobre su trayectoria en Cuba, explicaba que había reconstruido su negocio de viveros ‘con dinero procedente de España’, y que su propósito era obtener y difundir en Florida frutales tropicales poco conocidos hasta el momento. Abajo traduzco el texto.


EXILIADO CUBANO PLANTA ÁRBOLES NATIVOS EN FLORIDA

«Un hombre que era conocido como ‘el mago de los frutales’ en Cuba antes de marchar al exilio afirma que tratará de popularizar algunos de los árboles exóticos del país en que vivía en su nuevo hogar en Florida. Entre ellos están la anona [custard apple], la zapotilla y el chirimoyo, ya conocidos en Florida pero poco difundidos.
‘He traído semillas de esos frutos, poco conocidos en Estados Unidos’, dice Saturnino Pestonit. El horticultor ha trasladado sus actividades, a menor escala, a este país. Pestonit, 57, muy bronceado y de pelo blanco, dice que sus plantas se están desarrollando y espera que estén listas para su multiplicación en menos de dos años. Espera que se desarrollen bien en el extremo sur de EE.UU.
La zapotilla, llamada a menudo ‘árbol del chicle’ porque algunas variedades lo producen, tiene un fruto dulce y marrón. El chirimoyo es pardo amarillento, con flores de tres pétalos y un fruto de mucho consumo en las zonas tropicales. El fruto de la anona tiene una pulpa dulce, blanca y blanda con muchas semillas rodeado por una piel verde. Es del tamaño de una manzana pequeña.
En Cuba, según declaración de Pestonit, dejó más de 300 acres [120 hectáreas] de huertos y otras tierras cuyo valor superaba el millón de dólares. Según Pestonit, fue él quien introdujo en Cuba la naranja de Valencia, diversas variedades de aguacate de Suramérica y el mango de la India. Prestó sus servicios como asesor de agricultura en las embajadas cubanas de España, Portugal, Francia y Bélgica. En Florida estableció un negocio de viveros con dinero procedente de España, de donde es natural. Y desde Miami, ha exportado frutales injertados a España, México, Nicaragua, Venezuela, Costa Rica y Puerto Rico. Dice Pestonit que ha resuelto las plagas de insectos en sus árboles exóticos en Florida gracias a los ‘excelentes insecticidas disponibles’. (...)» [1967]

De modo que los Pestonit reprodujeron en Miami su anterior negocio cubano. He buceado en la red y me he topado con diversas informaciones que lo corroboran. Aquí tenemos una imagen obtenida en Google Street de su nursery de árboles en el condado de Miami-Dade, SW 102 Avenue. Año 2013.


Acá otra foto bien anterior, procedente de un archivo histórico norteamericano.


Incluso podemos contemplar dos cortos vídeos sobre las floristerías Pestonit, ambos de los años 1970. El primero de ellos recoge escenas de la inauguración de un nuevo local. El segundo lleva como música de fondo la canción ‘Por una rosa’ de Manolo Escobar.

He dejado para el final la parte que me causó más impacto al investigar esta historia. Hemos visto que Saturnino Pestonit y su familia perdieron sus propiedades y acabaron en Miami, como tantos otros. Yo no sabía ni cuando ni como, pero intuía que se habían exiliado muy pronto, con las primeras medidas nacionalizadoras del gobierno revolucionario. Pestonit era un ‘capitalista’ de cierta importancia y había mantenido relaciones fluidas con los terratenientes cubanos, sus principales clientes, incluido el presidente Prío Socarrás, denunciado como gran corrupto por Fidel Castro.

Lo que no imaginaba es que su hijo, Julio Pestonit, con 20 años, hubiese formado parte de la Brigada 2506 de exiliados cubanos que participó en la invasión de Bahía de Cochinos (abril de 1961), un frustrado intento de derrocar al régimen de Castro con el apoyo de la CIA. Y menos, todavía, que hubiese salvado la vida de un modo tan extraordinario.


