19 de octubre de 2011

AgroEnlace. 1931, escenas de la Galicia agraria


Estamos ante un documental de 1931 titulado 'Galicia y Buenos Aires' que me resultó muy interesante porque escasean este tipo de filmaciones de la vida rural gallega. Una cosa es contemplar fotos, y otra ver a la gente en acción. Más abajo haré un resumen del documental –dura 28 minutos- y luego ofreceré información sobre la historia del mismo, una historia con cierta miga.

Es mudo y como verá el espectador los textos explicativos entre escena y escena se mantienen durante tiempo y tiempo, para dar tiempo y tiempo a las gentes de aquella época, poco habituadas a leer. Paciencia.

 

Los protagonistas pertenecen al pueblo de Fornelos da Ribeira [Fornelos de la Ribera], en la comarca de O Condado al sur de Pontevedra, llamado así y no Fornelos a secas para distinguirlo de otro pueblo más al norte, Fornelos de Montes. Acá ofrezco dos mapas para que el lector se ubique.

Fornelos da Ribeira, entre Ponteareas y Salvaterra de Miño (Pontevedra)


La primera escena -que no llega hasta casi el minuto 3- corresponde a alegres segadoras, dale que te pego con el fouciño [una hoz pequeña], sudando pero contentas porque las están filmando. Antes de la faena entonan un alalá agitando los fouciños que, claro, no podemos oír. Luego se coloca el cereal en medas, en montones.

Después de esparcidos los haces de trigo por la eira corresponde a los varones mallarlo [majarlo], golpearlo con los mallos para separar el grano de la paja. Tal como hacen estos ancianos de la foto en Lalín, recuperando viejas tradiciones.

Malla en Lalín (foto procedente de turismolalin.org)
Tras tanto trabajo viene un momento de relax para tomar vino en cuncas [cuencos], bastante grandes por cierto, que circulan de mano en mano y de boca en boca. Más alegría.

Pasamos ahora a los trabajos de sembrar el maíz, ‘la principal riqueza de la comarca’, nos dicen. Hay que arar, distribuir el estiércol y echar la simiente, a voleo. Las vacas ponen la fuerza de tiro.

Otro descanso, ¿para?. Pues para beber vino, again, esta vez en calabazas, el rico vino del Condado de Salvaterra. Un jovial campesino riega la boca y la cabeza de un chaval con el zumo de uva, y después un texto nos dice que  “O señor José da Patricia, antes de beber, acaricia a cabaza diciendo: ‘iste é o que me ten a mín en pé’, y Abel da Pancha entona un retumbante aturuxo que chega ó Piñeiral.” Una pena no poder oir el aturuxo.

Ahora toca recoger la harina en el molino y una buena moza, la ‘agraciada Celsa da Marela’ acompañada del pequeño ‘Enriquiño da Parda’, carga un saco en la cabeza para llevarlo hasta casa pasando cerca de una cascada.

Lo siguiente son parejas tonteando en una pradera, acompañadas de una cabra, mientras un pescador lucha con las truchas y otros vecinos pasean en lanchita en un remanso del río, haciendo grandes aspavientos hacia el cameraman.

Un sulfatador reparte azufre por las viñas para combatir el mildiu, un hongo que perjudica a la vid. Y, por cierto, sulfata a todos los que pasan por su lado.

Dos preciosas nenas acarician a su tierno corderito, su tesouro, y luego una recua de niñas pasea también a sus ovejas y corderos en brazos tras haber intentado encontrar ‘o encanto dos mouros’ en el lugar de Os Castros. Yo iba de pequeño a un lugar parecido, a unas grandes piedras que se decía tenían debajo tesoros dejados por los moros, ¡qué recuerdos!. Y había cerca otra enorme piedra de granito con las pisadas de Santiago Apóstol. Subías a ella y encontrabas dos huecos con forma de zapato que habían sido formados, claro está, por la erosión; pero según la tradición allí había puesto sus pies el Apóstol.

Paisanos y paisanas con vacas en una carballeira y feria de ganado en Ponteareas. Las calles ocupadas por la gente y el ganado, sin tráfico de automóviles. Chiringuitos portátiles en la feria, donde ‘las gentes de los contornos se surten de los menesteres caseros’. Rematada la feria, vuelta a casa, con las cestas al brazo.

Cambio de tercio. Va a inaugurarse la casa social del Sindicato Agrícola y Ganadero ‘El Progreso’ de Fornelos. Hombres con corbata y muchos bigotes, que echan sus firmas mojando en el tintero.

Las niñas de la escuela de Fornelos están invitadas a la inauguración, y desfilan de a tres, muy formales con sus libros en la mano. Los niños también van, pero salen de su escuela en fila de a dos y después ya... a rumbo, con un estilo más masculino.

Nueva casa social supone fiesta con banda de música, La Filarmónica de Ponteareas, que interpreta... La Marsellesa y el Himno de Riego. Acaba de proclamarse la República en España.

La celebración trae consigo sus correspondientes discursos inaugurales. Los asistentes portan pendones y banderas para escuchar a los oradores, y proceden de muchas parroquias del contorno. ‘La brisa primaveral hace flamear las banderas en el templete y la muchedumbre se prepara para oir la palabra de los oradores’. Hablan Herberto Blanco, Agustín Rivas y Amado Garra. Después sabremos quienes son.

Toca ahora ir a la iglesia, a cumplir con el precepto. ‘Deberes domingueros’ dice el texto. Mucho niño con boina y también mucho varón adulto con la cabeza cubierta. Las mujeres con el pañuelo a la cabeza.

Bajada de la cuesta de As Fraguiñas. Sin coches, sin postes ni cables de teléfono o de electricidad. Visita al cementerio y después la tradicional romería. Ahora sí, circulan coches haciendo rally y todos los pasajeros van bien protegidos con cinturón de seguridad, claro. Mozas y no tan mozas hacia la ermita. Más coches con los pasajeros perfectamente sujetos en sus asientos; ni rastro de la Guardia Civil de Tráfico. Baile en la romería con ‘rosquillas do Riveiro’ y ‘viño do Condado’ para pasar la tarde. Visita a la capilla de Pesqueiras, arrimada a una enorme roca.

Y ya por último, la Junta Directiva del Sindicato ‘El Progreso’ celebra la inauguración de su casa social en Fornelos con la clásica ‘merendada’, o sea, merienda. Vino, jarras y cuncas; boinas y sombreros agitados al aire. Recuerdos a los que están en Buenos Aires, acompañados de buenos tragos de vino directamente de la jarra. Fin.

No recuerdo cómo me enteré de la existencia de este documental. Pero me interesó, claro, y la primera vez que lo vi no presté mayor atención al hecho de que fuese rodado en Fornelos da Ribeira, un pueblo que no conozco. Ahora, luego de investigar sobre el tema, me doy cuenta de que en Fornelos se juntan dos historias especiales, la historia del movimiento agrarista y la historia de los esfuerzos de los emigrantes en América por mejorar las condiciones de vida de sus lugares de procedencia.

Estamos ante una localidad cuyos habitantes laboraron activamente para impulsar su agricultura y su ganadería, pero también con el fin de poner coto al caciquismo. Y para conseguirlo colaboraron estrechamente los de aquí con los de allá, con los emigrados al otro lado del Atlántico. De modo que nuestro documental nace del deseo de los Hijos de Fornelos en Buenos Aires de ver con sus propios ojos la vida diaria de su pueblo y el resultado de su aportación a la construcción de la sede social del Sindicato Agrícola local.

Los ‘Hijos de Fornelos’ en Buenos Aires fueron pioneros en constituirse como sociedad para apoyar el progreso de su pueblo de origen. Primero con el nombre La Concordia y luego desde 1920 como Hijos de Fornelos y Anexos. En su trabajo “Redes sociales y asociacionismo: las ‘parroquias’ gallegas de Buenos Aires (1904-1936)”, Núñez Seixas señalaba que

“Todo un enjambre de sociedades gallegas de ámbito parroquial, municipal y comarcal surgió en Buenos Aires, al igual que en La Habana (y, en menor medida, Montevideo), entre 1904 y 1936, con un período de máxima intensidad global entre 1907-1925. La primera sociedad de instrucción conocida en Buenos Aires surgió en abril de 1904. Se trataba de La Concordia, una asociación de los naturales de la parroquia de Fornelos da Ribeira (Salvaterra de Miño, Pontevedra). En su génesis, La Concordia resumía los factores que harán posible el desarrollo de las sociedades microterritoriales: redes microsociales de vecindad y parentela operantes en Buenos Aires, proximidad residencial y/o de lugar de trabajo, y combinación de intereses en su liderazgo entre notables y activistas políticos. La entidad nació a iniciativa de 37 inmigrantes procedentes de Fornelos, muchos de los cuales trabajaban en la fábrica de herramientas, propiedad de los coterráneos Manuel y José M. González, en una calle céntrica de Buenos Aires, con el primer objetivo de dotar a la parroquia de origen de un nuevo cementerio civil y religioso.”

Después de algo tan básico como el cementerio, llegarían las escuelas y una casa para el Sindicato. En el lado de acá, los de Fornelos se implicaron en el movimiento agrarista, en la creación de sociedades que aspiraban a defender de modo colectivo los intereses del agro, al igual que hacían los obreros con sus sindicatos.