«La historia parece de terror, pero varios de los integrantes de la fracasada invasión de Bahía Cochinos tuvieron que recurrir al canibalismo para no morir en alta mar, después de haber escapado de Cuba. Así lo reveló Julio Pestonit, uno de los participantes de la brigada 2506, a la cadena de televisión Fox News en un programa difundido el jueves en la noche en Miami.
En abril de 1961 Pestonit y otros 21 exilados cubanos tomaron El Celia, un barco pesquero en Playa Girón con el fin de huir de las tropas cubanas. Pestonit, quien en ese entonces tenía 20 años, afirmó que después de ver que varios compañeros empezaron a morir por falta de agua y comida, los sobrevivientes decidieron usar los cadáveres como alimento, si fuese necesario.
Llegué a comerme parte de las vísceras de un cadáver que me tendieron y bebí, junto a otros, la sangre de un compañero muerto, sostuvo Pestonit en el programa. A falta de agua potable, los sobrevivientes tomaron agua del mar, mezclada con la orina propia y gasolina para quitarle la salinidad. Según su relato, a la embarcación siempre la seguía una manada de tiburones, que esperaban a los cadáveres que se iban tirando por la borda. Por fortuna la odisea de 16 días a la deriva en alta mar terminó, cuando fueron recogidos 100 millas al sur de la desembocadura del río Misisipi por el carguero norteamericano Atlanta Seaman.
Uno de los exiliados murió una hora antes de ser rescatado y otros dos después de serlo De aquella experiencia se salvaron 12 de los 22 pasajeros de la embarcación, quienes juraron mantener en secreto el acto de canibalismo y, especialmente, nunca revelar los nombres de los compañeros que sirvieron como alimento, por respeto a sus familias.
Sin embargo José Enrique Dausá, miembro de la jefatura militar de la brigada y otro de los sobrevivientes de la embarcación, dijo al Nuevo Herald que las afirmaciones de Pestonit no eran exactas. La verdad es, y yo tengo interés en que se sepa así, que cuatro de los componentes de ese grupo del bote no participamos en ese acto de canibalismo, afirmó Dausá. El sobreviviente agregó que la diversidad de criterios había creado una situación difícil dentro de la embarcación.
Lo que muchos se preguntan es por qué después de 37 años de la fracasada invasión de Bahía Cochinos, Pestonit sacó a la luz pública un secreto que todos los sobrevivientes del barco habían decidido llevarse a la tumba. La respuesta la dio el mismo, después de pedirle perdón a sus compañeros en el programa, Pestonit explicó que se decidió a hablar después que la CIA reveló un informe interno en el que el ex presidente John F. Kennedy parece exonerado de su responsabilidad en el fracaso de la invasión.
Kennedy fue responsable. Yo quiero que el mundo sepa que Kennedy fue responsable de nuestra tragedia y del fracaso de la invasión por negarse a autorizar apoyo aéreo y por retirar del lugar los buques de guerra, afirmó.» [1998]


Julio Pestonit no cejó en su empeño tras el fiasco de Cochinos, y fue detenido por poner bombas a quienes no defendían como Dios manda la causa anticastrista.

1967

En otro giro inesperado de la historia familiar resulta que un hijo del belicoso Julio y nieto del paciente ‘mago de la fruticultura’ llegó a convertirse en ‘gurú del yoga’, asesorando en la disciplina oriental a personajes famosos antes de fallecer en 2011.

New York's social set is talking about the sudden death of yoga guru to the stars Jules Paxton.


«Paxton, who according to his website worked one-on-one with songwriter Denise Rich, fashion designer Donna Karan, singer/songwriter Sting, actress Barbra Streisand and Russell and Kimora Lee Simmons, was pronounced dead on Friday, shortly after an ambulance crew arrived at his E. 94th St. apartment, in response to a report of a man suffering cardiac arrest. An autopsy was inconclusive, and the medical examiner's office said tests are being done to determine the cause of death. Paxton, 45, originally Julio Pestonit, was the son of Cuban exiles who settled in Miami.»

[Paxton, quién según su página web asesoró personalmente a la letrista Denise Rich, a la diseñadora de modas Donna Karan, al cantante y letrista Sting, a la actriz Bárbara Streisand y a Russell y Kimora Lee Simmons, fue declarado muerto el viernes, poco después de que una ambulancia acudiese a su apartamento (...) Paxton, de 45 años, cuyo nombre real era Julio Pestonit, era hijo de exiliados cubanos establecidos en Miami.]

De la revolución y la guerra a la paz; de la paz a la revolución y la guerra; y al final otra vez la paz. Un soldado de la Francia revolucionaria de Napoleón fundó la saga de los Pestonit de Carnota. Un descendiente suyo marchó en son de paz a La Habana y se dedicó tanto a las pacíficas flores que adornan la paz de los cementerios como a las no menos pacíficas frutas. La siguiente generación hizo la guerra contra la revolución. En última instancia vuelta a la paz, a la serenidad, al yoga.