Las sociedades agrarias luchaban por los derechos de los campesinos y por la modernización técnica de la agricultura. En nuestro caso, como ya señalé, la colaboración entre Galicia y Buenos Aires fue notable. La venta de ganado vacuno se había convertido en una buena fuente de ingresos, y para impulsar su mejora se realizaban concursos de ganado. Los emigrados financiaron uno en Fornelos.

1927

Otra cosa importante era asegurar el ganado vacuno para, como en todos los seguros, recibir una indemnización cuando se producía la pérdida de uno de los bienes más valiosos del campesino. También en este asunto los bonaerenses echaron una mano.

1927

Los de Fornelos participaron desde el principio en el mayor proyecto del agrarismo gallego de los años 1920, Marucoga (Mataderos Rurales Cooperativos de Galicia), que llegó a establecer un matadero frigorífico en O Porriño en 1928, luego fracasado.

1928
Y como ya vimos, además de cementerios y escuelas, o de concursos y seguros de ganado, los emigrados de Buenos Aires contribuyeron a financiar -tema estrella del documental- la sede social del Sindicato, una iniciativa surgida en 1927 y concluida en 1931.

1927

En definitiva, tras tanta colaboración entre los de acá y los de allá, surgió la idea del documental. Su exhibición en Fornelos, en junio de 1931, justo dos meses después de la proclamación de la 2ª República, fue todo un éxito.

1931
Los oradores que pronunciaron discursos en la inauguración –Herberto Blanco, Agustín Vidal y Amado Garra- eran tres fervientes republicanos. El más destacado de los tres era Amado Garra, abogado residente en Vigo que llegó a ser alcalde de la ciudad olívica durante buena parte del año 1932. Era uno de los propietarios de la importante firma de curtidos de Ponteareas Hijos de Garra.

1927


La República fue bien acogida por los de Fornelos. Y una de las razones de tan buena acogida fue que la instauración del nuevo régimen alimentó las esperanzas de que se aclarase por fin una muerte acontecida en 1920, la de un viejo labrador agrarista llamado Juan Domínguez Viéitez. La justicia había dado carpetazo al caso –muerte accidental- pero no tardaron en surgir las sospechas de que la red caciquil dirigida por los Bugallal estaba detrás.

Un periódico de Santiago recogía la noticia en febrero de 1920: “Dicen de Puenteareas que en la mañana del día 2 de este mes fue visto tendido panza abajo sobre una charca en el punto llamado Curxido, el cadáver de Juan Domínguez Viéitez, viudo, de 74 años de edad, del barrio de Pedrapiñeira, en la parroquia de Fornelos, municipio de Salvatierra. De las actuaciones hechas por el Juzgado se desprende que la muerte fue casual.”

La convicción de que había habido una mano negra, un asesinato político, fue en aumento, y se creó una ‘Comisión pro-esclarecimiento del crimen de Fornelos’ que recaudó fondos por diversas localidades gallegas y recibió múltiples apoyos de sociedades agrarias y obreras.

1927


La indignación había subido de grado cuando en Sobredo (Tui), a 10 kms de Fornelos, una protesta contra el pago de los foros –rentas de la tierra- culminó en la muerte por las fuerzas del orden de tres campesinos en 1922. Abajo el titular de la noticia, y aquí puede verse un reportaje-documental sobre dichos sucesos, en gallego y de 9 minutos.

1922

En 1932 eran grandes las expectativas de que las autoridades de la República promoverían la revisión del caso y se aclararía por fin lo sucedido con Juan Domínguez.

1932

Pero nada se consiguió. En vísperas de la Guerra Civil el asunto seguía atascado en el Tribunal Supremo.

1936

La Guerra Civil española (1936-39) y las directrices políticas y económicas del régimen franquista truncaron no sólo la investigación sobre el crimen sino también la labor de los agrarios y su cooperación con los emigrados en América.

Más detalles sobre esta historia en el siguiente artículo, escrito por F. Garrido y publicado por el semanario El Tea en 1936 y que describe la fundación, los logros y las dificultades de la Juventud Progresiva de Fornelos. El Saturnino Piñeiro que se cita fue el autor de los textos del documental.

“En el invierno del año 1918, a un pequeño grupo de muchachos se les dio por fomar una sociedad, a mejor decir, sintieron la necesidad de agruparse; de tener un lugar donde pasar unas horas de esas noches largas; de alejarse de las tabernas, focos de vicios que llevan al hombre al crimen y al robo. Se consiguió de albergue en el barrio de Casco en una casa de Amadeo Monteagudo. Allí fue el principio de reunión; allí fue donde se empezó por considerar la necesidad de constituirse en entidad; (...) Con la colaboración del incansable luchador Saturnino Piñeiro Groba, que en la primavera de 1919 (Marzo) se aprobó sus reglamentos con el nombre de ‘Juventud Progresiva’. Así nació la ‘Juventud Progresiva’, con el consiguiente disgusto de los de ‘enfrente’, porque veían que tras ellos resurgía un vivir más moderno; que eran las Antorchas que en sus llamas se vislumbraba otra claridad más sana; que romperían esas fuertes cadenas del caciquismo; desde el mismo altar se hacía objeto de mil conjeturas en perjuicio siempre de obstruirle el camino, conceptuándola de una sociedad peligrosa; haciendo llegar a los padres de esos jovenes las más soeces amenazas, tan solo con el fin de destruir a la naciente sociedad (dos rapaces, como me chamaban). (...) mirando siempre hacia las necesidades del campesino, ha procurado dar mitines, siempre con el desinteresado concurso de los dirigentes del Agrarismo D. Amado Garra, los señores Piñeiro y otros, los verdaderos luchadores de la causa Agraria, por cierto en ese entonces y antes perseguidos tenazmente por las huestes del Bugallalismo. (...) Se acogió a la Ley de Sindicatos la naciente entidad. Consiguió la feria de ganados; organizó un concurso de los mismos, que fue un acto brillante ante propios y extraños, dando así una nota de valentía y entusiasmo (siempre con el consiguiente descontento de los de ‘enfrente’), llegando a ser la entidad más fuerte y respetada del distrito; organizó la ‘Sección de Seguro de Ganados’, elevando al seguro un capital de 90.000 pesetas. (...) Desde el púlpito procuraban estorbarle, mientras otras entidades celebraban sus reuniones libremente, La Juventud Progresiva tenía que celebrar, cuando no se le negaba el permiso, con las parejas de la Guardia Civil presentes y ¡cuidado!. No obstante todos los obstáculos que se nos puso con una campaña contraria, difamante, no se ha retrocedido un paso. Esto es un esquema de la obra realizada durante la opresión de gobiernos y autoridades hasta el advenimiento de la República. Del triunfo obtenido en las elecciones que trajeron la República, fue la que dio la nota sobresaliente en el distrito de Salvatierra, fue la que izó la bandera tricolor en el Ayuntamiento, pese a los figurones de esos días. (...)”.

8 de octubre de 2011

El eucalipto y su conquista del Noroeste (1)


Llegaron los romanos hace casi 2.000 años y dejaron en Galicia calzadas, la muralla de Lugo, el faro de Hércules, plantas y técnicas de cultivo, el arado y hasta el idioma. Damos un buen salto en el tiempo y de América vinieron el maíz, la patata, el pimiento, el tomate y otras cosas. Y más adelante, en el siglo XIX, llegó de Australia el eucalipto, traído por un religioso natural de Tui, Rosendo Salvado.

De todas estas cosas importadas la que más salta hoy a la vista es precisamente el eucalipto, que en las últimas décadas ha conquistado una parte considerable de los montes del Noroeste de la península ibérica.

Como es sabido, la exploración y el establecimiento de los europeos en Oceanía se aceleró a finales del siglo XVIII, y desde allí fueron llegando plantas desconocidas en el resto del mundo. No está muy claro cómo se introdujeron las primeras semillas de eucalipto en Galicia, pero lo más probable es que hubiesen sido traídas o enviadas por el citado Rosendo Salvado, obispo en aquellas tierras de las antípodas, en torno a 1860.

Díaz-Fierros Viqueira, en un trabajo de 2001 titulado “¿Foi o Padre Salvado o introductor do eucalipto en Galicia?”, publicado en O Bispo dos sen alma. Frei Rosendo Salvado (1814-1900), concluía –traduzco del gallego-:

“En conclusión, es muy probable que la fecha de 1860 que cita Rafael Areses [ingeniero forestal] como la de las plantaciones de eucaliptos de Tui fuese también la de llegada de esta especie a Galicia, por lo que la honda tradición que existe de que el Padre Salvado fue su introductor podría seguirse manteniendo (...) lo que supondría además que las de Tui serían las primeras plantaciones de eucaliptos hechas en España”.

Por esas fechas, Europa estaba habituada a recibir plantas exóticas procedentes de todos los continentes, y el eucalipto fue una más. ¿Cómo fue acogido el novedoso árbol?. Pues... poco a poco, claro, y al principio sólo como una curiosidad y para adorno de parques y jardines, especialmente en los pazos; después para el aprovechamiento de sus troncos en los más diversos usos; y en la última etapa, desde mediados del siglo XX, para la obtención de celulosa.

Una buena manera de comprender la historia inicial del eucalipto es compararla con la de la patata americana, que empezó a cultivarse en Galicia un siglo antes, en el XVIII. Vamos a ver las diferencias entre uno y otro caso. La patata es una planta no particularmente bonita, mas bien feúcha, y los tubérculos de su raíz son comestibles, pero tampoco un manjar. El eucalipto hasta resulta bonito, pero no ofrece más que madera. Tenemos pues a la fea bajita que alimenta y por otro lado al guapo de madera, un tipo altivo y bastante duro.

No fue difícil para la gente rural apreciar las virtudes de la fea. Tras unos cuantos meses plantada, recogieron sus frutos y... a ver a qué saben. Pelada y cocida llenaba el estómago, y resultó que no solo era planta poco exigente sino que sus rendimientos por hectárea eran elevados, bien superiores a los de los cereales.

Así que los campesinos con poca tierra se interesaron por ella, y la patata no tardó mucho en ser estimada por los más pobres. Los que tenían tierra bastante para el cultivo de trigo, centeno y maíz prefirieron seguir comiendo pan en vez de esa cosa rara que se extraía de debajo de la tierra. Estamos, claro está, hace más de dos siglos, sin patatas fritas.

Al revés pasó con el eucalipto chulito. Quedaba bien de adorno pero había que aguardar mucho tiempo para saber si era de buena madera. ¿Cómo sería su madera a la edad de 20, 30 o 40 años?. ¿Se agrietaría, se curvaría?. ¿Sería mejor que la de pino, se parecería a la de roble?.

De modo que al principio los eucaliptos fueron 'cosa de ricos’, de aquellos que los plantaban para ornato de sus haciendas o de quienes podían esperar décadas a que el guapo australiano mostrase su valía y sacar partido a un árbol cuyo rápido crecimiento fue toda una sorpresa.

Recordemos que nuestro protagonista procede de las antípodas de Galicia, con climas parecidos, templados y húmedos.

Nueva Zelanda, cerca de Australia, en las antípodas de Galicia

En un artículo de 1920 titulado ‘El eucalipto en España’, González Fiol hacía una lista de algunos promotores de su cultivo. Fueron personas que

“arrostrando peligros económicos y supliendo con su inteligencia los conocimientos del cultivo que el Estado debiera difundir y ni difundió ni difunde, emprendieron el del eucalipto, presintiendo que podía constituir una riqueza forestal importantísima. No puedo citar a todos cuantos lo merecen por ignorar sus nombres (...) me resignaré a dar unos cuantos. El primer puesto corresponde, en justicia, a aquel ilustre estadista (...) D. Eugenio Montero Ríos. El ilustre canonista –como se le llamó por antonomasia- realizó en su finca de Lourizán una importante plantación de eucaliptos que ha alcanzado gran desarrollo. En la misma Galicia han seguido su ejemplo D. Federico Maciñeira, alcalde de Ortigueira, que posee varios miles de eucaliptos, algunos de los cuales mide más de 50 metros de altura, y D. José Calvo, notario de dicha villa; el marqués de Loureda, el doctor Páez. En Madrid es también otro gran eucaliptocultor el prestigioso industrial y avicultor D. Francisco Llorente. En Andalucía, en veinte años de estudio y de perseverancia agronómicos, D. Miguel Sánchez Dalp ha conseguido reunir en sus posesiones más de 300.000 eucaliptos, de la variedad caolo, que se desarrollaron rápidamente, y cuya madera es muy apreciada. No contento aún con eso, ha creado varios espléndidos viveros para proseguir tan importantes plantaciones. En el balneario de Archena [Murcia] existen muchos eucaliptos, a los cuales falta poco para ser centenarios. (...) No es extraño, dado aquel magnífico clima. Pero no vaya a creerse por eso que el eucalipto tiene grandes exigencias climatológicas. Raro será el clima al que no se adapte alguna de sus numerosas variedades. Así, se ha visto aquí en España que en la Coruña, en Noya, se han vendido ya magníficos ejemplares –y no viejos- en el precio estupendo de 150 duros pieza, cantidad no alcanzada por ningún otro árbol. Y en Cerdido, de la misma provincia, un benemérito agricultor, D. Eduardo García, explota –según me comunica persona de amistad- hace 16 años más de veinte variedades, con tal éxito que no sabría cual preferir.” (1920)

Es una lista incompleta de pioneros, claro, pero en ella figuran varios de los más destacados en Galicia, todos ellos con propiedades territoriales de cierta importancia. Entre los pioneros del eucalipto tenemos a aristócratas, a grandes propietarios territoriales, a aquellos con pazo, o casa grande; personas que los plantaban como signo de distinción, por disfrutar de la posesión de un árbol especial que no tenían los demás, y también para su posible futura explotación comercial.

Un cuadro del pintor coruñés Francisco Llorens atestiguaba esta afición de la nobleza o los dueños de pazos por plantar eucaliptos en sus posesiones.
Publicado en La Esfera (1917)

El bisabuelo de Emilio Botín, presidente y principal propietario del Banco de Santander, fue uno de ellos. Se llamaba Marcelino Sanz de Sautuola y junto con su hija descubrió en 1879 las famosas cuevas de Altamira. Es el milagro al que se refiere el texto.


En la prensa de las primeras décadas del siglo XX ya encontramos noticias en las que se adjudica el título de eucalipto más antiguo o más alto de Galicia. Para algunos el título correspondía a los eucaliptos del pazo de Lourizán, de la familia Montero Ríos; otros se lo otorgaban a los del pazo de Mariñán, al de Oca, al de Lóngora, al de Loureda, y así sucesivamente.

Aquí podemos ver la foto del “mayor eucalipto de Galicia”, cortado en 1934 en el pazo de Lóngora, próximo a Coruña, justo después de haber sido adquirido por la Diputación coruñesa a los herederos de Marcial del Adalid, el antiguo dueño del pazo.

1934

Otros pioneros en la plantación de eucaliptos tuvieron una mayor orientación comercial. Conozcamos a algunos de ellos, todos con pazos o fincas ubicadas en la costa cantábrica, en las Mariñas de Betanzos y A Coruña, y en las Rías Bajas. Se trata de personas que, después de plantarlos por curiosidad o por experimentar, se volcaron en su cultivo a mayor escala.

Año arriba, año abajo, la plantación de A Gándara, en Oleiros (Ribeira), a las faldas de la sierra del Barbanza, fue de las primeras. Nuestro pionero se llamaba Juan Sobrido y su yerno, Juan Ruiz Sainz, relataba en 1883 que los eucaliptos más antiguos que poseía habían sido “sembrados a principios de 1867 por el señor don Juan B. Sobrido de Lobera que creemos fue el primero que introdujo en esta provincia [A Coruña] el cultivo del [eucaliptus] globulus, por mas que en su proverbial modestia no haya dejado dato alguno que confirme nuestra opinión.”

En 1881 anunciaba la venta de ejemplares de medio metro por cientos y millares, en cajones, tiestos o directamente del vivero. Amigdalina es una variedad de eucalipto.

1881

Nos vamos ahora al extremo norte de Galicia. En una corta franja de 40 kms en línea recta, entre Cerdido y Viveiro, encontramos a otros tres pioneros. En los mapas de abajo puede verse donde tenían sus montes, en estrechos valles costeros atravesados por ríos que facilitaban el transporte de los troncos hasta los puertos de embarque.

En A Barqueira, con salida al puerto de Ortigueira; en Ribeiras do Sor, al puerto de O Vicedo; y en Chavín, al puerto de Viveiro. 

A Barqueira (Cerdido), a la izquierda. Ribeiras do Sor (Mañón), a la derecha


El más conocido de entre ellos por sus publicaciones sobre el eucalipto es, sin duda, Federico Maciñeira. Hombre ilustrado de una vieja familia hidalga, dejó escrito que su abuelo se había iniciado en el mundo de los eucaliptos hacia 1870 en su hacienda de Torre da Lama, a orillas del río Sor.

1921

Como podemos ver en el texto, Maciñeira –manzano en gallego- experimentó con distintas variedades tratando de comprobar cuales poseían mejores cualidades. Y recalcaba que el eucalipto Globulus podía dar muy buena madera si se dejaba crecer durante al menos 40 años, si se cortaba en la estación apropiada y se aserraba y secaba como es debido. Destacaba asimismo que los ejemplares jóvenes ‘rinden malos productos y de ahí su descrédito como postes y puntales de mina’.

Estamos ante alguien con conocimientos y voluntad de experimentación, que recurría tanto a lo escrito por expertos como a su propia experiencia para alcanzar los mejores resultados de sus plantaciones. No era un sencillo labrador. Llegó incluso a establecer un parque de ostricultura.

1904

En una foto de principios de los 1980 se atribuían 100 años y ‘dimensiones colosales’ a algunos de los eucaliptos de su finca.


Otros pioneros fueron los García Somoza, dueños del pazo ‘Cruz Encarnada’ en A Barqueira (Cerdido). Reproduzco una breve reseña de la trayectoria de Enrique García Somoza, un emigrado retornado de Cuba que junto a sus hermanos adquirió montes incultos y los pobló con pinos y eucaliptos.



Nuestro tercer caso es el de los famosos eucaliptos de Chavín. Y digo famosos porque uno de ellos, con casi 72 metros, sigue vivo, está considerado el más alto de Europa y tiene nombre: “El Abuelo”. Fue plantado a principios de los años 1880 por Diego Valiño y Montenegro, según mis pesquisas.


Chavín está cerca de Viveiro, en una comarca con antigua tradición textil, y allí se emplazaba una fábrica de tejidos de la empresa Bassols y Cía. La firma echó el cierre en 1864, y no puedo precisar cuando, pero pasó a manos de Diego Valiño y Montenegro. Éste falleció en 1895 y al poco tiempo la fábrica de tejidos fue adquirida por la sociedad Durán y Presas, para al final acabar en manos de José Barro, quien estableció allí una empresa de montaje de automóviles, la primera de Galicia.

De modo que un empresario textil, Diego Valiño, debió de haber sido el que plantó los hoy viejos eucaliptos de Chavín, no por su uso maderero sino, según parece, para facilitar el drenaje de los terrenos de la fábrica, próximos al río Landro y propensos a inundarse en época de lluvias. Los eucaliptos absorben mucha agua. También, claro, pudo haberlos plantado con fines ornamentales, como hicieron otros.

Creo que queda claro, en definitiva, que los que se iniciaron en el eucalipto fueron personas con recursos financieros y con grandes fincas para lo que era habitual en la Galicia de entonces. Y, atención, como ya he señalado, solían ser personas ilustradas, que se informaron a través de la prensa y de publicaciones científicas sobre las técnicas apropiadas acerca de cómo cultivarlo y qué usos darle. Era la mejor manera de saber el tipo de madera que ofrecería un eucalipto de 20, 30 o 40 años.

El campesino pobre y analfabeto pudo experimentar con la patata, pero lo tuvo mucho más difícil con el eucalipto. A la falta de capital y de conocimientos, se unía el hecho de que la mayor parte de los labradores aprovechaban el monte para muy diversos usos; no sólo para obtener leña y madera, sino también para alimentar a sus ganados, para cultivar el toxo necesario para elaborar estiércol, o para realizar estivadas.

Plantar eucaliptos suponía renunciar a estos aprovechamientos, y si el monte era comunal había que conseguir el acuerdo de todos los comuneros. Y, por otro lado, ¿por qué plantar eucaliptos y no pinos?.

Con el tiempo, tanto el aumento de la demanda de madera como el mejor conocimiento de las propiedades del árbol australiano propiciaron su difusión. Acá tenemos varios anuncios que ilustran el uso creciente del eucalipto.

1901




1928



1916


1913

Si atendemos a los detalles del anuncio de la subasta de este pazo en Viveiro comprobamos que, pese a todo, los pinos (50.000) ganaban por goleada a los eucaliptos (1.000). Y no creo que el caso de esta explotación forestal fuese excepcional.

Como es lógico, poco a poco las firmas dedicadas al suministro de semillas y plantones incorporaron el eucalipto a sus catálogos.

1933


1927

Y como puede verse, en este anuncio de Peixoto se alude a sus clientes oficiales, a Diputaciones y Ayuntamientos que apostaban por la repoblación forestal. Aquí tenemos dos anuncios de los concejos de Vimianzo y Vilalba que reflejan ese deseo de promover la plantación de árboles, ambos de 1925.



1925


La demanda de madera gallega surgida en las décadas finales del siglo XIX para la fabricación de cajas, para apeas de minas –los puntales que sostenían las galerías- o para traviesas de vías férreas, había experimentado un boom en la 1ª Guerra Mundial (1914-18). La madera de pino y de roble era la más solicitada, pero también la de eucalipto ganaba posiciones poco a poco. Tras medio siglo desde su introducción, ya se conocían los usos que podían dársele. Para madera de construcción, para postes, para la construcción naval, para leña, etc.

Pero también, gracias a la gran altura que llegaba a alcanzar el australiano, para usos extraordinarios. Acá tenemos una noticia de 1918 que lo demuestra, de un eucalipto de 42 metros:

“SANTIAGO. El viernes último pasó por Santiago con dirección al Freijo, en el ayuntamiento de Noya, una gigantesca percha de ‘eucaliptus’, para ser convertida en palo de una embarcación que se construye en un astillero improvisado en aquella parroquia. La magnífica pieza, que medía 21 metros, era la mitad exacta de un hermoso eucaliptus cortado en uno de los montes de la parroquia de San Miguel de Rarís (Teo) cerca del Puente Vea, a dos leguas y media de Compostela. Ofrece dicha percha la particularidad apreciabilísima de que no presenta nudo alguno y es completamente recta.”

En una crónica posterior, de 1931, el antes citado Federico Maciñeira se mostraba encantado de los buenos resultados que obtenía en sus plantaciones de eucaliptos. Lo de Francisco es una errata.


1931

Y no sólo era por su madera. En una época mucho menos surtida de medicamentos que la nuestra, ciertas propiedades curativas atribuidas al eucalipto –reales o supuestas- aumentaron el aprecio por el australiano. Rof Codina señalaba en 1914 que “Algunas especies arbóreas exhalan por sus hojas verdaderas sustancias antisépticas; se ha comprobado que el eucaliptus desprende productos aromáticos, de los cuales el principal es el eucaliptol, que posee propiedades microbicidas; de aquí su aplicación como árbol higienizador de la atmósfera de los terrenos insalubres”.

Por eso balnearios y hospitales los incorporaban a sus parques y jardines.

1912

También los Amigos de los Árboles o los Amantes del Campo gustaban de los bosques de eucaliptos. Aquí tenemos una breve noticia de una excursión para respirar aire puro, con xantar, gimnasia racional, "vivas a la Raza y a Colón Gallego" (¿), y retorno con "49 ferrados de salud por individuo".

A Coruña (1930)

Así que no es de extrañar que los aristócratas siguiesen plantándolos en sus posesiones, incluso con sus propias manos. La noticia es de 1932 y está firmada por Antón Villar Ponte. El protagonista es Juan de Armada y Losada, marqués de Figueroa.

1932

No acabó aquí el interés por aprovechar las bondades terapéuticas del eucalipto. Los monjes de Oseira elaboraron un licor llamado eucaliptine, allá por los años 1960, imagino que para ofrecer una mixtura de salud y deleite etílico.


Pero antes de ello una firma catalana había ido más allá, muchísimo más allá: vendía un "jarabe de eucalipto con heroína" que curaba los catarros, Medalla de Oro en la Exposición Regional Gallega de Santiago en 1909.

1910

Se trata sin duda de un caso extremo, porque lo habitual era inhalar vapores de la cocción de hojas de eucalipto, algo que me trae recuerdos de juventud. Era lo recomendado en tono humorístico por Equis –seudónimo del periodista Alfredo Tella- ante la epidemia de fiebres tifoideas que afectó a los coruñeses en 1905.


No tardó en llegar el momento en que alguno empezó a cansarse de ver tanto eucalipto. ¿Quién?. Castelao: "El eucalipto ha estropeado el paisaje gallego: lo ha desnaturalizado".

1927, texto de Joaquín Pesqueira.

Castelao estaba exagerando, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que era natural de Rianxo y que en la comarca circundante hacía tiempo que abundaban los eucaliptos. Recordemos que muy cerca de Rianxo, en Ribeira, un pionero había empezado a venderlos ya en 1881, cinco años antes del nacimiento de nuestro escritor y dibujante.

Pero también es cierto que era todavía muchísimo el territorio que no había conquistado en Galicia el diablo de Tasmania. Castelao no tuvo en cuenta que la extraordinaria presencia del maíz y de la patata, plantas procedentes de América, había ‘desnaturalizado’ mucho más el paisaje tradicional.

Y mientras todo esto sucedía, surgió una novedad técnica que acabaría revolucionando el aprovechamiento del eucalipto. Me refiero a su empleo para la obtención de celulosa y a partir de ella de papel. Una técnica que nació en Portugal y no en Suecia, la patria de la celulosa, porque allá en el norte de Europa no existían eucaliptos y en Portugal eran ya muy abundantes.

Daniel de la Sota, ingeniero y presidente de la Diputación pontevedresa, gran propulsor de las repoblaciones forestales, exponía en una conferencia pronunciada en 1934 en el Centro Galleguista de Vigo sus impresiones sobre la visita que había realizado a una de las primeras fábricas del mundo en obtener pasta de papel a partir de eucaliptos. La fábrica se hallaba en la localidad de Caima cerca de Coimbra y había empezado a producirla en torno a 1925. Era la Caima Pulp Company, de propiedad británica, fundada en 1888:

“Relata después el Sr. La Sota su visita a la fábrica ‘Camia Pool’ [Caima Pulp], a 64 kilómetros de Oporto. Dice que de su instalación se derivan para nosotros enseñanzas provechosísimas, porque la identidad de condiciones climatológicas y físicas de Portugal y Galicia anticipan nuestro porvenir forestal, si llegásemos algún día a acometer una obra similar a la realizada por los portugueses. Añade que la fábrica por él visitada es una de las tres que existen en el mundo –las otras dos están emplazadas en Australia y Brasil-, y relata el curioso proceso que siguen allí las maderas hasta su conversión en pasta y traslado a la estación ferroviaria más inmediata. Hace con este motivo una descripción de la masa de pinos y eucaliptus, primero, y de las plantaciones homogéneas de eucaliptus después -6 kilómetros antes de llegar a la fábrica-, así como también de la población obrera que sostienen. Pues todo eso –resume- podíamos tenerlo en Galicia sin más que el esfuerzo conjunto de dirigentes y dirigidos.”

También en España se había intentado fabricar celulosa a partir del eucalipto. Acá tenemos el ejemplo de un proyecto frustrado en Huelva, donde desde finales del siglo XIX la firma minera británica Rio Tinto Mining Company había realizado plantaciones para abastecerse de postes -para sus minas- y de traviesas -para sus vías de ferrocarril-. 

1935

Un proyecto que no se hizo realidad porque estalló la Guerra Civil en 1936. En la segunda parte de esta historia veremos cómo la demanda de celulosa fue el factor principal que impulsó al eucalipto en su conquista del Noroeste.